viernes, 8 de mayo de 2015

Estudio de "El guardagujas", cuento de Juan José Arreola



Una inquietante espera
entre lo absurdo y lo fantástico

Desde una simple sátira sobre el sistema ferroviario mexicano, pasando por una clara crítica al mercantilismo deshumanizante, las vías de El guardagujas culminan en la estación alegórica del destino del hombre.


Por Fernando Chelle

El guardagujas es un cuento del escritor mexicano Juan José Arreola (Ciudad Guzmán, México, 21 de septiembre de 1918 ‑ Guadalajara, México, 3 de diciembre de 2001). Este texto, probablemente el mejor cuento de literatura fantástica escrito en México en el siglo XX, fue publicado por primera vez en el año 1952 y forma parte del volumen titulado Confabulario.
Definir el tema central del cuento no es una tarea fácil, porque el gran mérito de este texto es la multiplicidad de interpretaciones que podemos llegar a tener, algunas son más evidentes que otras, pero podríamos decir que en el relato conviven varias líneas interpretativas, si se quiere, todas válidas. Es indudable la sátira sobre el sistema ferroviario mexicano y la industrialización; la crítica al mercantilismo deshumanizante; la alegoría sobre el destino del hombre; la mirada absurda hacia ciertos sistemas políticos e instituciones sociales.
De forma resumida, podríamos decir que el argumento del cuento es el siguiente: un forastero llega agotado, cargando una valija, a una estación desierta. Es la hora exacta en que su tren debe partir. De pronto siente que alguien, que no había visto y que se presenta de forma inesperada, le da una suave palmada. Es un viejecillo de vago aspecto ferrocarrilero, provisto de una pequeña linterna roja, que lo mira con ansiedad. Inmediatamente se entabla un diálogo entre estos dos personajes, donde el forastero le pregunta al recién llegado si ya había salido el tren con destino a T, pero el viejecillo, en lugar de responder directamente a la pregunta que se le hace, comienza a aconsejar y advertir al forastero sobre distintos aspectos del extraño sistema ferroviario de aquel país. En el extenso diálogo, el viejecillo, que es el guardagujas, contará al forastero una historia inverosímil, fantástica, absurda, sobre las características del sistema ferroviario. Le cuenta que los trenes de aquel país no tienen un itinerario establecido y que pueden llegar a tomar los rumbos más diversos. En ocasiones los trenes son abandonados y los pasajeros una vez que se encuentran desamparados optan por formar nuevos pueblos. Dentro del absurdo, se mantienen las desigualdades sociales en los servicios, ya que si hay un solo riel y los pasajeros pueden llegar a sufrir lesiones, son los de primera clase los que se ubican del lado del riel. En esta realidad fantástica, en ocasiones, los pasajeros deben colaborar con la empresa prestadora del servicio e incluso realizar tareas inverosímiles, como por ejemplo desarmar un tren pieza por pieza y llevarlo de un lugar a otro para suplir la falta de un puente. La empresa todopoderosa instrumenta una realidad ficticia para darles tranquilidad a los pasajeros haciendo uso de muñecos en lugar de operarios y mostrando imágenes pintadas de paisajes que pasan por las ventanillas y que sirven para suplantar la realidad. La domesticación de los pasajeros por parte de la empresa es total, incluso se han establecido escuelas para que las personas aprendan a convivir armónicamente y puedan pasar la vida dentro de los trenes. A todo esto, el forastero no cuestiona ni pone en duda la realidad absurda y fantástica que se le describe, pero de alguna manera sigue atado a su realidad, la de querer llegar a T, es por eso que lo único que atina a responder insistentemente es que debe llegar al pueblo de T mañana mismo. En el final del relato, sorpresivamente, aparece el tren, el viejo guardagujas sale corriendo, dando saltos por la vía y le dice al forastero que ha tenido suerte y que mañana mismo llegará a su destino, pero cuando pregunta nuevamente el nombre del pueblo, el forastero ya no contesta T sino X. Finalmente, el guardagujas desaparece, solo queda de él el punto rojo de la linterna flotando en el aire, mientras la locomotora se acerca como un ruidoso advenimiento.
Como dije anteriormente, una de las posibles interpretaciones que podemos llegar a tener de este cuento es la sátira que en él se establece sobre el sistema ferroviario mexicano. En la caótica descripción que lleva adelante el guardagujas, desnuda un desorden brutal por parte de los encargados de llevar adelante esta empresa. Vinculado a esta sátira, se encuentra el tema de la industrialización que estaba sufriendo el país azteca a mediados del pasado siglo. Se podría decir también que el cuento implica una amplia reflexión acerca de las dificultades que conlleva la industrialización en una sociedad. La narración tiene lugar en una época histórica donde el desarrollo tecnológico, vinculado a los medios de transporte y la industria, había llegado para quedarse, y los hombres de la época veían estos avances como la promesa de un mundo de progreso y bienestar. Sin embargo, en la narración de Arreola ese advenimiento de la tecnología y las máquinas parece jugar un papel negativo y deshumanizante en la vida de los individuos. Los hombres son los que han creado las máquinas para beneficiarse de sus servicios, pero lo que se interpreta a partir de la narración es todo lo contrario, vemos como los hombres viven en un mundo estructurado para las máquinas y se tienen que adaptar para convivir bajo los parámetros que el nuevo tiempo histórico impuso. Esa adaptación y sometimiento a que se ve enfrentado el ser humano se ve claramente en las palabras del guardagujas, quien en ningún momento cuestiona las nuevas conductas sociales impuestas por la empresa de ferrocarriles, es más, se dedica a elogiar las iniciativas de carácter absurdo que lleva adelante la empresa para establecer el control de los pasajeros y poder imponer sus intereses.  Ese nuevo escenario histórico tampoco vino a terminar con las desigualdades sociales que imperaban en la sociedad, vemos como siguen existiendo los privilegios y las categorías en el mundo ferroviario.
La crítica al mercantilismo deshumanizante en el texto también es evidente, las relaciones sociales que se establecen en ese mundo y que tan detalladamente describe el guardagujas muestran como los pasajeros parecen estar de acuerdo con las normas impuestas por la empresa, aceptando de buena gana sus propios tormentos.
También señalé, como otra de las interpretaciones posibles de este cuento, la alegoría que se establece con el destino del hombre, donde el viaje en tren sería comparable al viaje que supone el transcurso por la vida misma, o los distintos viajes que un hombre suele tener por los caminos de la vida. Si seguimos esta lectura, el texto puede querer decir que el individuo deberá resignarse y aceptar las condiciones que se le presenten en la vida, así como el forastero del relato debe resignarse a los destinos inesperados adonde lo puede llevar el tren. Si bien el personaje del relato tiene un boleto con destino a T y por ende espera llegar a esa ciudad, no es para nada seguro que el viaje culmine en ese sitio. De igual manera, pueden llegar a suceder las cosas en la vida de los distintos individuos y la enseñanza que arroja el cuento, desde esta lectura, parece querer decir que lo importante es vivir, subir al tren, tratar de disfrutar el viaje y si llegamos al destino que buscamos bien y si no, tendremos que tratar de estar preparados para los posibles desvíos que se puedan llegar a dar en el camino. Los hombres suelen padecer frente a la vida las mismas incertidumbres que padece el forastero del cuento, la soledad, el desaliento, la inseguridad, el desconcierto, pero la vida, como el camino que va a emprender el tren, puede tener inciertos destinos. Siguiendo esta lectura, vemos como todos los hombres en algún momento deben tomar el tren, pero no podrán estar seguros de cuando el tren va a pasar, ni siquiera si va a pasar, aunque hayan tenido la precaución de comprar el boleto de antemano. Quizá a algunos de nosotros nos termine sucediendo lo que les sucedió a los pasajeros que terminaron fundando la aldea de F, cuando el tren perdió su rumbo, quizá otros lleguen a la estación que esperaban y sin mucho esfuerzo, pero eso nadie lo puede saber.
Otra lectura, muy próxima a la anterior, nos acercaría al concepto del absurdo, donde el viaje en tren, si bien lo podríamos interpretar como el viaje de la vida, sería también el viaje por la existencia de lo absurdo. No es lógico, ni racional, que el forastero después de haber escuchado las descripciones del guardagujas siga optando por querer abordar el tren y sin embargo no existe ningún tipo de cuestionamiento por parte de este viajero sobre el conjunto de disparates que escucha, él solo quiere llegar a T. Por otra parte, vemos como los demás pasajeros también aceptan las condiciones de la empresa, aceptan tomar trenes que quizá no los lleven a sus destinos, aceptan desarmar un tren y llevarlo de a pedazos a otro lado, aceptan poder morir y ser enterrados en los vagones cementerio, aceptan, en definitiva, el establecimiento del absurdo.
Me parece interesante, también, tocar el tema de lo fantástico en este relato, ver como un texto que en un principio se podría inscribir dentro de un contexto realista, poco a poco y a medida que el guardagujas comienza a tener la voz en la historia ese realismo se va perdiendo y le va dejando paso a lo fantástico. Hay en el relato dos discursos bien distintos, por un lado tenemos la historia inverosímil que cuenta el guardagujas, tratando de advertir al forastero sobre las características del sistema ferroviario del país, y por otro lado tenemos la historia de este último, que espera un tren con un destino concreto, la ciudad de T. En este sentido, el guardagujas representa lo fantástico, mientras que el forastero representa lo normal, lo verosímil. Al discurso de características fantásticas del guardagujas se opone, no solo lo que dice el forastero, sino la realidad que todos los lectores reconocemos como posible. Todos somos conscientes que el servicio que brindan los trenes responde a una lógica funcional, acordada de antemano e inmodificable, salvo que se informe a los pasajeros de algún cambio inesperado. Lo lógico, lo normal, lo preestablecido, es comprar un boleto y tomar un tren que se dirigirá a un determinado sitio, por vías dispuestas con anterioridad para que todo funcione como se ha proyectado. De manera que lo que cuenta el guardagujas, los lectores sabemos que no es posible, no se pueden modificar las vías ni el funcionamiento del circuito ferroviario porque esto es algo que ya está establecido y los pasajeros conocen. Sin embargo, la aceptación del forastero de todo lo que se le dice, el no cuestionamiento del discurso del viejo guardagujas, lleva a que el lector perciba que el relato va a transitar definitivamente por otro terreno y acepte la posibilidad del absurdo. Tanto es así, que este es el discurso que se va a imponer como la nueva verdad dentro del cuento; aunque allí está el forastero repitiendo una y otra vez que mañana debe llegar a T, los lectores ya estamos familiarizados con la lógica del absurdo que representa el viejo guardagujas. Es un cuento que comienza transitando los caminos de lo reconocible como real, luego claramente da un viraje hacia lo fantástico y sólo al final cae de nuevo en lo reconocible como real cuando se escucha el silbato que indica la llegada del tren. Lo extraño del final es que cuando el guardagujas pregunta al forastero sobre su destino, este en lugar de responder T, que se correspondería con el discurso realista que había tenido hasta el momento, responde X.
Para finalizar el artículo, me voy a referir brevemente a las claras influencias kafkianas que se pueden percibir en la lectura de este cuento del mexicano Juan José Arreola. En primer lugar, la espera e incertidumbre que tiene que pasar el forastero de “El guardagujas” es comparable a lo que le sucede al protagonista de la novela “El castillo” del escritor checo Franz Kafka. Allí vemos como el protagonista K se ve imposibilitado de entrar al castillo al cual se lo había convocado, a este personaje kafkiano le toca sufrir una espera interminable comparable a la que sufre el forastero de Arreola en la solitaria estación. En otro breve texto de Kafka, “Una confusión cotidiana”, también podemos ver como los negociantes A y B se citan pero nunca pueden encontrarse. Este tema de la espera o la postergación Kafka lo aborda también en otro texto breve titulado “Ante la ley”, donde un campesino espera toda su vida para que lo dejen cruzar una puerta. Otro rasgo propio de la literatura de Kafka, que se ve en Arreola, es la tendencia hacia lo infinito y lo caótico, esto el autor checo lo abordó en “La muralla china”, donde se refirió a ese proyecto interminable, y en “El escudo de la ciudad”, donde se refirió a la imposibilidad de la construcción de la Torre de Babel. En el cuento de Arreola, lo infinito y lo caótico está presente en las redes ferroviarias y en los innumerables inconvenientes que sufren los pasajeros. Por último, uno de los temas fundamentales de Kafka y que también se puede percibir en “El guardagujas” es el tema del poder indefinible. Este es un tema recurrente en la obra del autor checo, donde frecuentemente se describe la realidad de la burocracia y de las grandes compañías todopoderosas; en el cuento de Arreola la empresa centralista que dirige los ferrocarriles es la que detenta un poder ilimitado.


Artículo publicado en la revista digital Vadenuevo www.vadenuevo.com.uy . Mayo de 2015. Disponible aquí: http://www.vadenuevo.com.uy/index.php/the-news/3380-80-vadenuevo11  

Curso general de lectoescritura y corrección de estilo, guía para formular escritos correctos




8ª unidad
Planificación textual

La planificación de un texto constituye la parte del proceso de elaboración donde nos planteamos y nos respondemos los objetivos que perseguimos al ponernos a escribir.   Debemos pensar en el emisor y en el receptor, en la selección y orden que queremos dar a nuestras ideas, también en el género en que vamos a escribir, entre otros aspectos fundamentales que estudiaremos en este capítulo.


Aprendiendo a escribir

Con respecto al ejercicio de la escritura, veamos lo que nos dice Graciela Reyes, en su libro “Cómo escribir bien en español”:

“El manido tópico de que el arte o la creación son algo que no puede ser enseñado ni aprendido pierde validez ante la realidad de la evidencia. Ni los grandes lingüistas son necesariamente buenos escritores, ni todos los escritores prestigiosos apoyan su arte sobre una formación de base academicista. Tampoco la facilidad para llenar páginas puede ser considerada una garantía de saber escribir bien… existe un método preciso y lógico para aprender a dominar el proceso de redacción, sea cual sea nuestro objetivo a la hora de escribir; cartas, cuentos, novelas, tesis, informes, guiones cinematográficos, poesía o una simple invitación… Aprender a escribir textos exige más que dominar algunas técnicas de redacción y algunas normas gramaticales. Aprender a escribir es, sobre todo, aprender a reflexionar sobre el lenguaje. Para escribir bien, debemos considerar el lenguaje como medio y como fin para cumplir determinada función; debemos sopesar críticamente nuestros recursos lingüísticos, calcular el espacio de comunicación que abrimos con nuestro escrito, meditar sobre el tema del que queremos hablar y sobre las personas a las que nos dirigimos. Escribir es examinar la realidad y examinar, simultáneamente, cómo la simbolizamos con palabras y cómo transmitimos sus contenidos. Escribiendo, elaboramos críticamente nuestras experiencias y ejercitamos nuestra capacidad de comunicarnos.” (Graciela Reyes (1998), Cómo escribir bien en español, Madrid: Arco/Libros, p. 11)

Este apartado del libro pretende dotar de los elementos, conceptos, ideas y reflexiones básicas para abordar con éxito la expresión oral y/o escrita en la mayor gama posible de contextos comunicativos.

En primer lugar y antes de abordar estos temas debemos acotar nuestro objetivo, estableciendo  qué es lo que entendemos por texto así como por escribir o expresarse por escrito.


¿Qué entendemos por texto?

Un texto es un conjunto de signos lingüísticos usados por una persona para construir un significado. La finalidad de un texto es comunicar algo a alguien.

De acuerdo con esta definición de texto, que nos resultaría difícil rebatir, no parece existir ninguna razón para distinguir entre "comunicaciones escritas" y "comunicaciones orales": en los dos casos usamos signos lingüísticos para construir un significado, esto es, crear un mensaje, que dirigimos a alguien. Así pues, coherentes con la descripción propuesta, debemos considerar que tanto los mensajes orales como los escritos constituyen textos.

Ahora bien, no podemos pasar por alto una diferencia esencial entre uno y otro tipo de textos. Nos referimos al hecho de que los textos orales, en general, constituyen comunicaciones "presenciales o virtuales”, esto es, el emisor y el receptor comparten el mismo espacio y el mismo tiempo (en el caso de las comunicaciones virtuales el espacio no suele ser el mismo); los textos escritos, en cambio, no.

Esta diferencia no niega que unos y otros sean textos, pero para compensar esta falta de coincidencia espacio-temporal entre emisor y receptor, la comunicación escrita está sujeta a reglas más elaboradas que los textos orales. No olvidemos que los principios y reglas de escritura existen para asegurar que el mensaje transmitido y la intención del autor se mantengan en el texto y se transmitan sin ambigüedades.

Tras esta pequeña introducción, veremos que estamos en disposición de aportar una definición de texto más acorde con nuestra experiencia:

Un texto es una transacción lingüística entre emisor (autor) y receptor (oyente o lector). Cada texto construye un diálogo entre autor y lector. La expresión de las intenciones del autor y las interpretaciones. 




Los textos en la sociedad

A lo largo de nuestra vida, estamos en contacto con una gran cantidad de textos de diferentes tipos: desde programaciones de televisión hasta novelas, pasando por artículos de revistas, correos electrónicos, multas, horarios, carteles, facturas, etc. Y lo que es más importante, ante cualquier mensaje, todos reconocemos de forma inmediata de qué tipo de texto se trata: nadie confunde una multa de tránsito o la factura del Teléfono con una carta de amor. Este hecho, que creemos innegable, supone lo siguiente:

-       Que, consciente o inconscientemente, todos estamos familiarizados con los distintos tipos de textos y
-       Que establecer los rasgos distintivos de los distintos tipos de textos existentes no sólo es posible sino que ser consciente de ellos constituye un conocimiento imprescindible para escribir textos con éxito, esto es, que alcancen el objetivo para el que fueron creados. En definitiva, para ser buenos escritores.

Es importante que tengamos en cuenta que clasificar un texto es esencial para interpretar el mensaje o, incluso, de las palabras que lo componen.

Por ejemplo, fuera de contexto, la referencia a un estudiante como "es un estudiante aplicado" es bastante positiva; no obstante, si se encuentra en una carta de recomendación, donde se deben exagerar las virtudes del "recomendado", se convierte en algo negativo, dado que lo interpretamos como que, a pesar del interés en entender las cosas y de las horas que dedica a ello, el estudiante no entiende fácilmente las cosas, es decir, no es muy inteligente.

Este ejemplo pone de manifiesto la importancia de las convenciones textuales a la hora de interpretar el mensaje de un texto.


La composición de un texto

Escribir en forma correcta y eficaz es una tarea nuestra, dependemos exclusivamente de nosotros, no de la ayuda de las musas u otros seres sobrenaturales. Es nuestra capacidad para elaborar un producto (el texto) lo que vamos a medir. Así como quien elabora un plato que le agrada, como quien cose un botón, como quien maneja el taladro para colgar un cuadro o quién se atreve a “montar” un mueble, tareas que implican el manejo de una técnica, así  es la escritura.

Y es que escribir bien es componer / elaborar por escrito textos correctos, adecuados, no ambiguos, que cumplan los objetivos para los que fueron pensados. La desventaja de esta idea es que, si no alcanzamos nuestro objetivo, no podemos pasar la culpa a nadie, si acaso a nuestra pereza; la ventaja, que escribir se convierte en una habilidad alcanzable por todos tras un periodo de formación de escritura y de práctica.


La práctica hace al maestro

No sólo todos podemos escribir, sino que podemos hacerlo bien. En este sentido, pretendemos que este apartado del libro sobre escritura o, lo que es lo mismo, sobre elaboración y composición de textos escritos constituya una ayuda para los interesados en convertirse en expertos en el manejo (interpretación y producción) de textos escritos.

Nos hemos propuesto exponer algunas ideas generales acerca del proceso de elaboración de escritos, de estrategias y mecanismos lingüísticos implicados en la composición de textos eficaces, esto es, “con éxito”, que alcanzan el objetivo por el que se diseñaron.


Proceso de composición de un texto

La página en blanco

El terror al papel en blanco constituye una de las experiencias que afecta tanto a escritores profesionales como a escritores esporádicos de cualquier tipo de texto. La experiencia universal que subyace a este tópico puede evitarse.

En las siguientes líneas, proponemos algunos mecanismos para evitar dicha experiencia y planteamos algunos principios que nos facilitaran las cosas como escritores.

Veamos estas tres técnicas:

Una forma clásica de empezar a escribir es la que se conoce como tormenta de ideas. Ésta consiste en poner por escrito todo lo que se nos ocurre, sin censurarnos, y, del resultado que obtengamos, rescataremos las ideas más interesantes. Escriba palabras o ideas que pasen por su mente y en una etapa posterior trabájelas adecuadamente.

Otra técnica efectiva para comenzar a escribir es la conocida como la estrella de ocho puntas. En el periodismo se aconseja que todo artículo, nota, reseña, etcétera, responda a las preguntas quién, qué, cuándo, dónde, cómo y por qué. La técnica de la estrella de ocho puntas toma esta estrategia y le agrega dos puntos más: cuántos y para qué. Trace una estrella de ocho puntas y busque la respuesta adecuada, haciendo esto ya tendrá un montón de ideas para superar el papel en blanco.

Existe otra técnica similar a la tormenta de ideas que se denomina escritura automática y es de gran utilidad para superar el miedo a la página en blanco. La técnica consiste simplemente en escribir, así es, la idea es escribir prácticamente sin pensar todo lo que se nos ocurre sobre el tema que hayamos elegido. No importa en una primera instancia la sintaxis ni la gramática pues se trata de escribir sin parar. Es lógico que muchas de las ideas que se escriban bajo esta técnica no se utilizarán en el texto definitivo pero algunas otras si, esto es lo positivo.

Una vez realizadas algunas de estas técnicas, o solamente una de ellas, ya que lo que buscamos es superar el estancamiento del comienzo  podemos plantearnos los pasos a seguir. 

El siguiente paso, una vez superada la página en blanco, es la planificación del texto.
Independientemente del texto que vayamos a escribir, ya sea  una simple  nota a un familiar,  una novela, o un escrito administrativo, una noticia, un artículo de opinión, un trabajo de clase o un examen, entre otros, hay que planificar.


La planificación de un texto

La planificación de un texto constituye la etapa del proceso que precede a la escritura. Dicha etapa del proceso de creación de un texto, sin duda, es la menos considerada, en la medida en que es la que los escritores noveles omiten de forma más habitual. Y probablemente ello es así porque se suele considerar una pérdida de tiempo. No obstante, nada más lejos de la verdad práctica que esta consideración tan generalizada.

Nuestro propósito es mostrar que la planificación constituye una parte esencial en la elaboración de cualquier texto. Gracias a ella, no sólo evitaremos el “terror al papel en blanco” sino que, además, sin lugar a dudas, constituye la mejor garantía de éxito en nuestra empresa: la creación de un texto eficaz, eficiente (esto es, que consiga su propósito).

En efecto, la planificación es el mejor recurso para evitar un texto desorganizado, en el que se exponen las ideas del escritor de acuerdo con el orden en el que le llegan a la mente; un texto que bloquea la transmisión fluida de ideas entre el autor y el receptor (oyente o lector) por desatenderse la necesaria presencia de éste; un texto que ofrece una imagen no deseada del autor, etc., etc.; en definitiva, un texto fracasado.


El éxito de un texto

De acuerdo con lo expuesto, parece claro que para que las cosas nos salgan bien es imprescindible tener en cuenta que un texto no existe en el vacío, sino que adquiere sentido en un contexto comunicativo. De acuerdo con ello, es imprescindible que antes de escribir nos planteemos las circunstancias comunicativas en las que se inserta nuestro texto. En otras palabras, componer un texto que se adecue a nuestros objetivos equivale a elaborar textos apropiados para la situación comunicativa en las que se insertan.

Un texto con éxito es aquél que alcanza el / los propósito (s) u objetivo (s) que se fija y ello sólo es posible si se planea (planifica) el escrito o, dicho de otra forma, si el autor escribe teniendo respuestas a la mayoría de cuestiones relacionadas con las circunstancias comunicativas que rodean el resultado final.


Fases de la planificación de un texto

De acuerdo con las ideas expuestas hasta aquí, la planificación constituye la parte del proceso de elaboración de un texto que dedicamos a plantearnos y respondernos cuestiones esenciales como las siguientes:

-       Objetivos de un texto.
-       Relación entre el emisor y el receptor.
-       Producción y organización de las ideas: documentación, selección y ordenación.
-       Género(s) y secuencias textuales apropiadas para la transmisión de las ideas.


La reflexión sobre estas cuatro cuestiones permite contar con respuestas tan esenciales para configurar el contexto comunicativo del texto como

-       ¿Para qué vamos a escribir el texto?, ¿qué objetivos debemos alcanzar con él?;

-       ¿A quién dirigimos el texto (destinatario real o imaginado)? ¿Sabemos algo del destinatario?, si es así, ¿con qué información sobre él / ellos contamos?, y si no, ¿qué previsiones podemos formularnos? Debemos establecer también ¿qué imagen queremos dar de nosotros como autores al receptor? o, en otros términos, ¿cómo queremos presentarnos en cuanto escritores?;

-       ¿Qué información(es) queremos transmitir al lector a través del texto? Y, sin olvidarnos de cómo vamos a organizar la mucha o poca información (ideas, datos, impresiones, etc.) con el fin de que la transmisión sea lo más fluida posible y, por lo tanto, lo más eficaz posible.

-       Debemos, además, decidir el formato textual y sus convenciones (género), y qué secuencias textuales básicas (esto es, qué partes específicas: argumentación, exposición, descripción, narración) será el mejor vehículo para elaborar el texto.

-       A continuación, nos proponemos plantear algunas ideas en relación con los cuatro puntos anteriores, con la esperanza de que sirvan de “pistas” para dar con la respuesta más adecuada a cada una de las fases de la planificación.


Objetivos de un texto

Sin duda, la respuesta espontánea a la cuestión acerca de qué pretendemos conseguir cuando escribimos un texto es, transmitir información. Ahora bien, dicha respuesta carece de precisión, probablemente a causa de la espontaneidad. En efecto, si pensamos en los textos (escritos u orales) que mantenemos a lo largo de un día, nos daríamos cuenta que con la mayoría de ellos no pretendemos transmitir información: pensemos por ejemplo en esas conversaciones vacías de encuentros casuales en un sitio de espera o esas palabras repetidas cuando llegamos al lugar de trabajo, imprescindibles para mantener las buenas relaciones sociales, pero no para transmitir  información.

Aclaremos este punto. Con un texto podemos perseguir diversas finalidades. Podemos, por ejemplo: Pedir algo al destinatario, advertir al lector de algo, felicitar al receptor del mensaje, invitar a alguien a algún sitio, etc., etc.

Ahora bien, no podemos perder de vista que incluso los textos cuyo objetivo es informar a sus lectores sobre algo también tienen otros intereses, es decir, se proponen algo más que simplemente informar. Por ejemplo: una noticia acerca de una reunión en Buenos Aires  de los gobiernos latinoamericanos, aparecida en cualquier medio de comunicación, transmite información acerca del día, el motivo, los asistentes, etc. a dicha reunión; a quien lo escribe, no obstante, no basta con que el lector tenga esta información, sino que, por cuestiones sin duda partidistas, puede pretender además exaltar  o descalificar la elección del sujeto elegido por el Gobierno de su país para representarlo en la reunión latinoamericana, o valorar negativamente su intervención, u opinar sobre el motivo de la reunión, o incluso, valorar la apuesta latinoamericana, etc.

Los textos del mundo real, incluso los que se marcan objetivos informativos, satisfacen diversas funciones comunicativas; es más, lo difícil es encontrar un texto puro, esto es, con un único objetivo.


Los textos científicos y sus objetivos

De acuerdo con lo expuesto hasta aquí, la mayoría de textos de la vida real se escriben marcados con el objetivo de alcanzar varias funciones comunicativas. No ocurre así, con los textos científicos, que reducen considerablemente el abanico de objetivos comunicativos posibles, sin que ello signifique que dichos textos persigan un solo objetivo monolítico, lo que sí parece claro es que un texto científico debe renunciar a "expresar los sentimientos" del escritor, a "provocar ciertos comportamientos en el lector" (como en los textos de instrucciones), a "provocar emociones estéticas", a "invitar al receptor", etc.

Los textos científicos se suelen fijar como primer objetivo exponer una información, mostrarla, enseñarla al lector. Es decir, el carácter de los textos científicos es eminentemente expositivo, dado que su objetivo es mostrar o enseñar al lector, información, datos, situaciones nuevas para éste. Ahora bien, en ocasiones, estos textos también intentan convencer al lector del punto de vista del autor en relación con el tema que presenta, lo que supone que también son argumentativos.

En definitiva, las funciones comunicativas eminentes de los textos científicos son Informar y convencer en este estricto orden.




Los textos académicos

Son textos que forman parte de la situación comunicativa directamente relacionada con la formación o educación. Informar y convencer, en este orden, constituyen también las dos características básicas de los textos académicos. En este sentido, los textos académicos se igualan con los científicos. Esta inicial igualdad se convierte, no obstante, en simple similitud cuando valoramos la situación comunicativa de los textos académicos, a lo cual dedicamos las líneas siguientes.

En cualquiera de los textos que se dan en una situación comunicativa académica (libros de texto básicos, artículos especializados, clases, apuntes, resúmenes, exámenes, libros de divulgación, etc., etc.) la información constituye el primer objetivo: presentar información fidedigna acerca de un tema determinado.

Ahora bien, estos textos, todos ellos académicos, divergen entre ellos respecto al efecto que quieren provocar sobre el lector: un libro de texto básico pretende que el lector entienda y aprenda información nueva; un artículo especializado, en muchas ocasiones, se fija como meta convencer al lector de lo acertado de su punto de vista en relación con el tema tratado; un examen no sólo consiste en presentar información, que se supone conocida por el lector (el profesor, en su faceta de evaluador), sino que se propone demostrar el alto nivel alcanzado, para aprobar; por último, en un libro o artículo de divulgación el objetivo fijado es interesar al lector.

Es importante tener en cuenta que las características de estilo y de estructura de un texto vienen determinadas por los objetivos para los que se componen: si bien es bueno que cualquier texto sea ameno, en algunos casos, como, por ejemplo, los artículos de divulgación, dicha característica es imprescindible para poder alcanzar la meta que lo caracteriza: interesar al lector. Siguiendo con esta idea, sin olvidar en la medida de lo posible la amenidad, la característica imprescindible de los artículos especializados radica en la exhaustividad y precisión de los datos presentados, rasgos que pueden ser contraproducentes en un texto de divulgación por la pesadez y la oscuridad que en ocasiones suponen dichos rasgos.


Perfil del lector

En la mayoría de los casos, el autor no conoce personalmente a los lectores. Ante ello, la necesidad de tener en cuenta el destinatario, lo que puede, y debe, hacer el escritor es imaginar cómo será el hipotético lector.

Imaginemos que vamos a componer el guion de un programa televisivo de entretenimiento: para ello, deberíamos plantearnos alguna hipótesis en relación con el público medio al que queremos apuntar, dado que el contenido de nuestro programa determinará los posibles televidentes.

De acuerdo con ello, por lo tanto, es necesario diseñar un retrato hipotético de los lectores potenciales del texto; este retrato debe plantearse cuestiones como cuáles son sus conocimientos en relación con el tema, qué franja de edad tienen, cuál es su ideología, sus intereses, su nivel cultural, su clase social, etc.

Si bien uno de los objetivos del escritor es "gustar" a sus lectores (de ahí la necesidad de valorar cómo es el posible lector), no podemos suponer que no tiene nada que decir. Debemos distinguir, no obstante, dos tipos de situaciones: aquellas en las que el escritor está "obligado" a gustar a los lectores, porque si no el editor de la publicación descarta la propuesta del autor, por ejemplo; y aquellas en las que el escritor elige el lector para el que escribe el texto (este sería el caso no sólo de los escritos personales, sino también de lectores "anónimos" de una publicación determinada). Una forma de seleccionar a los lectores es el uso de jergas, de lenguas especializadas, lenguajes en clave, etc.


Intereses del lector

Aparte de valorar qué información sobre el tema tiene el lector, es importante conocer (o imaginar) sus intereses, su “perfil psicológico”, lo que nos ayudará a escribir de forma que le demos motivos para acercarse al texto. Visto desde esta perspectiva, podemos pensar en la composición de un texto como un reclamo publicitario, en la medida en que el texto tiene que autovenderse, y, en consecuencia, la seducción constituye un calificativo importante para cualquier tipo de texto.

Cabe comentar que divertir no constituye el objetivo principal de la mayoría de los textos, pero es importante ser consciente de que constituye un objetivo secundario, que favorece la comunicación entre el autor y el receptor. Por otra parte, es necesario tener en cuenta que, en ningún caso, divertir puede convertirse en un objetivo que anule u oscurezca el objetivo de informar, argumentar, exponer, describir; en otros términos, la amenidad constituye una cualidad que, sólo para determinados textos, es el primer objetivo y, en los otros, es un rasgo aconsejable.

Por último, las estrategias (técnicas) que escojamos para conseguir “divertir” al lector o amenizar el texto deben estar acordes con el tipo de texto: no es lo mismo amenizar un texto de física con la finalidad de exponer la teoría del caos que amenizar un examen, un texto de opinión política o de opinión social.


La planificación de un texto

Como vimos en el apartado anterior, antes de comenzar a escribir un texto, cualquiera sea su tipo, debemos pensar que es lo que queremos transmitir, cual fue nuestro objetivo al ponernos a escribir. Si bien es cierto que hay textos que pueden tener más de un objetivo, debemos tener en claro cuál es el objetivo primario de lo que vamos a expresar.

Cada tipo de texto tiene una estructura que lo define y lo diferencia de otras tipologías textuales. Un texto argumentativo puede tener también una función descriptiva, si con la descripción quiere reforzar un argumento. En las manifestaciones literarias es común ver como se mezclan los distintos tipos de textos. Sería muy raro que en una novela por ejemplo existiera un solo tipo de texto, ya que lo que caracteriza a esta manifestación literaria es la mezcla, o la alternancia de pasajes narrativos, descriptivos, argumentativos, retóricos, etcétera.

Generalmente la estructura básica de gran cantidad de textos, es la que implica una presentación del tema a trabajar, el desarrollo de dicho tema y la conclusión a la que se llega.


Fernando Chelle


· Editorial: CreateSpace Plataforma Independent Publishing; 1 edición (24 de enero de 2014)
· ISBN-10: 1495244679
· ISBN-13: 978 a 1495244674

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jueves, 30 de abril de 2015

Curso general de lectoescritura y corrección de estilo, guía para formular escritos correctos





7ª unidad
La puntuación

La lengua escrita tiene exigencias particulares, entre ellas los signos de puntuación, que vienen a suplir la entonación, los énfasis y las pausas que se dan de forma natural en el lenguaje oral.
Por otra parte el éxito del discurso, la claridad gramatical, está directamente vinculada con la correcta utilización de los signos de puntuación.
Veamos un conocido ejemplo anónimo de un texto sin signos de puntuación, que puede cambiar su interpretación según el escritor ubique estos signos:

El testamento

Se cuenta que un señor, por ignorancia o malicia, dejó al morir el siguiente testamento sin signos de puntuación: 

“Dejo mis bienes a mi sobrino Juan no a mi hermano Luis tampoco jamás se pagará la cuenta al sastre nunca de ningún modo para los jesuitas todo lo dicho es mi deseo”.

El juez encargado de resolver el testamento reunió a los posibles herederos, es decir, al sobrino Juan, al hermano Luis, al sastre y a los jesuitas y les entregó una copia del confuso testamento con objeto de que le ayudaran a resolver el dilema. Al día siguiente cada heredero aportó al juez una copia del testamento con signos de puntuación.



Así que el señor juez, ante la imposibilidad de nombrar heredero, tomó la siguiente decisión:

”... Por lo que no resultando herederos para esta herencia, yo, el Juez me incauto de ella en nombre del Estado y sin más que tratar queda terminado el asunto”.
Dejando de lado este gracioso ejemplo que tanto ilustra la importancia de la correcta utilización de los signos de puntuación pasemos a estudiar la puntuación en profundidad.
El español cuenta con los siguientes signos de puntuación:
El punto (.) La coma (,) Punto y coma (;) Dos puntos (:) Puntos suspensivos (...) Signos de interrogación ¿? Signos de exclamación ¡! Paréntesis ( ) Corchetes [ ]  Raya - Comillas " ", ´ `, «».   

 Aspectos importantes sobre el punto

El punto, la coma, el punto y coma, los dos puntos y los puntos suspensivos se escriben siempre sin dejar un espacio de separación con respecto a la palabra o el signo que precede, y separados por un espacio de la palabra o el signo que sigue, a no ser que este sea de cierre.
Los signos dobles, como los de interrogación y exclamación, los paréntesis, los corchetes, las comillas y las rayas que encierran aclaraciones e incisos, todos ellos compuestos por un signo de apertura y uno de cierre, se escriben de la manera siguiente:
-           Los de apertura se separan por medio de un espacio de palabra o signo al que siguen, y se escriben sin espacio de separación con respecto a la palabra a la que anteceden (sin embargo, la raya que introduce la intervención de un personaje en un diálogo se escribe sin espacio de separación de la palabra que sigue.

-           Por el contrario, los signos de cierre se escriben sin espacio de separación con respecto a la palabra o signo al que siguen, separados por un espacio de la palabra a la que preceden y sin este espacio si lo que sigue es un signo de puntuación.
Ejemplos:

¿Hablaron sobre el tema en el encuentro?; ¿se pusieron de acuerdo?
Siempre utiliza el mismo refrán: «No hay mal que dure cien años... ».
La boda se celebrará en la Catedral San José (frente al Parque Santander), a la una de la tarde.
Cuando decidimos trasladarnos a Bogotá -una decisión meditada-, el negocio estaba creciendo.

Uso del punto


El punto (.) señala la pausa que se da al final de un enunciado. Después de punto -salvo en el caso del utilizado en las abreviaturas- siempre se escribe mayúscula.
Hay tres clases de punto: el punto y seguido, el punto y el punto final.


-           -    El punto y seguido: separa enunciados que integran un párrafo. Después de un punto y seguido se continúa escribiendo en la misma línea. Si el punto está al fin de renglón, se empieza en el siguiente sin dejar margen. Por ejemplo:  

-                   Salieron a dar un corto paseo. La mañana estaba muy hermosa.

-     - El punto y aparte: separa dos párrafos distintos, que suelen desarrollar, dentro de la unidad del texto, contenidos diferentes. Después de punto y aparte se escribe en una línea distinta. La primera línea del nuevo párrafo debe tener un margen mayor que el resto de las líneas que lo componen, es decir, ha de quedar sangrada. Por ejemplo:


     Una pareja de guacamayos cruzó muy alto y en silencio hacia el Paraguay.

      Allá abajo, sobre el río de oro, la canoa derivaba velozmente, girando a ratos sobre sí misma ante el borbollón de un remolino.


-          -  El punto final: es el que cierra un texto.

Otro uso del punto: El punto se utiliza también después de las abreviaturas. Ejemplos: Sra., Excmo., Dr.

Combinación del punto con otros signos: A menudo es necesario combinar el punto con otros signos que también cierran períodos, como los paréntesis o las comillas. En estos casos, se coloca el punto siempre detrás de las comillas, corchetes o paréntesis de cierre. Por ejemplo: 


Lo que dijo fue lo siguiente: «No quiero verte más». Después cerró de golpe la puerta de su casa. (Estaba muy alterada).


Uso Incorrecto del punto: Los títulos y los subtítulos de libros, artículos, capítulos, obras de arte, etc., cuando aparecen aislados, no llevan punto final. Ejemplos:

El pozo
Los desterrados

Uso de la coma


La coma (,) indica una pausa breve que se produce dentro del enunciado.
Se emplea para separar los miembros de una enumeración, salvo los que vengan precedidos por alguna de las conjunciones y, e, o, u. Ejemplos:

Es una señora muy seria, educada y de buena familia.
Estaba presente toda la familia: padres, tíos, primos, cuñados, etc.
¿Quieres gaseosa, café o un te?

Cuando los elementos de la enumeración constituyen el sujeto de la oración o un complemento verbal y van antepuestos al verbo, no se pone coma detrás del último. Ejemplos:

El gato, el perro y el conejo son animales mamíferos.
De perros, de conejos y de gatos no quiere que le hablen.

Se usa coma para separar miembros gramaticalmente equivalentes dentro de un mismo enunciado, a excepción de los casos en los que medie alguna de las conjunciones y, e, ni, o, u. Ejemplos:

Estaba intranquilo por sus hijos, por su economía, por su futuro.

Sin embargo, se coloca una coma delante de la conjunción cuando la secuencia que encabeza expresa un contenido (consecutivo, de tiempo, etc.) distinto al elemento o elementos anteriores. Por ejemplo:

Pintaron las paredes de la habitación, cambiaron la disposición de los muebles, y quedaron muy contentos.

También cuando esa conjunción está destinada a enlazar con toda la proposición anterior, y no con el último de sus miembros. Por ejemplo:

Pagó el traje, el bolso y los zapatos, y salió de la tienda.


Siempre será recomendable su empleo, por último, cuando el período sea especialmente largo. Por ejemplo:

Los materiales para realizar el proyecto comenzaron a deteriorarse a causa del paso del tiempo, y hubo que comprar otros.


En una relación cuyos elementos están separados por punto y coma, el último elemento, ante el que aparece la conjunción copulativa, va precedido de coma o punto y coma. Ejemplos:

En ganchos colgó las camisas; en cajones, la ropa de abrigo; en estantes los pantalones y franelas.


Se escribe una coma para aislar el vocativo del resto de la oración. Ejemplos:

Pedro, ven aquí.
He pedido silencio, muchachos.


Cuando el vocativo va en medio del enunciado, se escribe entre dos comas. Por ejemplo:

Estoy alegre, Julia, por el regalo.


Los incisos que interrumpen una oración, ya sea para aclarar o ampliar lo dicho, ya sea para mencionar al autor u obra, se escriben entre comas. Son incisos casos como los siguientes:


Aposiciones explicativas. Por ejemplo:

En ese momento Claudio, el marido de mi hermana, dijo que nos ayudaría.


Las proposiciones adjetivas explicativas. Por ejemplo:

El calor de Cúcuta, que por esos meses era más fuerte todavía, incomodaba a los turistas.


Cualquier comentario, explicación o precisión sobre algo dicho. Ejemplos:

Toda su familia, incluido el primo, estaba de acuerdo.


La mención de un autor u obra citados. Por ejemplo:

La violencia, escribió un psicólogo, se ha de erradicar con tratamientos amables.

Cuando se invierte el orden regular de las partes de un enunciado, anteponiendo elementos que suelen ir pospuestos, se tiende a colocar una coma después del bloque anticipado. No es fácil establecer con exactitud los casos en que esta anteposición exige el uso de la coma. Pero frecuentemente puede aplicarse esta norma práctica:

a)         Si el elemento antepuesto admite una paráfrasis con «en cuanto a», es preferible usar coma. Por ejemplo:

Propiedades, ya no le quedan. (Es posible decir En cuanto a las propiedades, ya no le quedan).
           

b)         Si, por el contrario, admite una paráfrasis con «es lo que» o «es el que», no se empleará coma. Por ejemplo:

Pena debería darte. (Equivalente a Pena es lo que debería darte).


También suele anteponerse una coma a una conjunción o locución conjuntiva que une las proposiciones de una oración compuesta, en los casos siguientes:

a)         En las proposiciones coordinadas adversativas introducidas por conjunciones como, pero, mas, aunque, sino. Ejemplos:

Te prestaré mi carro, pero cuídalo mucho.
Recogieron muchas naranjas, aunque no todas se encontraban en buen estado


b)            Delante de las proposiciones consecutivas introducidas por conque, así que, de manera que... Ejemplos:

Te comprometiste a acompañarle, conque ya puedes ir poniéndote el abrigo.
El sol me está molestando, así que me cambiaré de asiento.


c)            Delante de proposiciones explicativas. Ejemplos:

Pertenece a la nobleza, porque vive en un palacio.
Están en casa, pues hay luz en la sala.

Los conectores como esto es, es decir, o sea, en fin, por último, por consiguiente, sin embargo, no obstante, además, en tal caso, por lo tanto, en cambio, en primer lugar, y también, a veces, determinados adverbios o locuciones que desempeñan la función de modificadores oracionales, como generalmente, posiblemente, efectivamente, finalmente, en definitiva, por regla general, quizás, colocados al principio de una oración, se separan del resto mediante una coma. Ejemplos:

Por consiguiente, vamos a pensar con tiempo lo que vamos a hacer.

No obstante, me pareció buena la película.
Efectivamente, tienes toda la razón.


Cuando estas expresiones van en medio de la oración, se escriben entre comas. Ejemplos:

Estas dos palabras son homónimas, es decir, se escriben igual.
Esos incidentes, sin embargo, no se repitieron.

Si los bloques relacionados mediante estos conectores forman parte de la misma oración compuesta escrita entre puntos, se suelen separar con punto y coma colocado delante del conector, al que seguirá una coma.

En los casos en que se omite un verbo, porque ha sido anteriormente mencionado o porque se sobrentiende, se escribe en su lugar una coma. Ejemplos:

La rosa perdió sus pétalos; la mujer, el amor.
Los extranjeros, por aquella puerta.


En las cabeceras de las cartas, se escribe coma entre el lugar y la fecha. Por ejemplo:

Cúcuta, Norte de Santander, 5 de febrero de 2013.


Se escribe coma para separar los términos invertidos del nombre completo de una persona o los de un sintagma que integran una lista (bibliografía, índice...). Ejemplos:

BELLO, Andrés: Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos.
FORERO, M.T. (2006): Cómo escribir correctamente y sin errores. Montevideo: Concepto.


Uso incorrecto de la coma

Debe evitarse separar el sujeto y el predicado mediante coma. Ejemplos de incorrección.

Los muebles de la casa, se encontraban completamente dañados.
Un lamentable accidente, dejó como saldo varias vidas y muchos heridos.


Se exceptúan los casos en que media un inciso entre sujeto y predicado. Ejemplos:

El consumo de tabaco, como ya ha quedado apuntado anteriormente, es el principal factor de riesgo en el cáncer de pulmón.

Uso de los dos puntos


Los dos puntos (:) detienen el discurso para llamar la atención sobre lo que sigue.

Se usan dos puntos en los casos siguientes:

Después de anunciar una enumeración. Ejemplos:

Van a subastar tres manuscritos: uno de Borges, otro de Federico García Lorca y un tercero de Antonio Machado.
Tres fueron las carabelas de Colón: La Niña, La Pinta y La Santa María.

También para cerrar una enumeración, antes del anafórico que los sustituye, se utilizan los dos puntos. Ejemplos:

Terremotos, inundaciones y erupciones volcánicas: esas son las principales catástrofes naturales.


Los dos puntos preceden a las citas textuales. En este caso, después de los dos puntos se suele escribir la primera palabra con inicial mayúscula. Ejemplos:

La orden del médico fue muy clara: «Prohibido hacer actividad física».
Ya lo dijo Blaise Pascal: «La elocuencia es la pintura del pensamiento».

Se emplea este signo de puntuación tras las fórmulas de saludo en las cartas y documentos. También en este caso la palabra que sigue a los dos puntos se escribe con mayúscula y, generalmente, en un renglón aparte. Ejemplos:

Querido colega:
Le escribo esta carta para comunicarle...

Se emplean los dos puntos para conectar oraciones o proposiciones relacionadas entre sí sin necesidad de utilizar otro nexo. Son varias las relaciones que se pueden expresar: 

a)         Relación causa-efecto. Por ejemplo:

Ha ganado todos los partidos: está en el primer lugar de la tabla de posiciones.


b)         Conclusión o resumen de la proposición anterior. Por ejemplo:

Todos querían hablar al tiempo: no se pudieron entender.


c)         Verificación o explicación de la proposición anterior, que suele tener un sentido más general. Por ejemplo:

El Sancocho es un plato de la cocina colombiana muy nutritivo:
Tiene carbohidratos, proteínas y fibras ya que contiene diversas verduras y carnes.


d)         Se utilizan los dos puntos para separar la ejemplificación del resto de la oración. Por ejemplo:

En ocasiones se comporta de manera muy extraña: hoy trató muy mal a su hijo frente a sus compañeros de trabajo.


a)     En textos jurídicos y administrativos -decretos, sentencias, bandos, edictos, certificados o instancias-, se colocan dos puntos después del verbo, escrito con todas sus letras mayúsculas, que presenta el objetivo fundamental del documento. La primera palabra del texto que sigue a este verbo se escribe siempre con inicial mayúscula y el texto forma un párrafo diferente. Por ejemplo:

CERTIFICA:
             Que D. José Eduardo Cardozo ha cursado y aprobado todas las materias del curso de hotelería. 

Uso del punto y coma




El punto y coma (;) indica una pausa superior a la marcada por la coma e inferior a la señalada por el punto. Se utiliza en estos casos:



Para separar los elementos de una enumeración cuando se trata de expresiones complejas que incluyen comas. Ejemplos:

El abrigo es azul; la camisa, gris; los pantalones, blancos; y la chaqueta, negra.
Cada dependencia presentará un taller distinto: la primera, el taller de pintura; la segunda, el taller de manualidades; la tercera, el taller de literatura.


Para separar proposiciones yuxtapuestas, especialmente cuando en estas se ha empleado la coma. Ejemplos:

Era importante que el entrenador estuviera presente; se discutió sobre el partido.
La muchacha, muy contenta, corría hacia su casa; sus padres acababan de llegar.


En muchos de estos casos, se podría optar por separar los períodos con punto y seguido. La elección del punto y seguido o del punto y coma depende de la vinculación semántica que exista entre las oraciones o proposiciones. Si el vínculo es débil, se prefiere usar un punto y seguido; mientras que, si es más sólido, es conveniente optar por el punto y coma.

También sería posible separar los mencionados períodos con dos puntos, puesto que casi siempre subyacen las mismas relaciones como fueron expresadas anteriormente en los dos puntos.

Se suele colocar punto y coma, en vez de coma, delante de conjunciones o locuciones conjuntivas como por ejemplo: pero, mas y aunque, así como, sin embargo, por tanto, por consiguiente, en fin, etc., cuando los períodos tienen cierta longitud y encabezan la proposición a la que afectan. Ejemplos:

El papel desempeñado en el campeonato fue bueno; pero no se consiguió clasificar a las semifinales.

El equipo entrenó durante todo el verano; sin embargo, los resultados no fueron los deseados.

Si los bloques no son muy largos, se prefiere la coma, por ejemplo:

Llegará, pero mañana.
Lo hizo, aunque no del todo bien.


Si los períodos tienen una longitud considerable, es mejor separarlos con punto y seguido. Por ejemplo:

El próximo invierno, será el encuentro sudamericano de motociclismo. Por consiguiente, es previsible la presencia de numerosos turistas.

Uso de los puntos suspensivos




Los puntos suspensivos (...) suponen una interrupción de la oración o un final impreciso. Después de los puntos suspensivos, cuando cierran un enunciado, se escribe mayúscula. Por ejemplo:

El caso es que si llueve... Mejor no pensar en eso.


Cuando los puntos suspensivos no cierran un enunciado y este continúa tras ellos, se escribe minúscula. Por ejemplo:

Yo creo que… aceptaré; me conviene mucho esa propuesta.


Se usan los puntos suspensivos en los siguientes casos:
Al final de enumeraciones abiertas o incompletas, con el mismo valor que la palabra etcétera. Ejemplos:

Puedes hacer lo que quieras: escuchar música, ver la televisión, leer...


Cuando se quiere expresar que antes de lo que va a seguir ha habido un momento de duda, temor o vacilación. Ejemplos:

Lo compro; no lo compro… no sé qué hacer

En ocasiones, la interrupción del enunciado sirve para sorprender al lector con lo inesperado de la salida. Por ejemplo:

Estaba todo listo para la fiesta, la comida, la bebida, la discoteca y, al final, llegaron… cinco personas.


Para dejar un enunciado incompleto y en suspenso se utilizan los puntos suspensivos. Por ejemplo:

Todo salió mal, las personas quedaron desconformes, algunos se fueron antes… Mejor no hablar del tema.


También se emplea este signo de puntuación cuando se reproduce una cita textual, sentencia o refrán, omitiendo una parte. Ejemplos:

En ese instante de confusión pensé: «Agua que no has de beber...» y seguí mi camino.


Se escriben tres puntos dentro de paréntesis (...) o corchetes [...] cuando al transcribir literalmente un texto se omite una parte de él. Por ejemplo:

Es, pues, de saber, que este sobredicho hidalgo (…) se daba a leer libros de caballerías con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza, y aun la administración de su hacienda (Cervantes: Quijote, 1, capi).


Combinación de los puntos suspensivos con otros signos

Tras los puntos suspensivos no se escribe nunca punto. Sin embargo, sí pueden colocarse otros signos de puntuación, como la coma, el punto y coma y los dos puntos. Ejemplos:

Ahora que lo pienso bien...: mejor me quedo.
Ya  llegó el papel, los computadores, los libros...; el jueves comenzamos con el trabajo.


Los signos de interrogación o exclamación se escriben delante o detrás de los puntos suspensivos, dependiendo de que el enunciado que encierran esté completo o incompleto. Ejemplos:

¿Habrá traído La ropa?... Seguro que no.
¡Si te expliqué que...! Es imposible, siempre estás en las nubes.



Tanto la coma, el punto y coma y los dos puntos como los signos de interrogación y exclamación se escribirán inmediatamente, sin un espacio que los separe de los puntos suspensivos, tal y como muestran los ejemplos anteriores (Tales signos son los que imponen en estos casos el uso de la mayúscula o la minúscula en la palabra). 

Uso de los signos de interrogación y exclamación




Los signos de interrogación (¿?) y exclamación (i!) encierran enunciados que, respectivamente, interrogan o exclaman. Los primeros se utilizan para delimitar enunciados interrogativos directos; los segundos demarcan enunciados exclamativos, también en estilo directo e interjecciones. Ejemplos:

¿Dónde has conseguido ese libro?
¡Eso es fantástico!

En la utilización de tales signos es preciso tener en cuenta estas consideraciones generales:

Los signos de interrogación y de exclamación son dos en cada caso: los signos que indican apertura (¿i) y los signos que indican cierre (?!); se colocan al principio y al final del enunciado interrogativo y exclamativo respectivamente.

En nuestra lengua es obligatorio poner siempre el signo de apertura, que no deberá suprimirse a imitación de lo que ocurre en la ortografía de otras lenguas, en las que solo se usa el signo final

porque tienen otras marcas gramaticales que suplen el primero. Después de los signos que indican cierre de interrogación o exclamación (?!) no se escribe nunca punto.

El signo de principio de interrogación (¿) o de exclamación (i) se ha de colocar donde empieza la pregunta o la exclamación, aunque no comience con él el enunciado. Ejemplos:

Con respecto al partido del próximo fin de semana, ¿se han previsto medidas especiales de seguridad?
Si logro viajar, ¡qué contento me voy a poner!

Obsérvese cómo los vocativos y las proposiciones subordinadas, cuando ocupan el primer lugar en el enunciado, se escriben fuera de la pregunta o de la exclamación. Sin embargo, si están colocados al final, se consideran dentro de ellas. Ejemplos:

Cristina, ¿has decidido si viajarás? | ¿Has decidido si vas a viajar, Cristina?

Jorge, ¡cuánto me alegro que hayas ganado! | ¡Cuánto me alegro que hayas ganado, Jorge!

Cuando se escriben varias preguntas o exclamaciones seguidas y estas son breves, se puede optar por considerarlas oraciones independientes, con sus correspondientes signos de apertura y cierre, y con mayúscula al comienzo de cada una de ellas. Ejemplos:

¿Dónde te metiste? ¿A qué hora regresarás?
¡Queda poco tiempo! ¡ No llegaremos! ¡ Apúrate!

Pero también es posible considerar el conjunto de las preguntas o exclamaciones como un único enunciado. En este caso hay que separarlas por comas o por puntos y comas, y solo en la primera se escribirá la palabra inicial con mayúscula. Ejemplos:

¿Cuál es su nombre?, ¿dónde trabaja?, ¿cuándo nació?, ¿en qué lugar?
¡Cómo llovió anoche!; ¡qué mojado está todo!; ¡qué frío vamos a pasar hoy!


En ocasiones, se utilizan los signos de final de interrogación (?) o de exclamación (!) entre paréntesis.

a)         El signo de final de interrogación entre paréntesis expresa duda o ironía. Ejemplos:

Alejandro Lemos es el presidente (?) del club.
Tendría mucha gracia (?) que llegara a la cita con un día equivocado.


b)         El signo de final de exclamación entre paréntesis expresa sorpresa o ironía. Ejemplos:

Un joven de treinta y seis años (!) fue el ganador del concurso de baile.
Está más gordo que nunca, pero dice que solo pesa ochenta kilos (!) en la báscula de su casa.

Uso de los paréntesis



Los paréntesis son signos que encierran elementos incidentales o aclaratorios intercalados en un enunciado. Los paréntesis se usan en los siguientes casos:

Cuando se interrumpe el sentido del discurso con un inciso aclaratorio o incidental, sobre todo si este es largo o de escasa relación con lo anterior o posterior. Ejemplos:

Las reuniones (la última duró casi cuatro horas) se celebran en el salón principal. (Para estos incisos también se pueden utilizar rayas).

Para intercalar algún dato o precisión: fechas, lugares, significado de siglas, el autor u obra citados... Ejemplos:

El año en que nació (1830) es el mismo en que murió Bolívar.
Toda su familia nació en Cúcuta (Colombia).


En ocasiones se utilizan los paréntesis para evitar introducir una opción en el texto. En estos casos se puede encerrar dentro del paréntesis una palabra completa o solo uno de sus segmentos. Ejemplos:

En la documentación debe figurar el (los) día(s) en que se ausentó del país.

Cuando se reproducen o transcriben textos, códices o inscripciones con abreviaturas, se pueden utilizar los paréntesis para reconstruir las palabras completas o los elementos que faltan en el original y se suplen, por ejemplo:

Imp(eratori) Caes (ari).


En la transcripción de textos se utilizan tres puntos entre paréntesis para dejar constancia de que se omite en la cita un fragmento del texto (en este uso suelen alternar con los corchetes).

Como ejemplo veamos la cita del Quijote utilizada cuando estudiábamos los puntos suspensivos:

Es, pues, de saber, que este sobredicho hidalgo (…) se daba a leer libros de caballerías con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza, y aun la administración de su hacienda (Cervantes: Quijote, 1, capi)


Las letras o números que encabezan clasificaciones, enumeraciones, etc. pueden situarse entre paréntesis o seguidas del paréntesis de cierre. Ejemplos:

Estos documentos podrán encontrarse en los siguientes lugares:
(a) En los estantes superiores de la biblioteca principal.
(b) En los armarios de la sala.

o bien:

Estos documentos podrán encontrarse en los lugares siguientes:
a) En los estantes superiores de la biblioteca principal.
b) En los armarios de la sala.



Combinación de los paréntesis con otros signos

Los signos de puntuación correspondientes al período en el que va inserto el texto entre paréntesis se colocan siempre después del de cierre. Ejemplos:

Tenía muchos primos (él era el más pequeño), pero no los veía muy seguido.
¿En qué año se fundó el CD (Cúcuta Deportivo)?

El texto recogido dentro de los paréntesis tiene una puntuación independiente. Por eso, si el enunciado entre paréntesis es interrogativo o exclamativo, los signos de interrogación y exclamación se colocan dentro de los paréntesis. Ejemplos:

La costumbre de Polo por el coleccionismo (colecciona de todo: llaveros, mariposas, relojes, monedas, sellos…) ha convertido su casa en un almacén.

Uso de los corchetes


Los corchetes [ ] se utilizan por regla general de forma parecida a los paréntesis que incorporan información complementaria o aclaratoria. La combinación de los corchetes con otros signos ortográficos es idéntica a la de los paréntesis. Los corchetes se utilizan en las ocasiones siguientes:

Cuando dentro de un enunciado o texto que va entre paréntesis es preciso introducir alguna nota aclaratorio o precisión. Por ejemplo:

La última novela que publicó Miguel de Unamuno (algunos críticos resaltan el magisterio de su obra Niebla [1914] como revolucionaria en el tratamiento de la ficción) fue San Manuel Bueno, mártir(1931).

En poesía se coloca un solo corchete de apertura delante de las últimas palabras de un verso para indicar que no caben en la línea anterior. Ejemplo:

Soñaba en ese entonces en forjar un poema,
de arte nervioso y nueva obra audaz y suprema,

escogí entre un asunto grotesco y otro trágico,
llamé a todos los ritmos con un conjuro [mágico

y los ritmos indóciles vinieron acercándose,
juntándose en las sombras, huyéndose y [buscándose.

(José Asunción Silva: El libro de versos)

Cuando, en un texto transcrito, el copista o editor quiere incorporar alguna parte que falta, aclaración, nota, desarrollo de una abreviatura o cualquier interpelación ajena al texto original, se usan los corchetes. Por ejemplo:

Las hojas formaban un manto [texto tachado: que cubría el gran parque de] la ciudad silenciosa.


También se utilizan los corchetes que encierran tres puntos suspensivos […] cuando en un texto transcrito se omite una parte de él, ya sea una sola palabra o un fragmento. Por ejemplo:

Pensé en lo que usted me había enseñado: que nunca hay que odiar a nadie. Le sonreí para decírselo; pero después pensé que él no pudo ver mi sonrisa [...] por lo negra que estaba la noche.
(Juan Rulfo: Pedro Páramo)

Uso de la raya


La raya o guion largo (-) se puede usar aisladamente, o bien, como en el caso de otros signos de puntuación, para servir de signo de apertura y cierre que aísle un elemento o enunciado.

Este signo se utiliza con los fines siguientes:

Para encerrar aclaraciones o incisos que interrumpen el discurso. En este caso se coloca siempre una raya de apertura antes de la aclaración y otra de cierre al final. Por ejemplo:

Confiaba profundamente en su Tío –un gran catedrático- en cualquier circunstancia.
Esperaba a Jorge -un primo lejano-. Lamentablemente, no llegó.


En este uso, las rayas pueden ser sustituidas por los paréntesis e incluso por comas. La diferencia entre una u otra opción depende de cómo perciba quien escribe el grado de conexión que el inciso mantiene con el resto del enunciado.

Para señalar cada una de las intervenciones de un diálogo sin mencionar el nombre de la persona o personaje al que corresponde. En este caso se escribe una raya delante de las palabras que constituyen la intervención. Por ejemplo:

- ¿Qué has hecho el fin de semana?
-Fui a la finca de unos amigos.


Para introducir o encerrar los comentarios o precisiones del narrador a las intervenciones de los personajes. Se coloca una sola raya delante del comentario del narrador, sin necesidad de cerrarlo con otra, cuando las palabras del personaje no continúan inmediatamente después del comentario. Por ejemplo:

-Espero que te arrepientas –dijo maría mirándolo con rabia.


Se escriben dos rayas, una de apertura y otra de cierre, cuando las palabras del narrador interrumpen la intervención del personaje y esta continúa inmediatamente después. Por ejemplo:

-Lo principal es estar conforme con lo que se hace –sentenció Daniel–. Afortunado o desafortunado pero conforme consigo mismo.


Tanto en un caso como en el otro, si fuese necesario poner detrás de la intervención del narrador un signo de puntuación, una coma o un punto, por ejemplo, se colocará después de sus palabras y tras la raya de cierre (si la hubiese). Por ejemplo:

-Sí -respondió el sacerdote-, es el secreto de confesión.


En algunas listas, como índices alfabéticos de libros o bibliografías, la raya sirve para indicar que en ese renglón se omite una palabra, ya sea un concepto antes citado o el nombre de un autor que se repite. Ejemplos:

Verbos regulares
- irregulares
- transitivos
- intransitivos

García Lorca, F.: Libro de poemas (1921).
-: Poema del cante jondo (1921).
-: Romancero gitano (1928).

Uso de las comillas



Hay diferentes tipos de comillas: las comillas angulares, también llamadas latinas o españolas (« »), las inglesas (" ") y las simples (´ `). Por lo general, es indistinto el uso de uno u otro tipo de comillas dobles; pero suelen alternarse cuando hay que utilizar comillas dentro de un texto ya entrecomillado. Por ejemplo:

Al llegar el carro deportivo, Cecilia susurró: « Vaya "cacharro" que se ha comprado Tomasito».

Se utilizan comillas en los casos siguientes:

Para reproducir citas textuales de cualquier extensión. Ejemplos:

Fue entonces cuando el novio dijo: «Sí».

Las palabras de la mujer fueron: «No sé cómo pasó, solo me alejé un instante».

Dice Patrick Süskind en La novela El Perfume:
«...volvió a cerrar los ojos. Las fragancias del jardín le rodearon, claras y bien perfiladas, como las franjas policromas de un arco iris».


Cuando se ha de intercalar un comentario o intervención del narrador o transcriptor de la cita, no es imprescindible cerrar las comillas para volver a abrirlas después del comentario, pero puede hacerse. Para intercalar tales intervenciones, es preferible encerrarlas entre rayas. Por ejemplo:

« Los días lluviosos como el de ayer -comentó Ana- me llenan de nostalgia».


En textos narrativos, a veces se utilizan las comillas para reproducir los pensamientos de los personajes, en contraste con el uso de la raya, que transcribe sus intervenciones propiamente dichas. Por ejemplo:

« ¡Hasta en latín sabía maldecir el pillastre!», pensó el padre, más satisfecho cada vez de los sacrificios que le costaba aquel enemigo.
(Clarín: La Regenta, cap. IV)


Para indicar que una palabra o expresión es impropia, vulgar o de otra lengua, o que se utiliza irónicamente o con un sentido especial. Ejemplos:

La mujer dijo, con seguridad, que el tema tenía algunas «prorrogativas».
En la sala pusieron una «boiserie» que le da una elegancia particular a toda la casa.
No sé, solo dice que es un asunto de «negocios».


Para citar títulos de artículos, poemas, cuadros.... Ejemplos:

El ensayo de Edgar Allan Poe «Filosofía de la composición» fue publicado por primera vez en la revista Graham's Magazine de Filadelfia en el mes de abril de 1846 .
El presentador leyó el «Romance de la Luna Luna» del Romancero Gitano.
En la sala principal lucia el «Guernica» de Picasso.


Cuando en un texto se comenta o se trata una palabra en particular, esta se aísla escribiéndola entre comillas. Por ejemplo:

Al hablar de las conjugaciones verbales y hacer relación a la primera conjugación, generalmente utilizamos el verbo «amar».


Cuando se aclara el significado de una palabra, este se encierra entre comillas. En tal caso se prefiere utilizar comillas simples. Por ejemplo:

«Botar» (‘tirar’) no significa lo mismo que «votar» elegir un candidato.



Combinación de las comillas con otros signos

Los signos de puntuación correspondientes al período en el que va inserto el texto entre comillas se colocan siempre después de las comillas de cierre. Ejemplos:

La madre le dijo claramente: «No irás»; pero al final lo dejó ir.
¿Es verdad que le dijo: «Hasta nunca»?


El texto recogido dentro de las comillas tiene una puntuación independiente y lleva sus propios signos ortográficos. Por eso, si el enunciado entre comillas es interrogativo o exclamativo, los signos de interrogación y exclamación se colocan dentro de estas. Ejemplos:

Le dijo al camarero: «Por favor, ¿me indica dónde se encuentra el baño?».
« ¡Estoy deseando un descanso! », exclamó.

Otros signos ortográficos

La escritura del español también cuenta con otros signos auxiliares, que se exponen a continuación.


Diéresis


La diéresis (¨) es un signo que se coloca encima de las vocales en las siguientes ocasiones:

Para indicar que ha de pronunciarse la vocal u en las combinaciones gue y gui. En este caso, el uso de la diéresis es preceptivo. Ejemplos:

Vergüenza, pingüino, ambigüedad


En textos poéticos, la diéresis puede usarse colocada sobre la primera vocal de un posible diptongo, para indicar que no existe. De esa forma la palabra a la que afecta y el verso en que se incluye cuentan con una sílaba más. Ejemplos:

El dulce murmurar deste rüido,
el mover de los árboles al viento,
el suave olor [ ... ]
(Garcilaso de la Vega: Égloga 11)

Guion


El guion (-) es un trazo horizontal de menor longitud que el signo llamado raya. Se utiliza cuando es necesario hacer divisiones dentro de una palabra y no se escribe entre espacios en blanco.

Tiene diferentes usos.

a.         Se utiliza para separar, en determinados casos, los dos elementos que integran una palabra compuesta. Hay dos situaciones dignas de mención:

Los compuestos de nueva creación formados por dos adjetivos, el primero de los cuales conserva invariable la terminación masculina singular, mientras el segundo concuerda en género y número con el nombre al que se refiere. Ejemplos:

Cuerpos técnico-administrativos, lección teórico- práctica, tratado teórico-práctico


Cuando dos gentilicios forman una palabra compuesta, esta se puede escribir separando o no ambos elementos con un guion. Si el compuesto resultante se siente como consolidado, lo escribiremos sin guion. Ejemplos:

Francocanadiense, hispanoárabe.

Si el compuesto no es sentido como unidad, puede escribirse con guion. Ejemplos:

hispano-ruso, luso- japonés.


b.         2. El guion sirve para dividir una palabra al final de renglón cuando no cabe en él completa. Para realizar esta división hay que tener en cuenta las consideraciones que se detallan más adelante.

-           Cuando la palabra contenga una h intercalada precedida de consonante, el guion se colocará siempre delante de la h, tratándola como principio de sílaba. Ejemplos:

in - humano, des - hidratar


-           Los dígrafos ll, rr y ch no se pueden dividir con guion, por representar cada uno de ellos un único fonema. Ejemplos:

ca - llar, ca - rro, le - chu - gas.


-           Cuando en una palabra aparecen dos consonantes seguidas, generalmente la primera pertenece a la sílaba anterior y la segunda a la sílaba siguientes. Ejemplos:

Co - men - tar, es - pal - dar, es - pe - rar, re - frac - ción.


-           Los grupos consonánticos formados por una consonante seguida de l o r, como bl, cl, fl, gl, kl, pl, br, cr, dr, fr, gr, kr, pr, tr, no pueden separarse y siempre inician sílaba. Ejemplos:

In - flamar, re - clamar, de - tras, su - primir, ha – blar.



-           Cuando tres consonantes van seguidas en una palabra, se reparten entre las dos sílabas respetando la inseparabilidad de los siguientes grupos consonánticos: los constituidos por una consonante más l o r vistos en el párrafo anterior, que siempre encabezan sílaba, y los grupos st, Is, ns, rs, ds, que siempre cierran la sílaba. Ejemplos:

supers - tición, abs - tenerse, cons - tante, sols - ticio, des - gracia, en - trar, in -flar, am - plio, ham – bre.



-           Cuando son cuatro las consonantes consecutivas en una palabra, las dos primeras forman parte de la primera sílaba y las dos restantes de la segunda. Ejemplos:

ads - cripción, abs - tracto, cons – treñir.


-              Es preferible no segmentar las palabras de otras lenguas al final de renglón, a no ser que se conozcan las reglas vigentes en los idiomas respectivos.

-           Las siglas y acrónimos, así como las abreviaturas, no pueden dividirse al final de renglón. Así sucede, por ejemplo, con UNESCO. Se admite la división en los acrónimos que han pasado a incorporarse al léxico general, escritos, en consecuencia, con minúscula. Ejemplos:

ra - dar, lá - ser



c.            El guion también se emplea para unir palabras con un valor de enlace similar al de una preposición o una conjunción. Ejemplos:

La ruta Cúcuta-Pamplona, el partido Nacional-Millonarios, una relación amor-odio.

Barra


La barra (/) tiene los siguientes usos (en informática también se utiliza la barra invertida [\], es una variación permitida solo para esta materia y no tiene significado lingüístico):
a) Sirve para señalar el límite de los versos en los textos poéticos reproducidos en línea seguida. En este caso se escribe entre espacios. Por ejemplo:

Tu cabello es la ignota raicilla / del árbol de mi vid. / Tu cabello es la hilacha de una mitra / de ensueño que perdí! (César Vallejo).

 Fernando Chelle


·                     Editorial: CreateSpace Plataforma Independent Publishing; 1 edición (24 de enero de 2014)
·                     ISBN-10: 1495244679
·                     ISBN-13: 978 a 1495244674

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