Libro: Carlos Gardel y la consagración del tango canción

 Carlos Gardel y la consagración del tango canción


Fernando Chelle Pujolar



Editorial: PALABRA ESCRITA; 1 edición (5 de septiembre de 2025)

·         ISBN: 978-628-02-0298-3

Carlos Gardel y la consagración del tango canción (Colombia 2025) 

Prólogo del autor

La sombra del paraíso y la voz del Mago

 

Cuando era niño, en las calles de Mercedes, el tango no era aún para mí una música de la nostalgia sino una lengua secreta. En sus letras intuía un mundo que dolía y brillaba al mismo tiempo, un mundo que me hablaba con la voz de una ciudad rota y altiva. Con el tiempo, el tango dejó de ser solo una emoción y se volvió también una pregunta: ¿cuándo comenzó a decir lo que dice? ¿Quién fue el primero que le puso palabras a ese lamento del bandoneón?

Este libro nace de esas preguntas. Y de una certeza: la figura de Carlos Gardel no solo es central, sino fundacional. Su voz, esa que “cada día canta mejor”, no fue simplemente la más afinada, la más reconocible, la más entrañable: fue también la que consagró un modo de sentir, de escribir y de cantar el Río de la Plata. Gardel no inventó el tango canción, pero sin él no habría alcanzado la plenitud que lo convirtió en arte.

Por eso decidí construir este libro en torno a su figura, no como un mero homenaje sino como un intento de comprensión. La obra está dividida en tres partes que responden a una lógica temporal, pero también poética. En la primera parte, rastreo los orígenes de la palabra en el tango. Allí están los payadores, esos trovadores criollos que fueron sembrando versos en milongas y estilos antes de que el género tuviera nombre o gramática. Ángel Villoldo, Arturo de Nava y tantos otros dejaron una herencia que Gardel supo escuchar y continuar.

En la segunda parte, me detengo en la figura de Gardel, no solo como cantor sino como hombre marcado por un origen tan silenciado como innegable. Nacido en Tacuarembó, hijo de un secreto familiar y de una historia que se escribió a contrapelo del relato oficial, Gardel construyó una identidad con voz, documentos y silencios. Es allí donde mi ensayo toma posición, con argumentos documentales y literarios, frente a un debate que no es solo histórico, sino simbólico.

Finalmente, en la tercera parte, me dedico a analizar las letras de algunos de los más grandes poetas del tango canción cuyas obras fueron cantadas por Gardel: Pascual Contursi, Celedonio Flores y Alfredo Le Pera. En sus textos encuentro no solo el pulso de una época, sino también una ética del decir que Gardel supo interpretar como nadie. Contursi transforma la pena en confesión; Flores, la calle en poema; y Le Pera, el cine en melodía.

Este libro no pretende clausurar ninguna discusión. Todo lo contrario: quiere abrir otras. Quiere ser una lectura apasionada —pero rigurosa— sobre la evolución del tango desde sus balbuceos criollos hasta su consagración en la voz de un hombre que supo, como pocos, convertir el dolor en belleza. Si algo me guía, es la fidelidad a esa belleza y a la memoria de quienes la hicieron posible.

También el libro pretende ser una muestra de gratitud a mi abuelo materno, Jorge Eusebio Pujolar, a quien le debo el gusto por el tango. Lo recuerdo, como si fuera hoy, sentado bajo el árbol de paraíso, en el barrio Cerro, tomando mate y escuchando tangos en su radio a transistor. Desde aquel pequeño aparato salían frases que marcaron mi infancia: “AM 580 Clarín, transmitiendo música típica y folclórica para la cuenca del Plata”... ; “Gardel, folclore, candombe, asado de tira, fútbol, tortas fritas cuando llueve, boliche, truco con muestra, mate y termo, Clarín clavada en el dial ¡qué lindo es ser oriental!”...; “CX 58 Clarín AM 580, con más de un millón de grabaciones de Gardel irradiadas, seguirá entregando a todas las horas pares la emoción de su voz incomparable”...; “Negra, bajá un poco la comedia y aprontá el mate que se viene El Mago en Clarín… Ahora el programa más escuchado del dial uruguayo, como a todas las horas pares, en Clarín, canta Carlos Gardel”.

En esas transmisiones radiales —parte de la mitología doméstica de varias generaciones—, Gardel no era un personaje histórico: era una presencia viva. Y quizás por eso, por esa intensidad con que su voz se me impuso desde niño, siento hoy que este libro es también una forma de regresar.

Pero no será el único. Esta obra forma parte de un proyecto más amplio que me propongo desarrollar: un estudio literario de los grandes poetas del tango. En ese trabajo mayor —que tendrá continuidad en otro volumen—, analizaré a aquellos letristas que pertenecen a una época posterior a la existencia de Gardel, como Cátulo Castillo, Enrique Cadícamo, Homero Expósito, Homero Manzi y Horacio Ferrer. Poetas que, como sus predecesores, supieron convertir el dolor en ritmo, y la pena en belleza.

Si hoy escribo estas páginas, es también por ese niño que fui, que escuchaba tangos sin entenderlos del todo, y que alguna vez —sin saberlo— empezó a escucharse en ellos.

 

Fernando Chelle Pujolar

San José de Cúcuta, 2025 






 



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