Fernando Chelle
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miércoles, 15 de marzo de 2017
PALABRA ESCRITA RADIO 19
A
continuación, les dejo el enlace al programa número 19 de “Diáspora” (jueves 9
de marzo de 2017). Tema central: “Las otras realidades de la ficción”, de
Fernando Chelle.
miércoles, 1 de marzo de 2017
GOETHE, EL JOVEN WERTHER Y EL COMIENZO DE UN SUEÑO (II)
Un pilar en que descansó
el sueño del Romanticismo
En
la segunda mitad del siglo XVIII, cuando las ideas de la ilustración y la estética
neoclásica comenzaban a perder fuerza frente al advenimiento de ideas
revolucionarias y concepciones estéticas que priorizaban los sentimientos y la
individualidad, se publicó en Alemania, Las
cuitas del Joven Werther, una novela epistolar que asentó los pilares sobre
los que descansó el sueño del Romanticismo.
Por Fernando Chelle
En el artículo anterior, me
detuve en el estudio de las características del movimiento prerromántico
europeo y fundamentalmente en Alemania y en el Sturm und Drang. Mi interés fue
mostrar el clima intelectual que generó la publicación en el año 1774 de Las cuitas del joven Werther, la novela
juvenil de Johann Wolfgang von Goethe, que funcionó como un pilar sobre el que
luego
descansó el sueño del Romanticismo. Ese artículo se cierra con la síntesis
argumental de la novela. En el presente escrito comenzaré a estudiar la obra de
forma más pormenorizada, deteniéndome en su estructura, en las fases del
enamoramiento del personaje protagónico y en el análisis literario de una de
las cartas que contiene, la del 10 de mayo. El estudio de la obra se completará
en el próximo artículo, donde me detendré, a mi entender, en la carta más
importante, la del 16 de junio.
La
novela se encuentra dividida en dos partes, tituladas: Libro Primero (que transcurre
en primavera) y Libro Segundo (que transcurre en invierno).
Como
ya referí en el artículo anterior, la obra es una novela epistolar. Está
compuesta por cartas que van del 4 de mayo de 1771 al 20 de diciembre de 1772.
Aparte de esas cartas, que son las que están escritas por el personaje
protagonista y van dirigidas a su amigo Guillermo, debemos sumar los textos
escritos por el editor, un personaje ficticio, que escribe unas palabras a los
lectores al comienzo de la obra, luego un breve texto que titula “Del editor al
lector”, que se encuentra después de la carta del 6 de diciembre, y luego, se encargará
de continuar refiriendo los hechos sucedidos posteriormente a la carta del 20
de diciembre, hechos que culminan con la sepultura del joven Werther.
En la
primera parte, encontramos el traslado de Werther al pueblo de Wahlheim, donde
se dedicará a la pintura y a la poesía. Aquí es donde conocerá a Carlota, de
quien se enamorará perdidamente y con quien compartirá paseos y conversaciones.
La
segunda parte, presenta la llegada de Alberto, prometido de Carlota, al pueblo de
Wahlheim y la partida, transitoria, de Werther. Aquí sucederán los cambios
trascendentales, entre ellos el casamiento de Carlota y Alberto, que llevarán
al suicidio del personaje protagónico.
Varios
son los temas que podemos encontrar en la novela, quizá los fundamentales sean:
el arte, la naturaleza, el amor (en algunas de sus variantes), lo espiritual,
entre otros. Incluso, hay ciertas cartas, lo veremos más detenidamente en los
comentarios, en que predomina uno de esos temas enumerados, pero puede aparecer
algún otro, casi siempre es así, como tema secundario o complementario del
principal. El arte, que es el tema principal de la carta del 10 de mayo,
también es el fundamental en la carta del 26 de mayo. El tema de la naturaleza
es importantísimo, sobre todo en el Libro Primero, pero está presente en toda
la obra. Como referí en el artículo anterior, la naturaleza, en esta obra
precursora del Romanticismo, deja de ser un lugar estático y equilibrado y se
la ve como un gran organismo que es a su vez origen e inspiración artística. El
paralelismo psicocósmico, recuso que se caracteriza por establecer una
similitud, una analogía, entre el estado de ánimo de un personaje y ciertos
fenómenos de la naturaleza, recurso que tanto utilizó el Romanticismo, ya se
encuentra aquí, en Las cuitas del joven
Werther. El amor, quizá el tema fundamental de la obra, también está
presente en una diversidad de cartas, tanto del Libro Primero, como del
Segundo. La carta fundamental donde se desarrolla este tema es la del 16 de
junio. Pero el amor es un sentimiento que irá sufriendo variantes en lo que
respecta a la relación de Werther con Carlota y esto se ve reflejado en las
cartas. La carta del 16 de junio está centrada en el momento en que Werther
conoce a su amada, pero luego vendrán las visitas y los paseos, luego los celos
y la distancia y finalmente el regreso al pueblo, la no correspondencia en el
amor y el suicidio. Todos esos cambios, que conllevan emociones diferentes en
la vida del protagonista están reflejados en las cartas. Por ejemplo, y sin
irnos del tema del amor, en el Libro Primero, aparte de la carta del 16 de
junio, encontramos la del 8 de julio donde el protagonista expresa la
incertidumbre acerca de si es correspondido su amor o no y la carta del 18 de
julio, que contiene una extensa reflexión acerca del amor. En el Libro Segundo,
la breve carta del 3 de septiembre, donde Werther se refiere a su amor y repara
en el hecho de que Carlota también es amada por otro. El 4 de septiembre, envía
la carta donde cuenta la historia de un muchacho del pueblo que está
perdidamente enamorado de su ama y compara esa situación con la suya. Podríamos
referirnos también a la carta del 21 de noviembre, donde vemos esa confusión,
esas falsas ilusiones, tan normales por otra parte, que se hace el protagonista
por el simple hecho de que Carlota le dice “querido”. En fin, el tema del amor
está de alguna manera en prácticamente la mayoría de las cartas que componen la
obra. Pero específicamente en el libro segundo, que comienza con Werther
alejado de Carlota, en una especie de exilio amoroso, y que prosigue con su
regreso, la vuelta a la soledad y finalmente el suicidio, se suman a los temas
ya referidos, el de la Locura, el de los malos espíritus y, por supuesto, el
del suicidio.
Análisis literario de la carta del 10 de
mayo
Esta
es una carta que pertenece al Libro Primero, es la segunda epístola que el
joven protagonista le envía a su amigo Guillermo. El tema predominante en el
texto es el artístico, el conflicto que se establece entre la vivencia y la
creación artística, pero la naturaleza, vista como un lugar de soledad,
inocencia, refugio, es un tema secundario que viene a complementar el
principal. Se trata de un relato muy breve, dividido en cuatro párrafos. Los
dos primeros párrafos funcionan como una introducción donde encontramos la
presentación del conflicto fundamental de la carta, la imposibilidad de la
creación artística, en medio de una experiencia mística, una vivencia
placentera y absoluta. El tercer párrafo encierra lo que denominaré cuadro
verbal, por tratarse de una pintura, pero a través de la palabra, donde el
personaje está incluido y a su vez funciona como un transmisor, un traductor,
de la creación, que bien podríamos llamar, divina. Por último, en el párrafo
con que se cierra la carta, encontramos un desdoblamiento del narrador, donde
el Werther que vive la experiencia mística le habla al Werther artista.
La
carta comienza con esta introducción:
Semejante a una de esas suaves
mañanas de primavera que dilatan mi corazón, priva en mi espíritu una gran
serenidad. Estoy solo y gozo y me regocijo de vivir en estos sitios, creados
para almas como yo.
Me siento tan feliz, amigo
mío, estoy tan absorto en el sentimiento de una plácida vida, que hasta mi
talento resiente su efecto. Mi pincel y mi lápiz no podrían trazar hoy la menor
línea, dibujar el menor rasgo, y no obstante, jamás me he sentido tan gran
pintor como hoy.
En el
primer enunciado de la carta encontramos el estado de ánimo, la vivencia de
Werther. La expresión de ese estado de ánimo se da a través de una comparación,
específicamente, de un símil. Generalmente en una comparación, la primera
parte, hace referencia a aquello de lo que se habla y las segunda, se refiere a
aquello con lo que se lo compara, pero en este símil de Goethe, este orden está
invertido. De manera que estamos frente a una comparación, que encierra un
hipérbaton, o sea, una alteración en el orden lógico de la frase, y el nexo
comparante, en lugar de encontrarse en el centro de los elementos comparados,
se encuentra al comienzo del enunciado. Más allá de mostrar el estado de gratitud
de Werther, el símil muestra lo gozosa que resulta ser la primavera para el
joven artista. Es que la carta transcurre en primavera y nos muestra un personaje
en estado de felicidad, ya que en la novela se va a establecer un paralelismo
psicocósmico, donde va a existir una correspondencia entre el estado de ánimo
del personaje y la estación del año que está viviendo.
En el
segundo enunciado, el que cierra el primer párrafo de la carta, encontramos una
confesión directa del personaje. Está solo, en medio de la naturaleza y se
encuentra feliz. Se halla en un lugar que le permite encontrarse con sí mismo y
a su vez comunicarse directamente, con lo que podríamos denominar, desde un
punto de vista panteísta, la divinidad. Ese deleite por los lugares intactos,
no contaminados, va a ser una característica inequívoca de los escritores
románticos, que al igual que como sucede con Werther en este pasaje, verán en
la naturaleza un refugio, una muestra de la divinidad, un lugar que no se
encuentra contaminado por el mercado de las grandes ciudades.
En el
segundo párrafo, Werther continúa reparando en su estado de ánimo y hace
referencia a cómo este repercute en su obra. La dicha que lo embarga afecta su
quehacer artístico, pero no al artista, su sentir sigue intacto, y el quehacer
artístico no desaparece de su horizonte de expectativas. Se establece allí un
conflicto, entre la creación artística y la vivencia artística y se da la
paradoja, que Werther, incluso no realizando nada, se siente un gran pintor.
El
tercer párrafo de la carta constituye lo que he denominado, cuadro verbal.
Cuando los vapores de mi
querido valle suben hasta mí y me rodean, y el sol en la cima lanza sus
abrasadores rayos sobre las puntas del bosque oscuro e impenetrable, y tan sólo
algún dardo de fuego puede penetrar en el santuario, tendido cerca de la
cascada del arroyo, sobre el menudo y espeso césped, descubro otras mil hierbas
desconocidas; cuando mi corazón siente más cerca ese numeroso y diminuto mundo
que vive y se desliza entre las plantas, ese hormigueo de seres, de gusanos e
insectos de especies tan diversas de formas y colores, siento la presencia del
todopoderoso que nos creó a su imagen, y el hálito del amor divino que nos
sostiene, flotando en un océano de eternas delicias.
Este
joven pintor, que se encuentra imposibilitado de trazar la menor línea y de
dibujar el menor rasgo, le da paso al artista verbal, al escritor, quien logra
la pintura, a través de la palabra. En ese cuadro, el artista está contenido,
es parte de la pintura, pero a diferencia del arte pictórico, que es estático, aquí
nos enfrentamos a un cuadro viviente. Esta obra de arte pictórica-verbal, donde
los elementos son referenciados de forma descendente, ya que del sol se desciende
hasta las hierbas más mínimas, es posible por la consustanciación del artista
con la naturaleza. El sistema de percepción es agudo y contempla diferentes
sentidos; el tacto, en el espeso césped; el oído, en el sonido de la cascada
del arroyo y finalmente lo visual, que va desde lo más notorio hasta ese
diminuto mundo que vive y se desliza entre las plantas. En esa vivencia
placentera y absoluta de Werther en medio de la naturaleza hay una experiencia
mística, no solo desde un punto de vista panteísta, donde la presencia divina
estaría en todos los elementos de la naturaleza misma, sino también en el
sentir del personaje, que refiere a la presencia de un dios al que llama
todopoderoso, concepción deísta, donde Dios es el creador y está separado de la
naturaleza humana. De manera que, en esta experiencia hay una convergencia, un
sincretismo de concepciones espirituales, elemento este, que será
característico del pensamiento romántico.
¡Oh, amigo! Cuando ante mis
ojos aparece lo infinito sintiendo el mundo reposar a mi alrededor, y tengo en mi
corazón el cielo, como la imagen de una mujer querida, dando un gran suspiro,
exclamo: “¡Ah, si pudieras expresar, estampar con un soplo sobre el papel lo
que vive en ti con vida tan poderosa y tan ardiente; si tu obra pudiera
reflejar tu alma, como ésta es el espejo de un Dios infinito…” Pero, ¡ay,
querido amigo! Me pierdo, me extravío y sucumbo bajo la imponente majestuosidad
de esta visión.
Este
es el párrafo con que se cierra la carta, donde encontramos un desdoblamiento
del narrador, donde el Werther que vive la experiencia le habla al Werther
artista. La experiencia mística es tan maravillosa, que despierta, en el
Werther que la vive, la necesidad de decirle al Werther artista lo fantástico
que sería poder llegar a plasmar y perpetuar, tanta belleza y tanta dicha. Es
una vivencia “poderosa” y “ardiente”, y la expresión artística de una vivencia
tal, sería el espejo del alma del artista, que a su vez es el espejo de la
divinidad. Este juego especular, muestra, en última instancia, que la obra
plasmada con el poder y el ardor necesario por parte del artista, es una
muestra de la divinidad.
En el
final de la carta, Werther se dirige nuevamente a Guillermo, el receptor, para
expresarle que se siente gozosamente derrotado ante la experiencia mística. Es el Werther artista, el que se pierde y se
extravía ante la imponencia y la majestuosidad.[1]
[1] En el próximo artículo, analizaré literariamente la carta del 16
de junio, finalizando de esa forma el estudio de la novela epistolar de Johann
Wolfgang von Goethe, “Las cuitas del joven Werther”.
jueves, 23 de febrero de 2017
PALABRA ESCRITA RADIO 16
A continuación, les dejo el enlace al programa número 16 de “Diáspora” (jueves 16 de febrero de 2017). Tema central: “El cuento latinoamericano en el siglo XX”, de Fernando Chelle.
Fernando Chelle
martes, 14 de febrero de 2017
PALABRA ESCRITA RADIO 15
A continuación, les dejo el enlace al programa decimoquinto de “Diáspora” (jueves 9 de febrero de 2017). Tema central: “El guardagujas”, de Juan José Arreola.
Fernando Chelle
jueves, 9 de febrero de 2017
PALABRA ESCRITA RADIO 14
A continuación, les dejo el enlace al programa decimocuarto de “Diáspora” (jueves 2 de febrero de 2017). Tema central: “Un hombre muerto a puntapiés”, de Pablo Palacio.
Fernando Chelle
miércoles, 16 de noviembre de 2016
PALABRA ESCRITA RADIO 5
A continuación, les dejo el enlace al quinto programa de “Diáspora” (jueves 20 de octubre de 2016). Tema central: “Continuidad de los parques”, de Julio Cortázar.
Fernando Chelle
miércoles, 19 de octubre de 2016
PALABRA ESCRITA RADIO 4
A continuación, les dejo el enlace al cuarto programa
de “Diáspora” (jueves 13 de octubre de 2016). Tema central: “Muebles: El
Canario”, de Felisberto Hernández.
Fernando Chelle
miércoles, 12 de octubre de 2016
PALABRA ESCRITA RADIO 3
A continuación, les dejo el enlace al tercer programa de “Diáspora” (jueves 6 de octubre de 2016). Tema central: “El Aleph”, de Jorge Luis Borges.
Fernando Chelle
lunes, 10 de octubre de 2016
PALABRA ESCRITA RADIO 2
A continuación, les dejo el enlace al
segundo programa de “Diáspora” (jueves 29 de septiembre de 2016). Tema central:
“El almohadón de plumas”, de Horacio Quiroga.
Fernando Chelle
martes, 4 de octubre de 2016
PALABRA ESCRITA RADIO 1
A continuación, les dejo el enlace al primer programa de “Diáspora”
(jueves 22 de septiembre de 2016).
Fernando Chelle
miércoles, 10 de diciembre de 2014
LITERATURA UTÓPICA
Los buenos no-lugares de la
ficción
Ficciones que describen el
funcionamiento de estados ideales, alternativos a los del mundo real.
Narraciones que contemplan los aspectos fundamentales que hacen a la realidad
del hombre y a su vida en sociedad. Manifestaciones artísticas que tienden a mostrar
la posible realización humana, a plasmar lo deseado, a trascender dentro de la
ficción hacia mundos más justos y esperanzadores.
Por Fernando Chelle
Cuando en el año 1516 el inglés Thomas More (Tomás Moro) publicó la obra titulada Libellus de optimo reipublicae statu, deque nova insula Utopiae (Libro del estado ideal de una república en la nueva isla de Utopía), comenzó a originarse un término conceptual que daría lugar a un nuevo modelo literario.
Etimológicamente el término “utopía” proviene del griego y de acuerdo a la utilización del prefijo que se elija, la palabra puede dar lugar a un doble significado. Por un lado οutopia (οu, no; topos, lugar = "lo que no está en ningún lugar") y por el otro eutopia (eu, buen; topos, lugar) = "buen lugar".
Cuando nos referimos a la literatura utópica estamos hablando de ficciones que describen el funcionamiento de un estado ideal, no localizado en un lugar específico, perfectamente pensado tanto desde el punto de vista político, social, científico y en ocasiones religioso, donde los habitantes cuentan con una predisposición natural a aceptar las leyes y normas de convivencia. Estos estados ideales de ficción, que se presentan como alternativos a los del mundo real, pueden llegar a ocupar todo el relato de una obra o simplemente algunos capítulos, como por ejemplo el Libro IV de Los viajes de Gulliver de Jonathan Swift, que contiene el viaje del protagonista al país de los Houyhnhnms, o los capítulos XVIII y XIX de Cándido o el optimismo de Voltaire, donde se relata la travesía de Cándido y Cacambo por el país de El Dorado. Los ejemplos se podrían multiplicar pero haré referencia solamente a estas dos obras porque son, junto con la propia Utopía de Tomás Moro, las que tomaré como ilustrativas del género para compararlas.
Los proyectos que se describen en los diferentes mundos utópicos guardan relación con los que se encuentran en el mundo existente. Son una herramienta utilizada por diferentes autores, de distintas épocas, para proyectar sus concepciones acerca de una sociedad ideal. Mediante la comparación, que se hace implícita al lector, entre lo existente y lo ficcional también está comprendida la crítica, muchas veces feroz, a lo establecido en el mundo real. De esta manera podemos decir que la literatura utópica abarca diferentes aspectos que hacen a la realidad del hombre y a su vida en sociedad, como por ejemplo lo filosófico, lo social, lo teológico. Son manifestaciones tendientes a mostrar la posible realización humana, a plasmar lo deseado, a trascender dentro de la ficción hacia mundos más justos y esperanzadores.
Tomás Moro, era un hombre del Renacimiento y como tal fue uno de los escritores que recuperó el pensamiento clásico. En su obra puede verse claramente la influencia de Platón, sobre todo el deLa República. Moro fue un crítico de su tiempo y es quien de alguna manera con su obra dará nombre a este género novelístico. Pero si bien a partir de la publicación de Utopía se comienza a utilizar el nombre de “género utópico” para referirse a las novelas que presentan características similares a esta, en la historia de la literatura ya existían obras que mostraban mundos alternativos, paradisíacos e ideales, similares al que Moro creó en el siglo XVI. Por esta razón es importante reparar, aunque sea brevemente, en las fuentes en las que se nutrió Moro, y posteriormente a él los demás escritores del género, para escribir este tipo de narraciones y también reparar en el pensamiento utópico que estaba presente en muchas obras, incluso antes de que se lo denominara de esta forma.
Son dos fundamentalmente las fuentes de las que se nutrieron los utopistas: por un lado la tradición cristiana, que estaba presente desde hacía siglos marcando el desarrollo cultural de Europa, y por otro lado la cultura clásica griega y latina que justamente en el Renacimiento va a comenzar a ser rescatada por los hombres de pensamiento.
Dentro de la tradición que se corresponde con el pensamiento cristiano son varios los textos que de alguna manera abordan, aunque sea someramente, algunas características que luego los utopistas desarrollarán en sus obras. En primer lugar podemos detenernos en la imagen del Edén o Paraíso perdido, ese lugar referido en el libro de Génesis, donde Dios puso al hombre después de haberlo creado para que viviera libre de enfermedades y libre de la muerte. Se lo describe como un sitio arbolado, con diversas plantas y frutos, que además de embellecer el lugar suministraban todo el alimento necesario para que el hombre pudiera vivir con felicidad y sin contratiempos. Allí en esa tierra fértil y cálida también había un río y se dice que Dios había puesto a disposición del hombre todos los animales de la tierra. Siguiendo con la Biblia, también en el Antiguo Testamento, encontramos en el Libro de los Reyes la historia de los reinos de Judá e Israel donde se glorifica el reinado de Salomón. Allí se dice que bajo su mandato el pueblo vivía sin enemigos, sin temores, en tranquilidad, cada uno bajo su parra y su higuera. Si pasamos al Nuevo Testamento, en el libro titulado Hechos de los Apóstoles, Lucas describe la vida de las primeras comunidades de Jerusalén. Allí se cuenta cómo los discípulos de Cristo vivían en comunión fraterna, tenían un solo corazón y una sola alma, las posesiones eran comunitarias y nadie disputaba por considerar suyo nada de lo que tenía y como resultado de esta forma de vida nadie pasaba necesidad.
La otra fuente que nutrió las diferentes novelas utópicas que comenzaron a proliferar a partir del Renacimiento es la que tiene que ver con los textos clásicos griegos y latinos. En los textos griegos se encuentra el mito de la Edad de Oro, transmitido a través del poeta Hesíodo en su obra Los Trabajos y los días. Allí el poeta griego se refiere a las cuatro eras que sucedieron a la Edad de Oro; estas son la Edad de Plata, la Edad de Bronce, la Edad de los Héroes y la Edad del Hierro. La Edad de Oro se sitúa en un pasado remoto donde el ser humano era feliz, vivía en un lugar agradable y tranquilo, sin violencia ni temores, donde los árboles rebosaban de frutos y el hombre no tenía que cultivar la tierra para obtener los alimentos; esto permitía que tuviera tiempo de sobra para ocuparse en diversiones y festejos.
Los proyectos clásicos griegos, vinculados a la organización de las ciudades, como por ejemplo la Atenas de Solón, basada en la razón y la filosofía, y la Esparta de Licurgo, con su sistema rigurosamente militarizado, también van a influir en los discursos utópicos. Durante el Imperio Romano también aparecieron numerosos escritos cuyo centro de interés era la propia ciudad de Roma; los más conocidos e influyentes son los de Cicerón.
Dentro de los autores griegos rescatados en el Renacimiento aparece nítidamente la figura de Platón, quien va a influenciar de manera notoria a los utopistas fundamentalmente con dos de sus obras, laRepública y las Leyes. En la República se plantea el proyecto tendiente a la creación de una ciudad ideal, donde se reflexiona sobre temas como el del estado, la justicia, la vivienda, la alimentación y el vestido, mientras que en las Leyes Platón se va a centrar fundamentalmente en la legislación. Allí habla de la restricción del dinero y el comercio y de la propiedad colectiva de los bienes, las mujeres y los niños.
La mitología griega fue una fuente muy rica de historias en la cual también se nutrieron los utopistas. En la Odisea de Homero aparece el Elíseo, ese lugar reservado para los héroes, donde no llega la muerte. Otros lugares a destacar en Homero son los jardines, el que rodea la gruta de Calipso, que se describe como un lugar paradisíaco con diversos árboles, pájaros y fuentes de aguas cristalinas y el jardín de Alcínoo, con características similares, donde los árboles brindan exquisitos frutos todo el año. En laOdisea se describe también la isla de los bienaventurados, lugar donde pasan a vivir los héroes una vez que mueren. Allí las condiciones son similares a las de la Edad de Oro, los héroes se encuentran libres de trabajos y preocupaciones. Es importante en este último mito el concepto de insularidad que propone, ya que muchos utopistas ubicarán sus países ideales en islas alejadas de la corrupción de otras sociedades; los países, al encontrarse aislados, están a salvo de las influencias negativas y pueden vivir dichosamente bajo sus propios principios.
Otro tópico importante que influenció a muchos poetas, pero también a diversos utopistas y que de alguna manera se vincula con el mito de la Edad de Oro, es el de la Arcadia. Este lugar imaginario se presentaba como un sitio donde reinaba la felicidad, la sencillez y la paz y donde los hombres vivían en comunión con la naturaleza. Por último, podríamos también sumar a las influencias clásicas citadas los diversos relatos de viajes donde se refieren países fantásticos con características utópicas. Y no debemos olvidarnos tampoco de las sátiras que hizo la comedia griega de la Edad de Oro, donde la sociedad ideal se vinculaba fundamentalmente con los placeres, la comida y el sexo.
CARACTERÍSTICAS LITERARIAS. Desde el punto de vista del estilo, las obras pertenecientes al género utópico son una combinación de distintas manifestaciones literarias, como por ejemplo cuadro de costumbres, historias populares de carácter igualitarista, tratados, diálogos renacentistas y relatos de aventuras.
La estructura más utilizada por los autores que incursionaron en este género es la siguiente: un personaje viajero, por lo general navegante, naufraga o llega de forma extraordinaria a un lugar asombroso, inhabitual, sorprendente. Por ejemplo en la obra que funciona como patrón literario de este género, Tomás Moro hace que su personaje, el explorador y filósofo Rafael Hythloday (o Hytlodeo en algunas traducciones), llegue a la isla de Utopía tras un naufragio; en los Viajes de Gulliver de Jonathan Swift vemos cómo el protagonista es abandonado en una isla por su tripulación, que lo tenía cautivo en el camarote del barco, y así llega al país de los Houyhnhnms; en Cándido o el optimismo, de Voltaire, los personajes Cándido y Cacambo llegan a El Dorado después de haber estado a la deriva en una canoa tras 24 horas sin ver la luz. En ninguno de estos tres relatos los personajes pueden afirmar a ciencia cierta dónde se encuentran, ni cómo se llega a esos lugares. Esta es una característica fundamental del género que juega con la posible verosimilitud de la historia que los personajes cuentan. Los relatos donde se incluyen los países utópicos generalmente están anclados en la realidad de un tiempo determinado con referencias históricas y geográficas precisas; ahora bien, los personajes no son culpables de no revelar el lugar donde se encuentran estos países porque tanto su llegada como su salida ha sido extraordinaria.
En la gran mayoría de las obras pertenecientes al género utópico, una vez que los personajes se encuentran en esos nuevos países, en esos no-lugares van a contar con otros personajes que les servirán de guía y gracias a los cuales podrán interpretar esa nueva realidad a la que se enfrentan. En el caso de la obra de Moro esto no es precisamente así, ya que Rafael Hythloday expone las características de la isla pero no refiere a algún personaje en particular que le haya suministrado la información. Voltaire, en cambio, si recurre a personajes que ayudarán a su protagonista Cándido a interpretar la nueva realidad, en primer lugar su propio sirviente Cacambo, quien le sirve de intérprete y luego los demás personajes con los que se irán encontrando en su estadía en El Dorado: los mozos del mesón, el anciano retirado de la corte y finalmente el propio rey del país. En el caso de Gulliver, Swift también hace que su protagonista encuentre un guía, quien lo instruye acerca de las características y costumbres del nuevo lugar. Este será un caballo, a quien Gulliver llamaba "mi amo". Estos viajeros serán los portadores de las noticias, serán los que contarán a los hombres de su tiempo los otros mundos que se encuentran en islas remotas, más allá de las orillas, en algún punto del inmenso océano. Esto es lo que sucede claramente en Utopía, donde en el segundo libro Hythloday va a exponer con detenimiento las diversas características de la isla. Los casos de Gulliver y de Cándido son distintos: es mediante los comentarios y reflexiones llenas de asombro de los personajes que se van describiendo los nuevos mundos. Los lectores vivimos el asombro que sienten los protagonistas al enfrentarse a sociedades que presentan una inversión positiva de los valores con respecto a los de las sociedades existentes. Ya sea por medio de la exposición, como es el caso de Hythloday en Utopía, o por la narración de los acontecimientos que le suceden a los protagonistas, como son los casos de Gulliver y Cándido, la técnica de los novelistas consiste en establecer un contraste entre las sociedades existentes y las utópicas y es precisamente en la muestra de ese contraste donde se encuentra la crítica a las sociedades existentes.
Para finalizar este trabajo sobre la literatura utópica comentaré brevemente las principales características de las tres obras mencionadas y me referiré puntualmente al tratamiento que se le da al tema del oro en cada una de ellas, de manera de establecer una comparación entre estas tres obras representativas del género.
UTOPÍA, TOMÁS MORO (1516). Tomás Moro divide su obra Utopía en dos libros, el primero de ellos presenta una introducción y un diálogo que el personaje de Tomás Moro tiene con los personajes Peter Giles y el explorador y filósofo Raphael Hythloday, donde se critica a la Inglaterra de su época. El segundo libro se centra en la descripción que Hythloday hace de la isla de Utopía, adonde llega tras un naufragio. Socialmente la isla está regida por un modelo patriarcal, donde los ciudadanos gozan de amplias libertades dentro de un sistema basado en el respeto y la tolerancia. Allí se habla de una ley natural que es la que rige las verdades políticas y morales. No es una sociedad similar a la edénica ni a la de la Edad de Oro griega, puesto que los ciudadanos tienen que trabajar, aunque lo hagan de forma medida y tengan tiempo estipulado para el descanso y la recreación. Esta sociedad se va a diferenciar de otras utopías, de la de El Dorado por ejemplo, en que está presente el crimen.
En cuanto al tema del oro, vemos que en la isla de Utopía es un metal despreciado, es utilizado para confeccionar orinales, bacinillas, cadenas y grillos con que sujetaban a los esclavos. A diferencia de lo que sucedía en las sociedades europeas de la época, donde el oro era tenido en gran estima y era un símbolo de poder, en Utopía está vinculado a lo más despreciable. Allí se dice que para castigar los delitos más infames colgaban zarcillos en las orejas de los delincuentes, y les llenaban los dedos de anillos de oro; también les hacían gruesos collares y les ponían en la cabeza un bonete de oro en señal de castigo. Es indudable la fuerte crítica a las sociedades existentes: los utopienses eran conscientes de la estima en que se tenía al oro en otros lugares pero no comprendían cómo se podía estimar la posesión de ese metal tan inútil y cómo hombres despreciables eran respetados simplemente por acumular grandes cantidades de oro. Todo esto los llevaba a concluir que los países que estimaban el oro, por encima incluso de las vidas humanas, estaban gobernados bajo un sistema ignorante y erróneo.
LOS VIAJES DE GULLIVER, JONATHAN SWIFT (1726). Los viajes de Gulliver tiene la estructura clásica de los libros de viajes, donde el personaje protagónico Lemuel Gulliver se va a enfrentar a diferentes situaciones que le servirán a Jonathan Swift para satirizar la sociedad de su época y para reflexionar sobre los temas fundamentales que hacen a la condición humana. El texto se encuentra escrito en primera persona y Gulliver aparece como el autor (ficticio) y narrador protagonista de los acontecimientos. La obra se divide en cuatro libros y cada uno de ellos refiere a un viaje diferente; I: Viaje a Lilliput, II: Viaje a Brobdingnag, III: Viaje a Laputa, Balnibarbi, Luggnagg, Glubbdubdrib y Japón y IV: Viaje al país de los Houyhnhnms.
El relato de características utópicas se encuentra en el cuarto libro, titulado “Viaje al país de los Houyhnhnms”. Como ya se dijo anteriormente, una de las características de este tipo de ficciones es que los personajes llegan a los países utópicos por hechos fortuitos e ignoran el lugar al que llegan. Esto lo podemos ver claramente en las tres obras elegidas como ilustrativas. En el caso particular de Gulliver, el protagonista, luego de haber estado prisionero en el camarote de un barco, es abandonado por su tripulación en una playa desconocida tanto por él como por quienes lo abandonan. Allí se encontrará con una sociedad gobernada por caballos (Houyhnhnms), quienes conviven con unas criaturas repugnantes (Yahoos) llenas de vicios, carentes de nivel intelectual y razón, que no son otra cosa que seres humanos salvajes e involucionados. Los Houyhnhnms tienen un lenguaje propio, son racionales, no conocen la mentira, toman las decisiones sociales en asambleas y gobiernan el país sometiendo los instintos a la razón. Los Yahoos, que viven como sirvientes de los Houyhnhnms, son animales agresivos, irracionales y avaros. Esta realidad llevó a que Gulliver admirara profundamente la cultura de los Houyhnhnms y a su vez pasara a rechazar a los seres humanos que, según él, utilizaban la poca razón que tenían para potenciar su maldad natural. Lastimosamente, pronto se vio envuelto en un conflicto existencial en aquel país, ya que sus características físicas lo ubicaban como perteneciente a la raza de los Yahoos y si bien llegó a ser aceptado por los Houyhnhnms, por presentar un comportamiento muy diferente a las criaturas que habitaban el país, finalmente fue expulsado de aquel dichoso lugar porque los Houyhnhnms no pudieron dejar de ver el peligro que sería para su sistema social un Yahoos racional.
Al tema del oro, en este relato, no se lo trata específicamente como se lo hace en Utopía y en el país de El Dorado de Cándido o el optimismo. No obstante eso, hay un pasaje muy interesante en el capítulo séptimo de este libro cuarto de Los Viajes de Gulliver, donde se da un diálogo muy significativo entre el protagonista y el Houyhnhnms a quien llama "mi amo". El caballo cuenta que en ciertos campos del país se encuentran unas piedras brillantes que apasionan a los Yahoos, quienes las extraen de la tierra y las ocultan como un tesoro, y en los campos donde estas piedras son abundantes se dan entre los Yahoos las más cruentas batallas por la obtención de las mismas. El Houyhnhnms amo no puede dejar de vincular la actitud de los Yahoos con el principio de avaricia que Gulliver le había contado que imperaba en su mundo, mostrando de forma crítica el perjuicio que implica para la sociedad el individualismo humano.
CÁNDIDO O EL OPTIMISMO, VOLTAIRE (1759). Cándido o el optimismo se titula la obra filosófica de Voltaire donde aparece el país de El Dorado. Son los capítulos XVIII y XIX de la referida obra los que van a introducir el relato de características utópicas. En El Dorado el poder está en manos de un sistema monárquico que se interesa de forma destacada en el desarrollo científico. La población no sufre ningún tipo de necesidad, sus habitantes carecen de codicia y no hay problemas de tipo religioso ni sufrimiento.
La crítica social se da fundamentalmente a través del asombro que siente el protagonista Cándido con respecto a lo que descubre en la sociedad de El Dorado. En los diálogos que establecen los visitantes, Cándido y Cacambo, con los habitantes del lugar se da un claro contraste entre el avanzado y ordenado mundo utópico y las sociedades existentes.
El tema del oro está presente desde el mismo nombre del país. El Dorado es un legendario reino que Voltaire versiona a su manera en la novela, es un país de leyenda que tanto les quitó el sueño a los conquistadores que buscaban las riquezas americanas. En la obra de Voltaire, Cándido hace una lectura de lo que ve en El Dorado desde sus propias concepciones europeizantes; por esta razón se va a sorprender y confundir cuando vea a los niños de una escuela vestidos con ropas de oro y jugando al tejo con grandes piedras de oro, rubíes y esmeraldas. No puede dejar de pensar que se trata de hijos de reyes y confunde también al maestro con lo que sería en la Europa de su época el preceptor de una familia real. Las actitudes del maestro y las de los visitantes son contrastantes. Partiendo del equívoco en que se encontraba Cándido junta una de las piedras con las que estaban jugando los niños e intenta devolvérsela al maestro pensando que estos hijos de reyes habían olvidado aquellas riquezas, lo que provoca la risa del maestro. De la misma forma se echan a reír los mozos del mesón cuando los visitantes intentan pagar lo que comieron con el oro recogido del camin. Finalmente despejarán sus dudas gracias a un anciano que les aclara que allí el oro no tiene el valor de cambio que se le da en Europa y que ellos son conscientes que es gracias a los peñascos y precipicios por los que están rodeados que se libran de la rapacidad de los europeos, que por obtener las piedras del país serían capaces de matarlos a todos.
Si bien los afortunados visitantes del país de El Dorado llegan a la conclusión de que es un sitio mejor que el lugar donde nacieron, no se conforman con pertenecer a una sociedad donde ellos serían uno más. Esto los lleva a querer abandonar aquel sitio, no sin antes pedir al rey que les regale unos cuantos carneros cargados de oro con lo que establecerían la diferencia de riquezas que les permitiría tener poder en el mundo que conocen.
Artículo publicado en la revista digital Vadenuevo www.vadenuevo.com.uy . Diciembre de 2014. Disponible aquí: http://www.vadenuevo.com.uy/index.php/the-news/3276-75vadenuevo10
sábado, 22 de noviembre de 2014
Mieles de luna (poesía)
(Poema tomado del libro Poesía de los pájaros pintados)
Mieles de luna
Dónde,
mi hechicera bohemia, andan tus pasos
tus
ojos de fuego, tus manos de tierra.
Acaso
arrastrarías tu manto de estrellas
por
las estrechas calles de esta noche sin luna.
Ven
a poblar mi soledad de árbol
mi
ausencia sin canciones
mis
poemas febriles
como
viudas sin dote.
No
dudaría en arrebatar tus labios de sangre
derramarme
en la miel de tu vientre,
y
guardar mis nervios, dagas que me atraviesan
en
el cofre blanco que se esconde
en
las lunas de tu pecho.
Fernando Chelle
· Editorial: CreateSpace
Plataforma Independent Publishing; 1 edición (27 de diciembre de 2013)
· ISBN-10: 1494809419
· ISBN-13: 978-1494809416
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Pintura: “Noche Estrellada" de
Vincent Van Gogh.
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