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miércoles, 4 de marzo de 2015

LITERATURA UCRÓNICA



¿Qué hubiera pasado si…?





Ficciones que especulan sobre los posibles caminos que hubiera podido seguir una sociedad si un determinado hecho histórico no se hubiera dado como en realidad se dio. Obras que parten de acontecimientos históricos verdaderos, conocidos por los lectores, pero los cambian, creando una realidad alternativa donde transcurre la ficción novelesca.


Por Fernando Chelle


En números anteriores de  vadenuevo escribí sobre dos modelos literarios que se han dado fundamentalmente dentro de la novela, que fueron muy importantes en diferentes épocas de la literatura y que, con sus variantes, se mantienen de alguna manera vigentes hasta nuestros días. Me refiero a la literatura utópica, abordada en el número 75 (Véase AQUÍ http://www.vadenuevo.com.uy/index.php/the-news/3276-75vadenuevo10) y a la literatura distópica, estudiada en el número 76 (Véase AQUÍ http://www.vadenuevo.com.uy/index.php/the-news/3297-76vadenuevo09).
El tema del presente artículo es la literatura ucrónica, obras que al igual que los modelos estudiados parten y toman como referencia una realidad concreta para la ficcionalización de otros mundos posibles, aunque los objetivos que buscan estos tres tipos de ficciones sean bien distintos.
En el caso de la literatura utópica, veíamos como se trata de ficciones que describen el funcionamiento de un estado ideal, no localizado en un lugar específico, perfectamente pensado, tanto desde el punto de vista político, social, científico y en ocasiones religioso, donde los habitantes cuentan con una predisposición  natural a aceptar las leyes y normas de convivencia. Decíamos que estos estados ideales de ficción, se presentan como alternativos a los del mundo real y que los proyectos que se describen allí guardan relación con los que se encuentran en el mundo existente, son una herramienta utilizada por los autores para proyectar sus concepciones acerca de una sociedad ideal. Mediante la comparación, que se hace implícita al lector, entre lo existente y lo ficcional, está comprendida la crítica a lo establecido en el mundo real, son manifestaciones tendientes a mostrar la posible realización humana, a plasmar lo deseado, a trascender dentro de la ficción hacia mundos más justos y esperanzadores.  
En el caso de las distopías, dijimos que son obras que se han considerado hijas bastardas de las clásicas utopías, o una especie particular de utopía de carácter negativo que surgió en las primeras décadas del siglo XX. Veíamos también, como en estas obras el futuro aparece muy distinto a como lo habían soñado los utopistas clásicos. Las distopías comienzan siendo una respuesta a un determinado momento histórico muy especial que vivía la humanidad; la finalización de la primera guerra mundial, los regímenes totalitarios y el peligro nuclear entre otros. Las obras distópicas funcionan como una alerta a la sociedad sobre los totalitarismos, la pérdida de libertad, la masificación, la manipulación psicológica, la desindividualización y muestran sociedades futuras alienantes, absurdas, carentes de libertad.
La literatura ucrónica, a diferencia de la utópica, no va a venir a plantear un modelo de sociedad ideal, ni tampoco, como lo hace la literatura distópica, va a proyectar una construcción social alienante, sino que va a especular sobre los posibles caminos que hubiera podido seguir una sociedad si un determinado hecho histórico no se hubiera dado como en realidad se dio, el resultado puede llegar a ser similar al de una utopía, al de una distopía o ser totalmente distinto al de estos dos modelos de sociedades ficticias. Las obras ucrónicas siempre parten de acontecimientos históricos verdaderos, conocidos por los lectores, pero los cambian, los desvían y conjeturan, especulan, sobre cómo sería la vida cotidiana en determinadas sociedades si cierto acontecimiento hubiera sido diferente, para esto crean una realidad alternativa donde transcurre la ficción. Los acontecimientos narrados no sucedieron en la realidad pero perfectamente podrían haber sucedido, de manera que la reconstrucción alternativa de la sociedad ucrónica es coherente y siempre está basada en la lógica de lo que podría haber pasado. Son narraciones que de alguna manera están emparentadas con la novela histórica pero donde a partir de determinado punto los hechos referidos se desarrollan de forma diferente a como los conocemos. Son obras que parten de un postulado hipotético, por ejemplo ¿qué hubiera pasado si?... los dinosaurios no hubieran desaparecido, el cristianismo no hubiera triunfado dentro del Imperio romano, los pueblos originarios nunca hubieran sido conquistados, si John F. Kennedy no hubiera recibido ese disparo el 22 de noviembre de 1963, si Fidel Castro no hubiera triunfado en Cuba, si los Aliados hubieran sido derrotados por las llamadas potencias del eje en la segunda guerra mundial, en fin,  los ejemplos se podrían multiplicar innumerablemente. Estas obras suelen tomar un punto específico, un evento histórico particular y lo cambian, lo modifican, dando lugar al pasaje de una realidad histórica a una realidad ucrónica, ese punto que podría ser el hecho de que Kennedy no hubiera recibido el disparo, por tomar uno de los ejemplos señalados, se conoce como punto Jonbar, término creado por Geoffrey Hawthorne en su libro de 1991 Plausible Worlds: Posibility and Understanding in History and the Social Sciences, y que hace alusión al personaje John Barr, del autor de ciencia ficción Jack Williamson, quien en un relato de 1930 tenía que decidir por un guijarro o por un imán y de esa elección dependería el mundo al que se iba a acceder.
El primero en utilizar la palabra “ucronía” fue el filósofo positivista francés Charles Bernard Renouvier, quien la utilizó en su obra de 1876 Uchronie, l’utopie dans l’histoire (Ucronía: La utopía en la Historia). Allí se imagina un desarrollo alternativo de la sociedad occidental, donde  el cristianismo no triunfa en el Imperio romano, y la cultura clásica sobrevive otros 1000 años. Vemos como Renouvier hace referencia en el título de su obra también a la obra de 1516 Utopía de Tomás Moro y da a entender que una “Ucronía” es una “Utopía” en el tiempo. “Utopía” compuesta del griego “οu” (no) y “topos”  (lugar), sería 'lo que no está en ningún lugar', mientras que “ucronía” está compuesta por el griego “ou” (no) y “cronos” (tiempo), significaría “lo que no está en ningún tiempo”.
Con la literatura ucrónica pasa algo similar con lo que sucedió con la literatura utópica. Recordemos que el nombre genérico de “literatura utópica”, comenzó a utilizarse a partir de la obra de Tomás Moro, cuando en realidad en la historia de la literatura ya existían obras con las características de las del autor inglés. Con las ucronías sucede algo similar, porque si bien el término fue acuñado, como ya vimos, por Charles Bernard Renouvier en 1876, ya existían obras con la característica de alterar los acontecimientos históricos y ficcionalizarlos. Se considera, que el capítulo IX de la Historia de Roma desde su fundación, escrita por el historiador Tito Libio en el siglo I a. C es el primer texto que presenta características ucrónicas, allí el historiador romano especula como hubiera sido el desarrollo de la historia conocida si Alejandro Magno hubiera iniciado sus conquistas hacia Roma, e imagina una guerra hipotética entre el imperio de Alejandro Magno y Roma en el siglo IV a. C. Otra obra de características ucrónicas que precede a la de Charles Bernard Renouvier es Historia de la Monarquía Universal: Napoleón y la conquista del mundo, escrita en 1836 por el francés Louis-Napoleón Geoffroy-Château, donde vemos a un Napoleón que llega a ser emperador del planeta, comienza por  conquistar Rusia en 1812, y luego va conquistando en sucesivas campañas el resto del mundo.
Por lo general son obras que transcurren en un presente alternativo, aunque la narración se sitúe en un momento histórico del pasado. Allí los autores ucrónicos especulan sobre como hubiera sido la historia si los acontecimientos tomaban otros rumbos, critican en muchos casos, de forma implícita, como se dieron las cosas realmente y le dejan al lector un mundo de ficción para que inevitablemente establezca una comparación entre lo imaginado por el autor y la historia real que él ya conoce.
Es importante no confundir las ucronías literarias con la teoría de los universos paralelos, ni tampoco con ciertos estudios históricos conocidos como historia contrafactual.  La teoría de los universos paralelos, basada tanto en la matemática como en la física cuántica, implica la existencia de dos o varios universos que coexisten en un mismo tiempo de forma independiente y que se interconexionan, de forma que existe la posibilidad de pasar de uno a otro de forma transversal, mientras que las ucronías, transcurren en una única línea temporal, ficticia, y en un único universo. Por otra parte, los estudios académicos llamados historia contrafactual, si bien están muy próximos a las ucronías porque especulan sobre mundos alternativos, siempre parten de un estudio riguroso de la realidad histórica buscando comprender en primer lugar como no sucedieron las cosas para luego poder entender por qué los hechos se dieron de determinada manera, mientras que los autores de ucronías literarias no necesariamente tienen que ser tan rigurosos o específicos con los detalles históricos y tienen mucha más libertad para elegir el punto Jonbar que deseen para desarrollar su historia alternativa.
Como dije cuando me refería a las características de las ucronías los ejemplos sobre los que podrían trabajar los autores son múltiples y de hecho así lo han sido. Para terminar el artículo me referiré brevemente a dos obras paradigmáticas de la literatura ucrónica, en primer lugar haré referencia a una obra de 1962 El hombre en el castillo del autor norteamericano Philip K. Dick, quizá la más conocida de las ucronías y en segundo lugar a Watchmen la novela ilustrada de Alan Moore y Dave Gibbons de 1985.
El hombre en el castillo
Uno de los temas más recurrentes en distintas ucronías, quizá por mostrar la materialización de una temida pesadilla, es la especulación sobre que hubiera sucedido si en la Segunda Guerra Mundial Hitler hubiera resultado victorioso. Este tema es abordado por el autor norteamericano Philip K. Dick, en su obra de 1962 El hombre en el castillo, allí el autor especula sobre la posibilidad de la derrota de los aliados en la guerra y la conquista y división del territorio norteamericano por parte de los japoneses y los alemanes quienes han absorbido a la Italia fascista. La acción de la novela transcurre en 1962, el mismo año de su publicación, pero muestra un Estados Unidos muy distinto al real, los alemanes y japoneses han dividido el territorio en tres partes, los alemanes se ubican en la costa este mientras que los japoneses lo hacen en la oeste quedando en la mitad del territorio una franja de estados autónomos pero que a su vez están divididos en dos áreas de influencia, una japonesa y otra alemana. En esta ucronía los nazis continúan con su política de exterminio masivo pero se centran ahora en África e impulsan su expansión por el espacio, en tanto los japoneses tratan por todos los medios de adaptar a los norteamericanos a su cultura. Como se dijo anteriormente, en las ucronías los autores no solo buscan especular sobre como hubiera sido la historia si los acontecimientos tomaban otros rumbos, sino que también de forma implícita critican como se dieron las cosas en la realidad, en este caso Philip K. Dick, con la repartición que crea de Estados Unidos por parte de sus conquistadores alude de alguna manera a la repartición que hicieron de Alemania los aliados. Estas comparaciones las podrá hacer fácilmente el lector estableciendo paralelismos entre lo ficcionalizado y lo real, fijándose si realmente las cosas hubieran cambiado demasiado de seguir otros rumbos. Otro tema presente en la obra es la muestra de una sociedad donde continúa el racismo, que el lector también podrá comparar si se aleja demasiado de lo que ocurría por esos años en la realidad norteamericana.
Un hecho curioso dentro de este universo de ficción es la presencia de una novela que circula de forma clandestina en la sociedad, titulada “La langosta se ha posado” de un tal Hawthorne Abdensen  a quien sorprendentemente se le había ocurrido la “loca idea” de contar una historia alternativa a la que se vivía en esa sociedad, muy similar a la historia real, donde los vencedores de la guerra habían sido los aliados. Con esto Philip K. Dick crea una especie de juego de espejos, donde los personajes lectores de su ficción al enfrentarse a la realidad alternativa de “La langosta se ha posado” experimentan lo que nosotros sentimos al leer la realidad alternativa que se muestra en El hombre en el castillo.
Watchmen
Otra obra que transcurre dentro de una realidad ucrónica es  Watchmen, la novela ilustrada de Alan Moore y Dave Gibbons. La acción transcurre en 1985 en Estados Unidos, donde sigue gobernando el presidente Richard Nixon luego de haber salido victorioso de la guerra de Vietnam gracias a los poderes del Doctor Manhattan. Este personaje, llamado Jon Osterman antes de convertirse en superhéroe, fue utilizado por el gobierno norteamericano como un arma de guerra. Luego de un accidente que sufrió el reconocido físico nuclear Osterman en el año 1959 cuando quedó atrapado en la sala del Campo Subtractor Intrínseco, logró obtener poderes sobre la materia. El gobierno norteamericano inventó la fachada de un funeral y puso a su servicio los poderes de este superhéroe a quien lo veían como un dios y un arma mortal, lo llamaron el Doctor Manhattan para atemorizar a los enemigos de Estados Unidos. En un momento de la novela el Doctor Manhattan  recuerda como en enero de 1971 el presidente Richard Nixon lo utilizó en la guerra de Vitnam, donde solo le bastó una semana para acabar con el enemigo. En 1985, tiempo en que transcurre la acción de la novela todos los superhéroes habían sido ilegalizados en Estados Unidos, menos el Doctor Manhattan y El comediante, otro superhéroe que es asesinado al comienzo de la narración. El Doctor Manhattan es el instrumento de guerra principal que tiene Estados Unidos para resguardarse de las amenazas enemigas y lo utilizan para frenar el avance de la Unión Soviética ya que las dos naciones se encuentran al borde de una guerra nuclear.

Artículo publicado en la revista digital Vadenuevo www.vadenuevo.com.uy. Marzo de 2015. Disponible aquí: http://www.vadenuevo.com.uy/index.php/the-news/3340-78vadenuevo09 



miércoles, 4 de febrero de 2015

Estudio de "El Aleph", de Jorge Luis Borges

La multiplicidad infinita del universo



Un acercamiento al cuento paradigmático de la literatura de Jorge Luis Borges. Son muchos los críticos literarios que consideran este texto una de las mejores obras de ficción de todo el siglo XX.

 
Por Fernando Chelle


El texto elegido para comentar en este artículo literario pertenece al escritor argentino Jorge Luis Borges (Buenos Aires, Argentina, 24 de agosto de 1899 ‑ Ginebra, Suiza, 14 de junio de 1986). Se trata de un cuento titulado El Aleph, considerado por una parte de la crítica literaria mundial como una de las mejores ficciones del siglo XX. El texto fue publicado por vez primera en la revista Sur en el año 1945 y posteriormente formó parte del libro homónimo que publicó la Editorial Emecé de Buenos Aires en 1949.
Este cuento paradigmático de la literatura borgiana es el que cierra un libro que contiene diecisiete relatos, donde de alguna manera cada uno de ellos trata sobre algún conjunto en particular (sobre algún catálogo), y donde se encuentran los temas más recurrentes del autor argentino; el tiempo, la muerte, la inmortalidad, la búsqueda del conocimiento vinculada a la curiosidad, la cábala, los laberintos, las bibliotecas, la referencia a diferentes obras del canon universal, la incapacidad del ser humano de enfrentarse a la eternidad, el universo, la infinitud, los dioses, el azar, entre otros. La obra toma el nombre del símbolo matemático א (número álef) que señala el tamaño de conjuntos infinitos y que para las doctrinas místicas de la Cábala significa la multiplicidad infinita del universo. En esta primera letra del alfabeto hebreo los místicos judíos vieron la raíz espiritual de todas las letras, una letra que las contiene a todas y por ende contiene todos los elementos del lenguaje humano. Según esta tradición la letra (álef) es un símbolo del universo y de la voluntad divina, ya que fue la única letra que los mortales escucharon de la voz de Dios.
Este libro de Borges, donde confluye lo tradicional y lo metafísico, está escrito con una prosa, si bien profunda, sobria, fácil de leer; posee la virtud de abordar temas sumamente complejos en tramas sencillas, esto lo podemos ver claramente en el cuento elegido para el artículo, donde si bien se recrea una experiencia trascendental, la narración es simple, lineal.
El cuento está narrado en primera persona por un narrador protagonista, que curiosamente tiene el mismo apellido que el autor; esto no es más que un juego que utiliza el escritor de la narración que ayuda a que aparezcan desdibujados los parámetros que separan la realidad de la ficción y que se suma a otros elementos de carácter verosímil que aparecen en el texto y que forman parte de una realidad reconocible.
Esta obra tiene como principal tema la experiencia del enfrentamiento de un individuo, en este caso el narrador protagonista, al infinito, representado en un objeto llamado el Aleph, que no es otra cosa que un punto en el universo (microcosmos) que contiene a su vez todos los puntos del universo (macrocosmos). Borges-autor ha utilizado en este relato de características fantásticas un procedimiento consistente en ubicar un objeto de características simbólicas en un ámbito cotidiano y real como es un sótano en plena ciudad de Buenos Aires. Lo fantástico se caracteriza por incluir lo sobrenatural en lo cotidiano; en el caso de este cuento no solo se narran acontecimientos completamente realistas, sino que estos acontecimientos están anclados en una realidad perfectamente reconocible, verosímil. Allí está no solo la ciudad de Buenos Aires, sino también el barrio Constitución, los nombres de autores como Juan Crisóstomo Lafinur y Pedro Henríquez Ureña entre otras referencias del mundo real; esto le permite jugar con una realidad verosímil, ficcionalizarla y luego adentrarse en otra dimensión fantástica que es donde se encuentra el Aleph.
A la hora de describir la multiplicidad de las cosas del universo que refleja el Aleph, el narrador se enfrenta a la imposibilidad de hacerlo de forma completa mediante un instrumento tan limitado como el lenguaje humano y por esa razón acude a enumeraciones caóticas que de alguna manera lo acercan a una sucesión interminable. Pero si bien este es el tema central del relato, hay otros dos que también forman parte del eje narrativo del cuento. Ellos son: la relación de amor frustrado entre Borges‑protagonista y la desaparecida Beatriz Viterbo, y por otro lado la relación de carácter personal y literario que mantiene Borges‑protagonista con el primo de Beatriz, Carlos Argentino Daneri.
El relato se podría dividir en tres momentos: en primer lugar, los hechos que suceden en la vida del protagonista antes de la contemplación del Aleph, luego la contemplación propiamente dicha y por último las reflexiones que despierta en el personaje la contemplación del maravilloso objeto.
Luego de dos breves citas, una tomada de Shakespeare y otra del Leviathan, comienza el relato haciendo referencia a la muerte de Beatriz Viterbo, amiga del narrador protagonista. En la primera parte del relato, que se corresponde con los hechos que le suceden a Borges‑protagonista antes de la contemplación del Aleph, el personaje nos cuenta cómo se fue haciendo un visitante frecuente de la casa de su difunta amiga, lugar donde se encuentra con el padre de Beatriz y fundamentalmente con su primo, Carlos Argentino Daneri, autor de un poema titulado “La tierra”, con el que intenta mostrar toda la redondez del planeta. El personaje Borges, mantiene extensas charlas con Daneri que le sirven al Borges‑autor para dar sus puntos de vista sobre diferentes conceptos referentes al mundo literario. Satíricamente el autor ha creado un personaje como Daneri que es quien personifica dentro de la narración la imagen de un seudopoeta, consagrado por premios nacionales; es indudable la crítica implícita que se hace a la mala literatura por parte de Borges, ya que las estrofas transcritas del primo de Beatriz, y que este considera valiosas, no son más que torpes versificaciones extravagantes. En una ocasión, Daneri llama por teléfono a Borges para invitarlo a tomar la leche en el bar de Zunino y de Zungri, los propietarios de la casa de la calle Garay donde tradicionalmente había vivido. Allí le lee algunas estrofas del poema y Borges teme que Daneri termine pidiendo que le prologue el libro, cosa que no sucede ya que el pedido que le hace apunta a que Borges funcione como un intermediario con el escritor Álvaro Melián Lafinur, para que este último prologue la obra. En una primera instancia Borges acepta cumplir la función de intermediario y hablar con Lafinur, pero una vez que se despide de Carlos Argentino Daneri lo piensa mejor y decide no hacerlo y hacerse responsable de su decisión. Meses después Borges recibe otro llamado de un desesperado Daneri que le cuenta que Zunino y Zungri planeaban derrumbar la casa de la calle Garay, lugar donde, le cuenta a modo de confesión, hay en el sótano un Aleph, un espacio donde se confunden todos los espacios del orbe, que había descubierto siendo niño y ahora le era necesario para culminar una novela que estaba escribiendo. Ante estas palabras, Borges se siente tentado de ir inmediatamente a conocer el maravilloso objeto. Una vez en la casa, Daneri ofrece a Borges una copa de coñac, lo invita a bajar al sótano y le indica la posición que debe adoptar para poder contemplar el Aleph. Por un momento Borges sospecha que Daneri lo quiere matar y que su curiosidad lo ha hecho caer en la trampa, pero nada de eso sucede, sino que al cabo de seguir los pasos que Daneri le ha indicado para poder ver el objeto finalmente puede contemplar el universo en un punto preciso. Así es que el maravillado protagonista ve una esfera cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna; un objeto en que se refleja el Todo, sin límite de espacio, y donde el tiempo son todos los tiempos fusionados en una realidad simultánea; ve diversos sitios de diferentes lugares, ve el pasado, el presente y el futuro y accede en ese momento a los más recónditos secretos que guarda el universo. La fantástica contemplación hace sentir al protagonista infinita veneración e infinita lástima y solo atina a decirle a Daneri, que busca la complicidad de su invitado: “Formidable. Sí, formidable”. Borges opta por no hablar con su anfitrión de la magnífica visión y lo termina instando a que finalmente aproveche la demolición de la casa para alejarse definitivamente del Aleph. Nunca sabemos si son coincidentes las visiones que tienen ambos personajes acerca del Aleph, Borges opta por no contestar la pregunta que le hace Daneri: “-¿Lo viste todo bien, en colores?”
El cuento finaliza con una posdata donde el protagonista informa que la casa fue finalmente demolida en 1943 y por ende el Aleph fue destruido. También hace referencia a la suerte que corrió Daneri como escritor y a dos circunstancias sobre la naturaleza del Aleph, una sobre su origen y otra sobre su posible falsedad. Estas reflexiones están basadas en citas de algunos textos de autores clásicos y de otros contemporáneos. A las distintas hipótesis sobre lo sucedido con el objeto, el protagonista suma la posibilidad de que lo haya visto pero lo haya olvidado.
Es innegable el paralelismo que se podría establecer en este relato con algunos pasajes de obras como “La Divina Comedia” de Dante Alighieri, donde Beatriz Viterbo sería comparable a Beatriz Portinari, porque es gracias a ella que Borges ‑al igual que Dante‑ puede llegar a la divinidad, en este caso representada en el Aleph. Algo similar sucedería con “La República” de Platón, donde se podría comparar el descenso al sótano con el mito de la caverna, donde los personajes están inmóviles y ven imágenes que vienen a sustituir la realidad. Pero tanto estos paralelismos como las numerosas posibles interpretaciones que podemos hacer del cuento desde distintos puntos de vista, que irían desde lo literario hasta lo filosófico y lo teológico, serían parte de un estudio que excede a este artículo, en que apenas se ha intentado un acercamiento a un texto imprescindible de la literatura del pasado siglo.
Artículo publicado en la revista digital Vadenuevo www.vadenuevo.com.uy. Febrero de 2015. Disponible aquí: http://www.vadenuevo.com.uy/index.php/the-news/3317-77vadenuevo12

sábado, 6 de diciembre de 2014

Surrealismo cojo (poesía)

(Poema tomado del libro Poesía de los pájaros pintados) 




Surrealismo cojo

Cráteres desnudos de apagados vientos
crispan la sombra de un sueño perruno
es el mismo sobre de guantes opacos
quien cubre de tiempo camaleón oscuro.

Sombra de viento sopla desde el alma
caen deshechas pizarras y juncos
como el alto muro de viejos cuarteles
apresan el sueño de un libre futuro.

Sopla desde el grito de origen lejano
barriendo borrascas de tiempo, y el mundo
contempla asolado al meditabundo


Fernando Chelle


·         Editorial: CreateSpace Plataforma Independent Publishing; 1 edición (27 de diciembre de 2013)
·         ISBN-10: 1494809419
·         ISBN-13: 978-1494809416 

Poesía de los Pájaros pintados (Colombia 2013). Adquirir: AQUÍ
Leer otros poemas seleccionados del libro AQUÍ
Pintura: Adrián Borda.

martes, 4 de noviembre de 2014

FELISBERTO HERNÁNDEZ (II) La fantástica extrañeza de lo cotidiano



Narrador profundamente original, desestructurado, autoficcional, extraño, con grandes dosis de humor. El escritor que no se parece a ninguno, el fantástico Felisberto. En este artículo: etapas y características de su obra, junto a un análisis literario del cuento Muebles: El Canario.

 

Por Fernando Chelle

 

En el número anterior de Vadenuevo se publicó la primera parte de un estudio sobre la obra del escritor uruguayo Felisberto Hernández. Ese artículo abordó la recepción que ha tenido la obra felisbertiana a través de la historia por parte de diferentes críticos y escritores. Aquí se estudiarán las distintas etapas de la obra del autor y las características principales que presenta esa obra, y se analizará literariamente uno de sus relatos más conocidos, Muebles: El Canario.

 

Obra literaria de Felisberto Hernández

 

Se puede dividir en tres etapas:

 

a) De iniciación, que comprende sus cuatro primeros libros: Fulano de tal (1925), Libro sin tapas (1929), La cara de Ana (1930), y La envenenada (1931).

b) De madurez, que incluye Por los tiempos de Clemente Colling (1942) y El caballo perdido (1943).

c) Etapa final, que abarca el resto de su obra: Tierras de la memoria (publicada póstumamente, en 1965), Nadie encendía las lámparas (1947), Las hortensias (1949) y La casa inundada (1960).

A esta clasificación en etapas se le deben sumar otros textos y fragmentos pertenecientes a distintas épocas que póstumamente aparecieron reunidos en Diario del Sinvergüenza y Últimas invenciones (Editorial Arca, 1974). En otra publicación realizada por la Editorial Arca en 1969, titulada Primeras invenciones, figuran además de los cuatro primeros libros, cuatro cuentos inéditos y algunos publicados en periódicos como así también tres poesías que datan del año 1932 y 1934. Aunque resulte extraño este último dato, Felisberto también incursionó en el género lírico, al igual que en el dramático, donde compuso una obra breve, aunque a estos géneros no los siguió cultivando.  

 

Características de la obra de Felisberto Hernández

Lo primero que notamos cuando nos enfrentamos a cualquier obra de Felisberto Hernández, es que estamos frente a un narrador original, donde las historias no recorren los caminos tradicionales de la organización narrativa. Sus cuentos, parecen carecer de una estructura sólida que los sustente, se van construyendo mediante la asociación de ideas y motivos, y en su mayoría no presentan finales concluyentes. Las atmósferas internas de los relatos son extrañas, donde los objetos parecen tener vida propia, las partes del cuerpo parecen tener independencia, lo real se mezcla con lo fantástico y donde todo se expresa en un lenguaje sencillo y cotidiano con grandes dosis de humor.

Es notable también en estos relatos, la repetición del mismo tema o motivo, a saber, los sucesos que le acontecen a un pianista itinerante. Es importante destacar, que el material narrativo con el que Felisberto trabajó fue tomado de la vida real. En la mayoría de sus relatos, podríamos decir que existe un fuerte componente autobiográfico ya que Felisberto fue en su vida un pianista que recorrió gran cantidad de pequeñas ciudades del interior del Uruguay y la Argentina dando conciertos. De esa realidad, el autor supo sacar los contenidos de su literatura, tomó elementos históricos y los transmutó en literarios, siempre desde una mirada retrospectiva donde la memoria juega un papel fundamental. Los recuerdos de esas pequeñas ciudades y pueblos, con sus humildes teatros, comercios y plazas, son los que se encuentran en sus relatos. No hay nunca una identificación precisa de lugares determinados, la acción de cuentos como El Balcón y El cocodrilo, por ejemplo, bien podría suceder en Rocha, en Florida como en Mercedes, por nombrar solo tres ciudades que coinciden con los lugares donde Felisberto publicó sus primeras obras. Quizá el lugar más identificable está presente en Por los tiempos de Clemente Colling, donde se recrean las mansiones señoriales de la zona del Prado montevideano y el recorrido del tranvía 42, pero incluso este lugar determinado, en el relato está en función de la evocación, no responde a la necesidad de recrear aspectos geográficos o históricos ya que el centro de interés son los recuerdos del propio personaje.

Ese fuerte componente autobiográfico que presenta la obra de Felisberto, al que podríamos llamar autoficción, se vincula directamente con el estilo que el autor decidió darle a sus narraciones. Solo en unos pocos relatos se utiliza la tercera persona, la inmensa mayoría de ellos son contados en primera persona por un narrador protagonista. Este factor le da a las narraciones un tono informal, sobrio, coloquial. La transmutación de elementos históricos en literarios Felisberto la hizo con total sencillez, utilizando las palabras de todos los días, las más directas y fáciles, dejando de lado los términos más ampulosos y retóricos. Ese estilo conversacional, poco académico, hizo que parte de la crítica no dudara en atacarlo, acusándolo de tener un léxico reducido. Quizá estos críticos, anquilosados en sus parámetros estilísticos, no supieron apreciar en Felisberto un léxico que es adecuado al tono general de sus narraciones, personajes y situaciones y que crea en el lector una sensación de naturalidad y espontaneidad muy bien lograda.

Vinculados a la voz de una primera persona, aparecen los hechos contados que refieren siempre al tiempo del narrador. Al igual que como sucede con el espacio, el tiempo en las narraciones felisbertianas suele ser indeterminado. Sabemos por los tiempos verbales que se utilizan, o por determinados giros como “en aquel tiempo” que lo que se cuenta pertenece al pasado, que ya sucedió. Hay narraciones que refieren a hechos, lugares y personajes que Felisberto parece haber tomado de su infancia, otras de su adolescencia y otras de su edad madura, pero en esa evocación constante de sus relatos el tiempo aparece desdibujado, simplemente son acontecimientos que ocurrieron antes del momento de la narración.

Una de las características que los lectores parecen percibir más rápidamente en la literatura de Hernández es el dejo humorístico que la acompaña. El humor, lo cómico, al decir de Calvino “transfigura la amargura de una vida tejida de derrotas”, y es que el humor presente en las narraciones de Felisberto es el que posibilita el discurrir de situaciones absurdas, disolviendo acontecimientos que podrían resultar angustiantes o tormentosos si se les diera otro tipo de tratamiento. Situaciones vitales como las que tiene que enfrentar el personaje de El cocodrilo o el de Muebles “El Canario”, no son de por sí humorísticas, todo lo contrario, el humor ahí se transforma en el vehículo que permite transitar por terrenos de confusión, malestar y desconcierto.

Otra característica particular en la narrativa de Felisberto es el tratamiento que se le da a los objetos y a las distintas partes del cuerpo. En Por los tiempos de Clemente Colling el personaje narrador dice "En aquel tiempo mi atención se detenía en las cosas colocadas al sesgo", esto implica una mirada diferente sobre las cosas, donde se pretende desentrañar su misterio, su funcionalidad secreta e inexplicable desde un punto de vista racional. Es que en estos relatos los objetos parecen estar dotados de vida propia, estar personificados y no al servicio utilitario que le suelen dar los hombres.

Algo similar, pero a la inversa, sucede con las distintas partes del cuerpo, donde lo humano se cosifica. Hay una extraña mirada sobre el propio cuerpo, donde las diferentes partes parecen ser objetos autónomos también con vida propia. Esto lo podemos percibir en muchos relatos, pero es sobre todo en Diario del sinvergüenza, donde más claramente se ve este diálogo entre el narrador y su cuerpo. De esta manera, podemos ver cómo en el mundo felisbertiano se establece un extraño relacionamiento de cosas inanimadas y seres cosificados.

 

Lo fantástico

Para decirlo de forma muy resumida, se le denomina literatura fantástica a aquellos relatos que presentan sucesos que el lector no podría explicarse recurriendo a interpretaciones que partan de una realidad posible. El relato fantástico presentará al lector algún acontecimiento extraño, sorprendente, en medio de circunstancias que se podrían denominar normales. Frente a esto el lector podrá sentir dudas, incertidumbre, sorpresa, pero debe aceptar lo que se le está contando como posible dentro de la ficción narrativa, aunque esos sucesos sean inexplicables desde un punto de vista racional.

Mucho se ha discutido por parte de la crítica y de diversos escritores acerca de incluir o no a la literatura de Felisberto Hernández dentro del género fantástico. Hay quienes no dudan en tildarlo de fantástico, otros aceptan el calificativo pero con ciertas restricciones y hay quienes definitivamente rechazan ubicarlo dentro de esta categoría. Creo que el problema aquí, radica en el afán que se ha tenido tradicionalmente, no solo por parte de la crítica, de querer hacer corresponder las obras de arte a modelos, escuelas o tendencias canónicas. Esta intención reguladora, puede resultar muy útil a la hora de establecer similitudes y diferencias entre ciertas manifestaciones artísticas, pero debemos comprender que las obras son expresiones independientes de los modelos. Aparte de esto, tampoco podemos referirnos al conjunto de la obra de Hernández como perteneciente o no al género fantástico, hay algunos relatos que indudablemente presentan las características que, críticos como Todorov, atribuyen al género fantástico y también encontramos otros relatos que definitivamente no.

En una gran cantidad de relatos, Felisberto Hernández le da lugar a lo fantástico en medio de situaciones que podríamos calificar como normales, reales, verosímiles. Lo fantástico, en algunas de estas narraciones, es creado con los mismos elementos que componen el mundo real a los que se mira de una forma distinta. Lo extraño, lo sorprendente, Felisberto generalmente lo introduce en sus narraciones mediante expresiones o giros lingüísticos como por ejemplo: “en ese momento ocurrieron muchas cosas”, “ocurrió que”, "me ocurrió”, sin que haya una relación de causa y efecto entre lo que venía pasando en la narración y lo que va a ocurrir.

 

Análisis literario

El texto de Felisberto Hernández elegido para el análisis literario se trata de un cuento titulado Muebles “El Canario”, perteneciente al libro Nadie encendía las lámparas, publicado por la Editorial Sudamericana en la ciudad de Buenos Aires en el año 1947.

El tema central del cuento es, la invasión de los medios de comunicación al servicio de la publicidad en la intimidad de un individuo y de la sociedad en general.

Al referirme a las características de la obra de Felisberto, dije que las historias no recorren los caminos tradicionales de la organización narrativa, que son cuentos que carecen de estructura sólida que los sustenten y que se van construyendo mediante la asociación de ideas y motivos y que en su mayoría no presentan finales concluyentes. Esto es justamente lo que sucede con Muebles: “El Canario”, al detenernos en el texto queriendo establecer una posible estructura interna, nos enfrentamos a la dificultad que implica separar con claridad los distintos momentos que lo componen. De todas maneras hay en el relato una sucesión de acontecimientos que se van encadenando pero que se presentan al lector de forma muy trabada. Haré un esfuerzo, con una finalidad práctica y analítica, y trataré de mostrar cuáles son los eslabones de esa cadena.

El primer momento del relato refiere a los acontecimientos que le suceden al personaje central, narrador y protagonista del cuento, quien está regresando a la ciudad y de pronto se ve sorprendido por un acontecimiento inusual, extraño, sorprendente, ya que es inyectado en uno de sus brazos sin su consentimiento. Podemos establecer un segundo momento, pero repito, simplemente con una finalidad analítica, que comenzaría cuando el personaje desciende del tranvía, aquí el centro de interés serán las reflexiones del personaje acerca de lo que le acaba de ocurrir y el comienzo de los extraños y fantásticos efectos que experimenta. El tercer momento del relato, estaría marcado por los intentos en tratar de anular los efectos de la inyección que lleva adelante el protagonista, y luego asistimos al cuarto y último momento, que comprende el desenlace de la historia y que estaría marcado por el diálogo que el personaje protagonista establece con un hombre que inyectaba unos niños.

La propaganda de estos muebles me tomó desprevenido. Yo había ido a pasar un mes de vacaciones a un lugar cercano y no había querido enterarme de lo que ocurriera en la ciudad. Cuando llegué de vuelta hacía mucho calor y esa misma noche fui a una playa. Volvía a mi pieza más bien temprano y un poco malhumorado por lo que me había ocurrido en el tranvía. Lo tomé en la playa y me tocó sentarme en un lugar que daba al pasillo. Como todavía hacía mucho calor, había puesto mi saco en las rodillas y traía los brazos al aire, pues mi camisa era de manga corta.

El comienzo del relato es abrupto, no existe una introducción que nos sitúe al personaje en un determinado tiempo o lugar antes de comenzar la acción, sino que son las propias palabras del narrador protagonista las que están presentes al comienzo de la narración. El primer enunciado del cuento es muy importante, allí se refieren dos cosas, por un lado el tema central del relato “la propaganda” y por otro la actitud del individuo frente a esa acción publicitaria, ya que el personaje dice “me tomó desprevenido” con lo que se podría entender que existe la posibilidad de actuar de forma prevenida frente al acecho de la propaganda. Quizás aquí ya encontramos la primera crítica implícita a la invasión de los medios de comunicación al servicio de la publicidad. En la voluntad del personaje estaba el no querer enterarse de nada de lo que ocurría en la ciudad, porque estaba de vacaciones en un lugar cercano. Aquí podemos ver, como indiqué en las características de la obra de Felisberto, que no hay nunca una identificación precisa de los lugares donde transcurre la acción, el sitio donde estaba vacacionando simplemente era un lugar cercano.

Si reparamos en la utilización de los tiempos verbales, vemos que este narrador homodiegético está hablando desde un futuro: “La propaganda de estos muebles me tomó desprevenido”, esta es otra característica felisbertiana que habíamos señalado, lo que se cuenta pertenece al pasado, ya sucedió.

El protagonista dice volver a su “pieza” no a su casa, y esto es muy significativo, recordemos lo referido al fuerte componente autobiográfico en la obra de Felisberto, pues bien, como pianista itinerante el autor se alojaba frecuentemente en cuartos de pequeños hoteles que continuamente aparecen referenciados en su obra, este parece ser uno de esos casos. Pero veamos qué fue lo que ocurrió en el tranvía; la ubicación del personaje del lado del pasillo, con su saco en las rodillas y los brazos al aire prepara el terreno para comenzar la narración de los sucesos que van a acontecer.

Entre las personas que andaban por el pasillo hubo una que de pronto me dijo:

-Con su permiso, por favor…

Y yo respondí con rapidez:

-Es de usted.

Pero no sólo no comprendí lo que pasaba sino que me asusté. En ese instante ocurrieron muchas cosas. La primera fue que aun cuando ese señor no había terminado de pedirme permiso, y mientras yo le contestaba, él ya me frotaba el brazo desnudo con algo frío que no sé por qué creí que fuera saliva. Y cuando yo había terminado de decir «es de usted» ya sentí un pinchazo y vi una jeringa grande con letras. Al mismo tiempo una gorda que iba en otro asiento decía:

-Después a mí.

Yo debo haber hecho un movimiento brusco con el brazo porque el hombre de la jeringa dijo:

-¡Ah!, lo voy a lastimar… quieto un…

Pronto sacó la jeringa en medio de la sonrisa de otros pasajeros que habían visto mi cara. Después empezó a frotar el brazo de la gorda y ella miraba operar muy complacida. A pesar de que la jeringa era grande, sólo echaba un pequeño chorro con un golpe de resorte. Entonces leí las letras amarillas que había a lo largo del tubo: Muebles «El Canario». Después me dio vergüenza preguntar de qué se trataba y decidí enterarme al otro día por los diarios.

Se establece un diálogo entre el hombre que inyecta a los pasajeros y el protagonista y nosotros como lectores pasamos a ser una especie de testigos presenciales de la escena que se desarrolla. Cuando el protagonista da permiso al hombre de la jeringa no es para que lo inyecte, sino que seguramente pensó que le estaba solicitando permiso para pasar, él es un ignorante de estas nuevas metodologías publicitarias. Con la frase “En ese instante ocurrieron muchas cosas” comienzan los hechos absurdos que luego darán lugar a lo fantástico.

Hay un contraste entre la actitud del protagonista y los demás pasajeros quienes ya parecen conocer los mecanismos utilizados por las empresas para hacer propaganda de sus productos, en cambio él se siente totalmente desconcertado, sorprendido, asustado ante los hechos. Fijémonos las diferentes actitudes, por ejemplo el protagonista realiza un movimiento brusco con el brazo ante el desconocimiento de lo que pasa, con el riesgo incluso de lastimarse, mientras la gorda, conocedora de la metodología, miraba operar muy complacida. La actitud de la gorda frente a los hechos nos resulta cómica, pero es precisamente ese tratamiento humorístico que le da Felisberto al relato el que le permite continuar refiriendo una situación absurda como si se tratara de algo normal.

Si le quisiéramos dar una lectura simbólica al relato, podríamos ver en ese tranvía una representación de la sociedad y sus comportamientos frente al advenimiento de una sociedad de consumo marcada por la omnipresencia de las distintas formas de publicidad. En esa lectura el protagonista es la excepción, lo extraño en medio de pasajeros sonrientes y alienados ante los parámetros sociales imperantes. El hecho de ser la excepción, de aparentemente ser el único que no entiende la situación, es lo que lleva a este personaje a sentirse avergonzado y a no animarse a preguntar de qué se trataba todo aquello.

Pero apenas bajé del tranvía pensé: «No podrá ser un fortificante; tendrá que ser algo que deje consecuencias visibles si realmente se trata de una propaganda.» Sin embargo, yo no sabía bien de qué se trataba; pero estaba muy cansado y me empeciné en no hacer caso. De cualquier manera estaba seguro de que no se permitiría dopar al público con ninguna droga. Antes de dormirme pensé que a lo mejor habrían querido producir algún estado físico de placer o bienestar. Todavía no había pasado al sueño cuando oí en mí el canto de un pajarito. No tenía la calidad de algo recordado ni del sonido que nos llega de afuera. Era anormal como una enfermedad nueva; pero también había un matiz irónico; como si la enfermedad se sintiera contenta y se hubiera puesto a cantar.

Cuando me referí a la literatura fantástica, dije que ésta presenta al lector algún acontecimiento extraño, sorprendente, en medio de circunstancias que se podrían denominar normales, basta mirar estos acontecimientos que le suceden al personaje, sin explicación alguna, para ubicar, al menos este relato, dentro de ese género.

Si bien el protagonista se encuentra por fuera de la alienación general de la gente que iba en el tranvía, los parámetros sociales no dejan de condicionarlo, porque de todas formas se avergüenza de ser diferente, de desentonar con la mayoría y en lugar de reaccionar de alguna manera precisa ante la absurda situación, espera a bajarse del tranvía para comenzar a formularse distintas hipótesis, algunas inverosímiles, sobre lo ocurrido. El haber leído en la jeringa las palabras Muebles: El Canario, es lo que le lleva a pensar que se trata de una propaganda, pero no concibe que una publicidad no deje consecuencias visibles, ya pronto comenzará a experimentar cuáles son realmente las consecuencias de esa inyección. Me resulta significativa la frase “de cualquier manera estaba seguro de que no se permitiría dopar al público con ninguna droga” porque puede estar cargada de un sentido irónico. Porque preguntémonos, y más en la actualidad, ¿cuáles son los límites en una sociedad consumista para la invasión publicitaria, qué generan las drogas y qué genera el consumismo una vez que la publicidad invade la mente de los consumidores?, ambas cosas generan una necesidad, un deseo y finalmente una dependencia. Ambas cosas también en ocasiones son utilizadas por los individuos para suplir carencias, llenar vacíos y lograr un placer pasajero.

El hecho fantástico comienza antes de que el personaje concilie el sueño, cuando empieza a escuchar dentro de él el canto de un pajarito. El acontecimiento es profundamente extraño, pero como sucede en este tipo de narraciones, nosotros los lectores debemos aceptar lo que se nos está contando como posible dentro de la ficción narrativa, aunque nos parezca un suceso inexplicable desde un punto de vista racional. El personaje califica al extraño canto del pajarito como una “enfermedad nueva”, y enseguida Felisberto recurre a uno de sus artificios predilectos, la animación de conceptos u objetos donde hasta los sentimientos cobran vida propia e independiente. En este caso es la enfermedad que está padeciendo la que se siente contenta y se pone a cantar, esto además de darle vida propia e independiente a ese padecimiento, tiene un sentido oximorónico, contradictorio, porque si hay algo que no se vincula con la alegría y el canto es propiamente la enfermedad.

Estas sensaciones pasaron rápidamente y en seguida apareció algo más concreto: oí sonar en mi cabeza una voz que decía:

-Hola, hola; transmite difusora «El Canario»… hola, hola, audición especial. Las personas sensibilizadas para estas transmisiones… etc., etc.

Todo esto lo oía de pie, descalzo, al costado de la cama y sin animarme a encender la luz; había dado un salto y me había quedado duro en ese lugar; parecía imposible que aquello sonara dentro de mi cabeza. Me volví a tirar en la cama y por último me decidí a esperar. Ahora estaban pasando indicaciones a propósito de los pagos en cuotas de los muebles «El Canario». Y de pronto dijeron:

-Como primer número se transmitirá el tango…

Del canto del pajarito se pasa ahora a un sonido que el protagonista califica de “más concreto” se trata de una voz humana, una voz de un locutor que al igual que el pajarito suena adentro de su cabeza. El protagonista deja a un lado la voz narrativa y reproduce lo que dice la voz del locutor, quedando el personaje protagonista por un momento en el papel de escucha. Se trata de una transmisión radial, cuya difusora tiene casualmente el mismo nombre que tenía la jeringa que le inyectaron en el tranvía, “El Canario”. El locutor habla de una audición especial y hace referencia a las personas que han sido sensibilizadas para escuchar esas transmisiones, que no son otras que las que han sido inyectadas. Luego hay una descripción que hace el personaje de sí mismo, donde lo vemos con miedo “sin animarme a encender la luz”, desconcertado, no dando crédito a lo que estaba pasando “parecía imposible que aquello sonara dentro de mi cabeza”. Nos enteramos, y ahora nuevamente por la voz del personaje, de que la radio es una herramienta publicitaria al servicio de los muebles “El Canario”, donde se anuncian los beneficios que tienen los clientes, como por ejemplo la posibilidad de pagar los muebles en cuotas. La voz del locutor aparece nuevamente para anunciar el primer número musical de la transmisión, se trata de “el tango”, lo que llevará al personaje definitivamente a la desesperación. Hay aquí un hecho puntual que muestra el desagrado que siente el protagonista por el tango, incluso la voz del relator no especifica un tango en particular, sino que simplemente dice “el tango” lo que mostraría que ese rechazo incluye todas las manifestaciones musicales de ese género en particular.

Como las obras de Felisberto Hernández están tan marcadas por un fuerte contenido autobiográfico, me puse a investigar cuál era su relación con el tango y en realidad no encontré nada que se refiera a ese tema puntualmente. Sí hay un dato importante, en el año 1943 una de las tareas que desempeñó Felisberto, en el Control de Radio de la Asociación Uruguaya de Autores, fue la de escuchar la radio durante horas, anotando en un papel los temas que se iban interpretando, para que de esta forma la Asociación de Autores pudiera gestionar el cobro de los derechos de autor. Probablemente muchas de las canciones que se emitían fueran tangos, eso no lo sé, pero seguramente de realizar ese trabajo, casi kafkiano, terminó saturado de la radio y los anuncios publicitarios.

Desesperado, me metí debajo de una cobija gruesa; entonces oí todo con más claridad, pues la cobija atenuaba los ruidos de la calle y yo sentía mejor lo que ocurría dentro de mi cabeza. En seguida me saqué la cobija y empecé a caminar por la habitación; esto me aliviaba un poco pero yo tenía como un secreto empecinamiento en oír y en quejarme de mi desgracia. Me acosté de nuevo y al agarrarme de los barrotes de la cama volví a oír el tango con más nitidez.

La desesperación por escapar del tango es lo que lleva al personaje a meterse debajo de la cobija, pero resulta que no puede escapar, es un ruido interno y con eso que hace lo único que logra es escuchar con más claridad los sonidos que vienen de su interior. Al estar debajo de la cobija se encuentra totalmente aislado del mundo circundante, queda conectado únicamente con la difusora y a merced de la transmisión y la manipulación mediática. La desesperación se ve en los cambios constantes de actitud que tiene el personaje, no sabe si permanecer debajo de la cobija, si sacársela, si caminar por el cuarto, si volverse a acostar. Hay una situación paradójica, porque si bien el personaje está sufriendo con la transmisión, quiere oír y quejarse de su desdicha. También hay una situación, además de absurda, humorística, cuando el personaje se agarra de los barrotes de la cama, todo hace suponer que estos eran de metal ya que hacen que el tango se escuche con más nitidez, es decir que los barrotes pasan a funcionar como una especie de antena.

Al rato me encontraba en la calle: buscaba otros ruidos que atenuaran el que sentía en la cabeza. Pensé comprar un diario, informarme de la dirección de la radio y preguntar qué habría que hacer para anular el efecto de la inyección. Pero vino un tranvía y lo tomé. A los pocos instantes el tranvía pasó por un lugar donde las vías se hallaban en mal estado y el gran ruido me alivió de otro tango que tocaban ahora; pero de pronto miré para dentro del tranvía y vi otro hombre con otra jeringa; le estaba dando inyecciones a unos niños que iban sentados en asientos transversales. Fui hasta allí y le pregunté qué había que hacer para anular el efecto de una inyección que me habían dado hacía una hora.

La audición sigue perturbando al personaje quien ahora desesperado decide salir a la calle en busca de una solución. Era tal el malestar que sentía que buscaba otros ruidos que le atenuaran ese interno que lo estaba mortificando. Al igual que como pensó en el tranvía quiso buscar información en los diarios, aunque ahora ya no buscaba enterarse de que se trataba la inyección, ya que estaba de sobra enterado, sino que quería averiguar la dirección de la radio, porque lo único que pensaba era buscar la manera de anular el efecto de esa infortunada inyección. La desesperación lo hace también abandonar esta idea y tomar nuevamente un tranvía, por un momento, transitoriamente, logra el objetivo que se había propuesto al salir a la calle, el de atenuar con otros ruidos el de su cabeza, ya que “el tranvía pasó por un lugar donde las vías se hallaban en mal estado y el gran ruido me alivió de otro tango que tocaban ahora”. Subir al tranvía al final terminó resultando beneficioso, ya que ahí se encuentra con otro empleado de esta gran corporación multidisciplinaria llamada “El Canario” que se encontraba inyectando a unos niños y del cual va a obtener información de primera mano. Como podemos ver, las dosis publicitarias no están restringidas a una franja etaria determinada y hasta los más vulnerables socialmente son “sensibilizados” mediante esta metodología perversa.

Él me miró asombrado y dijo:

-¿No le agrada la transmisión?

-Absolutamente.

-Espere unos momentos y empezará una novela en episodios.

-Horrible -le dije.

Él siguió con las inyecciones y sacudía la cabeza haciendo una sonrisa. Yo no oía más el tango. Ahora volvían a hablar de los muebles. Por fin el hombre de la inyección me dijo:

-Señor, en todos los diarios ha salido el aviso de las tabletas «El Canario». Si a usted no le gusta la transmisión se toma una de ellas y pronto.

-¡Pero ahora todas las farmacias están cerradas y yo voy a volverme loco!

En ese instante oí anunciar:

-Y ahora transmitiremos una poesía titulada «Mi sillón querido», soneto compuesto especialmente para los muebles «El Canario».

Después el hombre de la inyección se acercó a mí para hablarme en secreto y me dijo:

-Yo voy a arreglar su asunto de otra manera. Le cobraré un peso porque le veo cara honrada. Si usted me descubre pierdo el empleo, pues a la compañía le conviene más que se vendan las tabletas.

Yo le apuré para que me dijera el secreto. Entonces él abrió la mano y dijo:

-Venga el peso.

Y después que se lo di agregó:

-Dese un baño de pies bien caliente.

Aquí entramos al desenlace del relato, donde predomina el diálogo entre el narrador protagonista y el operario de “El Canario”. La situación que se da entre estos dos personajes la podemos comparar con la que vimos en el primer tranvía, donde los demás pasajeros sonreían ante el desconocimiento y las actitudes del protagonista. Aquí también este trabajador, sonríe y se asombra de encontrar a alguien que no solo parece estar por fuera de la sociedad de consumo sino que además se quiere librar de ella, el operario se muestra asombrado de lo poco informado que está este personaje ya que la solución a sus males está en todos los diarios. Para poner fin a las transmisiones de “Difusora: El Canario”, donde su anuncian los “Muebles: El Canario”, las personas deben consumir las “tabletas: El Canario”. Esta marca monopólica es la que produce la enfermedad y a su vez ofrece el remedio y en esa metodología comercial, la empresa, si no logra vender los muebles al menos se asegura de poder vender las tabletas con total tranquilidad ya que el común de la gente se muestra totalmente complacida y satisfecha con este tipo de servicios.

Es indudable la fuerte crítica que está implícita en este relato, no solo a los medios de comunicación al servicio de la publicidad, sino también a la sociedad de consumo. Para nosotros, lectores del siglo XXI, no es ninguna novedad que una determinada marca monopolice diferentes productos o servicios, pero hace prácticamente 70 años cuando se escribió el cuento esta situación no era tan así.

El personaje ya no soporta la situación, piensa incluso que se va a volver loco con ese bombardeo de propagandas, novelas en episodios, tangos y poesías ridículas. Al final el operario, de forma muy irónica, plantea al protagonista una solución alternativa a sus males. La ironía está en el hecho de que el empleado de El Canario, habla de honradez y a su vez propone algo que transgrede sus funciones. Por otro lado lo que hace tampoco es ningún favor, ni ninguna acción solidaria sino que se aprovecha de la desesperación ajena para su propio beneficio. Una vez el protagonista, que acepta la negociación fraudulenta, da el peso acordado, llegan las palabras del operario que contienen el remedio, la solución, la salida definitiva de ese calvario: “Dese un baño de pies bien caliente”.

Como es característico en la gran mayoría de los relatos felisbertianos, el final no es concluyente, queda trunco. No sabemos cuál de las dos opciones posibles va a escoger el protagonista para ponerle fin a sus males, si caerá en la trampa del monopolio El Canario y comprará las tabletas o si escogerá el baño caliente.

Concluyendo, Muebles: El Canario es un cuento fantástico, anclado totalmente en una realidad reconocible, lo que nos permite disfrutar, sentir y vivir la historia que se nos cuenta. El tema es de una vigencia pasmosa. Hoy más que nunca debemos estar prevenidos de los ataques publicitarios y propagandísticos, que quizá no se nos presenten de la misma forma que se le presentaron al protagonista del cuento, pero que aparecen casi de forma omnipresente en nuestro diario vivir. Como no son novedad para nosotros, lectores del siglo XXI, los monopolios empresariales, tampoco lo es la contaminación visual y sonora de los espacios que frecuentamos cotidianamente. La publicidad no solo está en la televisión, la radio, los diarios, las revistas, los correo basura o spam, sino en la calle, en cada esquina repartida por promotores, en los buzones de los edificios, en los cines, centros comerciales o en cualquier sitio que frecuenten potenciales consumidores. Lo triste del caso, es que en nuestra realidad no existen esas soluciones alternativas de la ficción y la situación no parece ser superada con un baño de pies bien caliente.


Artículo publicado en la Revista digital Vadenuevo  https://new.vadenuevo.com.uy. Montevideo, Uruguay.    

 

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