La obra y sus espejos
Fernando Chelle Pujolar
Prólogo de Olger García Velázquez
Una obra en sus múltiples espejos
Hay libros que nacen de la voluntad de contar una historia y otros que, con el paso del tiempo, terminan siendo ellos mismos el testimonio de una historia. La obra y sus espejos pertenece a esta segunda clase. Sus páginas reúnen entrevistas, prólogos, artículos, reseñas y lecturas críticas que, escritos a lo largo de más de una década y desde distintos lugares del mundo, permiten seguir el itinerario intelectual y creativo de Fernando Chelle Pujolar.
Estamos
ante un libro que nos entrega la imagen de un escritor reflejada en la mirada
de quienes se han acercado a su obra. Y creo que allí radica uno de sus mayores
atractivos.
El
título resulta, en ese sentido, particularmente acertado. Todo escritor
construye su obra en la intimidad de la creación, pero llega un momento en que
esa obra encuentra lectores y comienza a vivir también en ellos. Entonces
aparecen los espejos. Cada lectura devuelve una imagen diferente, cada
entrevista ilumina una zona de su pensamiento, cada reseña descubre una
perspectiva y cada prólogo establece un diálogo. Reunidos ahora, esos
testimonios nos permiten observar lo que Fernando Chelle ha escrito y, al mismo
tiempo, la manera como su escritura ha sido recibida, interpretada y valorada a
lo largo de los años.
He
tenido oportunidad de referirme anteriormente a su trabajo y de acompañar,
desde la vida cultural de Norte de Santander y desde nuestra Academia, algunos
momentos importantes de su trayectoria. Por eso me resulta particularmente
grato presentar este libro.
Fernando
nació en Mercedes, Uruguay, pero desde 2011 hizo de Colombia su lugar de
residencia y de Cúcuta una parte fundamental de su geografía personal e
intelectual. En esta ciudad ha escrito sus libros, ha ejercido la docencia, ha
desarrollado investigaciones, ha participado en proyectos culturales y ha
construido vínculos con una comunidad que desde hace años reconoce y aprecia su
trabajo. Cúcuta pasó a formar parte de su vida y también, de diversas maneras,
de su literatura.
Su
condición de uruguayo radicado en Colombia le ha permitido construir una mirada
singular. En Fernando conviven naturalmente las dos orillas de una experiencia
latinoamericana. El Río de la Plata permanece como territorio de formación,
memoria y sensibilidad, mientras Colombia constituye el espacio en el que buena
parte de su obra alcanzó forma pública y desde el cual su actividad literaria
fue adquiriendo una proyección cada vez mayor.
He
pensado algunas veces que esa doble pertenencia explica parte de la amplitud de
sus intereses. Fernando conserva profundamente sus raíces uruguayas y, al mismo
tiempo, se ha compenetrado con la cultura colombiana y particularmente con la
de esta región. Es, como alguna vez lo llamé, un “poeta del Sur” que encontró
en Cúcuta un lugar propicio para ordenar, enriquecer y divulgar su obra.
Cuando
se observa su bibliografía en conjunto, uno de los primeros rasgos que llama la
atención es precisamente su amplitud. Fernando Chelle ha transitado por la
poesía, el cuento, el ensayo, la crítica literaria, la investigación y los
estudios sobre el lenguaje. Desde Poesía de los pájaros pintados,
publicado en 2013, hasta Carlos Gardel y la consagración del tango-canción,
de 2025, se ha ido conformando una obra que supera ya la quincena de títulos y
que demuestra una permanente curiosidad intelectual.
Detrás
de esa diversidad encuentro un elemento que siempre permanece. La palabra ocupa
el centro de su trabajo. La palabra estudiada, enseñada, corregida,
interpretada y creada.
Fernando
ha sido durante muchos años lector, docente y escritor. Creo que esta
circunstancia resulta indispensable para comprender su producción intelectual.
Ha enseñado lengua y literatura, ha trabajado directamente con estudiantes y
lectores, ha dictado conferencias y ha hecho del análisis de los textos una
parte cotidiana de su oficio. Esa experiencia pedagógica se percibe
especialmente en su trabajo crítico. Hay rigor, conocimiento y estudio,
acompañados siempre por una voluntad de comunicar y de hacer que el lector
pueda entrar en las obras de la mano de quien las analiza. Ese equilibrio
constituye, a mi juicio, una de las virtudes principales de su crítica
literaria.
Libros
como El cuento fantástico en el Río de la Plata, Las otras realidades
de la ficción, El cuento latinoamericano en el siglo XX, Cadencias
que el aire dilata en la sombra, Algo así como un misterio o Cuatro
autores boyacenses permiten advertir una forma de lectura que parte siempre
del texto. Fernando entra en las obras, las interroga, establece relaciones y
procura revelar los mecanismos mediante los cuales producen sentido. Esa
vocación analítica lo ha llevado desde los grandes cuentistas rioplatenses
hasta Federico García Lorca, desde la literatura utópica y distópica hasta la
poesía romántica, desde autores latinoamericanos hasta escritores vinculados
con la tradición cultural colombiana.
Cuando
escribí hace algunos años sobre Algo así como un misterio, me llamó
particularmente la atención esa capacidad suya para llevar al lector por la
poesía de Federico García Lorca y mostrarle, con claridad y rigor, aquello que
muchas veces permanece escondido detrás del poema. Lo mismo sucede cuando se
ocupa del cuento. Fernando tiene la paciencia del lector que vuelve sobre las
palabras, las examina y procura comprender qué hay detrás de ellas. Para
quienes disfrutamos de la literatura, ese ejercicio constituye siempre un
deleite del espíritu.
Pero
hay otra dimensión fundamental en Fernando Chelle, y es la del poeta. En el
origen de su relación creadora con la palabra está la poesía. Desde sus
primeros poemas juveniles, muchos de los cuales se encuentran en Poesía de
los pájaros pintados, hasta libros posteriores como Muelles de la
palabra, Las flores del tiempo, Palabra en el tiempo, Cuerpo
vivo que va cantando y Cantar de mí mismo, puede seguirse el
desarrollo de una voz que ha hecho de la memoria, el tiempo, la existencia, el
cuerpo, la literatura y la experiencia humana algunos de sus territorios
recurrentes.
Tengo
especial aprecio por aquellos poemas en los que aparece su Uruguay natal. Allí
surge el hombre que recuerda, el hijo, el nieto, el muchacho que vuelve a las
calles y a los patios de su memoria. Aparece aquel mundo del Río de la Plata
que Fernando lleva consigo y que de tanto en tanto vuelve a sus versos. La
poesía constituye quizá el espacio donde su relación con el lenguaje alcanza su
dimensión más íntima.
También
la narrativa ocupa un lugar propio en esta trayectoria. Sus cuentos muestran
otra faceta de un escritor interesado en explorar distintas posibilidades
expresivas y distintos territorios de la literatura. Esa amplitud confirma algo
que se advierte al recorrer toda su producción. Fernando se siente escritor en
el sentido amplio del término y se mueve con naturalidad entre diversos
géneros.
Los
reconocimientos recibidos durante estos años dan cuenta de la recepción
alcanzada por esa labor. Premios nacionales e internacionales de ensayo y
poesía, reconocimientos vinculados con el periodismo cultural, distinciones
académicas y la circulación de sus textos en numerosos países constituyen hitos
importantes de una trayectoria sostenida. Parte de su obra ha sido traducida a
diversas lenguas y sus poemas, cuentos, ensayos y artículos han encontrado
lectores muy lejos de los lugares donde fueron escritos.
Ahora
bien, si los premios y las distinciones permiten medir parte del reconocimiento
alcanzado por un escritor, este libro ofrece algo diferente y, a mi modo de
ver, especialmente valioso. Aquí están las preguntas que distintos
entrevistadores le formularon a lo largo de los años, las interpretaciones que
críticos y escritores hicieron de sus libros, las palabras de quienes
presentaron sus obras, las noticias que acompañaron determinados
reconocimientos y las lecturas realizadas desde diferentes países y momentos de
su producción.
Algunas
páginas hablan del escritor que comenzaba a publicar. Otras encuentran ya al
autor de una obra amplia y reconocida. Leídas en orden, permiten asistir al
paso del tiempo y observar cómo un proyecto literario fue creciendo libro a
libro. Y ese es, probablemente, uno de los mayores valores de La obra y sus
espejos.
Los
textos aquí reunidos nacieron en épocas diferentes y respondieron a
circunstancias distintas. Cada uno conserva la mirada de su momento. Un
entrevistador pregunta por los primeros libros, otro se interesa por las
lecturas del autor, un crítico analiza determinado poemario, un prologuista
presenta una nueva obra y un periodista registra algún reconocimiento. Con el
paso de las páginas, esas voces terminan componiendo una historia intelectual. De
ahí que este libro pueda leerse también como una especie de memoria literaria
construida por muchas manos.
Para
quienes hemos compartido con Fernando espacios culturales y académicos en Norte
de Santander existe, además, una dimensión cercana que considero importante
destacar. Su vinculación con la Academia de Historia forma parte de ese
compromiso con la cultura de la región que adoptó como propia. Desde nuestra
institución hemos reconocido sus méritos literarios y hemos tenido la
satisfacción de contar con su presencia y su trabajo.
Cúcuta
recibió hace quince años a un escritor nacido a miles de kilómetros y, con el
paso del tiempo, ese escritor fue incorporándose de manera natural a su vida
cultural. Fernando ha correspondido a esa acogida escribiendo, enseñando,
investigando, participando en actividades culturales y divulgando la literatura
desde esta ciudad. Y todo ello lo ha hecho conservando intactas sus raíces. Sigue
siendo profundamente uruguayo y al mismo tiempo forma parte de la historia
cultural reciente de esta región colombiana. Quizá esa capacidad de habitar
varias geografías explique también su facilidad para dialogar con tradiciones
literarias diversas. En su obra aparecen Uruguay y Colombia, pero también
España, Argentina, México, Inglaterra, Francia y muchos otros territorios a los
que ha llegado a través de la literatura. Al fin y al cabo, la biblioteca que
un escritor construye durante su vida termina siendo también una forma de
patria.
La
obra y sus espejos aparece, además, en un momento
especialmente significativo. Fernando Chelle se aproxima a los cincuenta años y
este volumen permite mirar el camino recorrido. Los libros publicados, los
premios obtenidos, las traducciones, las entrevistas y los estudios críticos
muestran una trayectoria extensa y fecunda que continúa desarrollándose. Por
eso considero este libro una pausa en el camino. Una oportunidad para observar
lo realizado, escuchar lo que otros han dicho y descubrir, en esos múltiples
espejos, las diferentes imágenes que una obra ha ido dejando a su paso.
Como
presidente de la Academia de Historia de Norte de Santander, como lector de su
obra y como compañero suyo en distintos espacios de la cultura regional, me
honra acompañar con estas palabras la publicación de este libro. La Academia
reconoce en Fernando Chelle a un escritor cuya producción constituye un aporte
a las letras contemporáneas y cuya labor intelectual ha contribuido igualmente
a la vida cultural de Norte de Santander.
Quienes
recorran las páginas que siguen encontrarán elogios, análisis, preguntas,
interpretaciones y testimonios. Encontrarán distintas épocas y diferentes
voces. Y en medio de todas ellas aparecerá una presencia constante, la de un
hombre que ha dedicado buena parte de su vida a leer, enseñar, estudiar y
escribir literatura. Esa persistencia constituye, a mi juicio, el verdadero
hilo conductor de este libro.
Los
espejos multiplican una imagen, cambian su perspectiva e iluminan zonas
diferentes. En estas páginas todos ellos devuelven, desde lugares y momentos
distintos, la imagen de una obra construida durante años alrededor de una
convicción profunda, hacer de la palabra una forma de conocimiento, de creación
y de permanencia.
Olger
García Velásquez
Presidente
de la Academia de Historia de Norte de Santander
San
José de Cúcuta, 25 de agosto de 2026

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