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viernes, 17 de abril de 2026

Antonio Machado: el paso del tiempo

¿Qué significa realmente el paso del tiempo?

En este episodio de Ensayos para entender la vida, nos acercamos a Antonio Machado para pensar una de las experiencias más inevitables de la existencia: el tiempo que pasa, la vida que cambia y la memoria que permanece.

Un ensayo sonoro sobre el tiempo, la nostalgia, la sencillez y la conciencia de vivir.

🎧 Voz y guion: Fernando Chelle Pujolar



Fernando Chelle


martes, 3 de febrero de 2026

En amor, locura es lo sensato | El Soneto V de Antonio Machado, análisis crítico

En este programa de PALABRA ESCRITA RADIO, presento el sexto y último análisis literario dedicado a la poesía de Antonio Machado, centrado en el Soneto V del libro Nuevas canciones (1924), conocido por su primer verso: “Huye del triste amor, amor pacato”.

A través de una lectura crítica y analítica, abordo este poema como un texto experimental dentro de la obra machadiana, en el que el poeta redefine la naturaleza del amor verdadero frente al amor prudente, calculado y temeroso. El análisis se detiene tanto en los aspectos formales del soneto como en su profunda carga simbólica, dialogando con la tradición literaria española y con imágenes heredadas del amor clásico, como la figura de Cupido.

Este estudio propone una reflexión sobre la pasión, el riesgo y la locura como dimensiones esenciales del amor, y sobre las consecuencias existenciales del llamado amor pacato, que Machado condena con lucidez y fuerza poética.

📚 Serie completa: Estudio crítico y analítico de la poesía de Antonio Machado 🎙️ PALABRA ESCRITA RADIO ✍️ Por Fernando Chelle Pujolar



Fernando Chelle Pujolar


viernes, 23 de enero de 2026

La gran sátira de Antonio Machado: Don Guido y la parodia de la elegía española | Campos de Castilla

En este nuevo episodio de Palabra Escrita Radio, continuamos con el estudio crítico y analítico de la poesía de Antonio Machado, centrándonos en uno de los poemas más irónicos y mordaces de Campos de Castilla (1912):

“Llanto de las virtudes y coplas por la muerte de don Guido”.

Este es el quinto análisis literario —de una serie de seis— dedicado al gran poeta del tiempo. A lo largo del programa se estudia el poema como parodia del género elegíaco, en diálogo directo con las Coplas por la muerte de su padre de Jorge Manrique, y como una sátira feroz del señorito andaluz, figura representativa de una aristocracia vacía, hipócrita y sostenida en la apariencia.

El análisis aborda:

La ironía estructural y temática del poema

La parodia de la solemnidad elegíaca

La caracterización moral y social de don Guido

La crítica machadiana a la aristocracia y al ritualismo religioso

La estructura interna del poema y su ritmo

El uso del pie quebrado y el diálogo con la tradición literaria

Un recorrido minucioso por uno de los textos más incisivos de Campos de Castilla, donde Machado transforma el llanto en desenmascaramiento moral.

📻 Palabra Escrita Radio: literatura, poesía y análisis crítico con rigor y profundidad.



Fernando Chelle Pujolar


Orillas del Duero: el paisaje que forjó el alma de Castilla | Antonio Machado

En este nuevo episodio de Palabra Escrita Radio, Fernando Chelle presenta un estudio crítico y analítico del poema “Orillas del Duero” (CII), perteneciente a Campos de Castilla (1912), de Antonio Machado.

A lo largo del programa se explora cómo el paisaje soriano se convierte en símbolo histórico, espiritual y literario de Castilla, y cómo el río Duero emerge como una figura casi mítica: padre, memoria y destino de una tierra marcada por la austeridad, la guerra y la permanencia.

El análisis aborda:

La estructura formal del poema (silva grave)

La división interna en dos grandes momentos líricos

El uso del paisaje como expresión del alma colectiva

La relación entre naturaleza, historia y tradición literaria

El sentido épico y legendario del Duero en la identidad española

Un programa pensado para lectores exigentes, estudiantes, docentes y amantes de la poesía española, que buscan lecturas profundas, rigurosas y sensibles de los grandes textos de la literatura.

📚 La poesía como paisaje. El paisaje como destino.



Fernando Chelle Pujolar


martes, 6 de enero de 2026

Cuando el dolor se apaga, el alma muere | Antonio Machado: “Yo voy soñando caminos…”

En esta entrega de PALABRA ESCRITA RADIO, continuamos con el estudio crítico y analítico de la poesía de Antonio Machado, centrado en uno de sus textos más significativos: “Yo voy soñando caminos…”, poema XI de Soledades, galerías y otros poemas (1907).

Este es el segundo análisis literario de una serie de seis dedicados al gran poeta del tiempo, donde se aborda el poema desde una perspectiva temática, simbólica, formal y estructural, atendiendo a la profunda angustia existencial, la nostalgia del dolor amoroso y la correlación entre paisaje exterior y mundo interior.

El programa incluye:

Lectura completa del poema

Análisis del simbolismo del camino y la tarde

Estudio métrico y estrófico (cuartetas y redondillas)

Interpretación de la copla popular y su vínculo con Rosalía de Castro

Reflexiones sobre la pérdida, el vacío emocional y la “muerte en vida” del yo lírico

Referencias a la tradición poética española y al Siglo de Oro, con mención a Lope de Vega

Un programa pensado para lectores, estudiantes, docentes y amantes de la poesía, que propone una lectura profunda y pausada, fiel al espíritu radiofónico original del ciclo.

📻 PALABRA ESCRITA: la literatura en la radio.



Fernando Chelle


martes, 9 de diciembre de 2025

¿Qué olvidó vivir Antonio Machado? | Análisis de “Fue una clara tarde…”

En este episodio de Palabra Escrita Radio, Fernando Chelle inicia una serie de seis análisis críticos y analíticos sobre la poesía de Antonio Machado. El poema elegido para este primer capítulo es Fue una clara tarde..., texto VI del libro Soledades (1903). Con un enfoque profundo y literario, se indaga en los símbolos, los planos temporales y el desgarrador diálogo entre el poeta y la fuente, que representa la conciencia del tiempo. La clave del poema: la melancolía que nace al tomar conciencia de no haber vivido. Un estudio literario imprescindible para quienes aman la poesía y desean descubrir el alma íntima de uno de los grandes poetas del tiempo.



Fernando Chelle


Antonio Machado: la poesía como memoria, sueño y destino

¿Qué entendía Antonio Machado por poesía? ¿Cómo expresa el paso del tiempo, la memoria, el sueño, el amor y la muerte? En este video, segundo paso en el camino hacia su universo poético, analizamos las claves esenciales de su poética. Desde la introspección modernista hasta la conciencia existencial, Machado crea una obra atemporal donde cada símbolo —la tarde, la fuente, el camino— se vuelve palabra viva en el tiempo. Un estudio profundo y reflexivo, que nos prepara para el análisis de sus poemas más representativos.



Fernando Chelle


Antonio Machado y la generación del 98: desmontando mitos y etiquetas

¿Fue Antonio Machado realmente un representante puro de la generación del 98? Este video marca el inicio de un recorrido analítico por la obra poética de uno de los grandes escritores españoles del siglo XX. Antes de sumergirse en los versos de Soledades, es necesario revisar críticamente el concepto de generación y su aplicación al caso de los autores del 98. Un análisis claro, argumentado y sin concesiones, que muestra las limitaciones del término “generación” y propone una mirada más rica, abierta y contextualizada sobre la figura de Antonio Machado.



Fernando Chelle





jueves, 21 de noviembre de 2024

Llanto de las virtudes y coplas por la muerte de don Guido. Estudio de la poesía de A. Machado V

Llanto de las virtudes y coplas por la muerte de don Guido. Estudio crítico y analítico de la poesía de Antonio Machado V. Quinto análisis literario, de una serie de seis, del gran poeta del tiempo.



Fernando Chelle


miércoles, 23 de octubre de 2024

Orillas del Duero. Estudio crítico y analítico de la poesía de Antonio Machado IV

Orillas del Duero. Estudio crítico y analítico de la poesía de Antonio Machado IV. Cuarto análisis literario, de una serie de seis, del gran poeta del tiempo.



Fernando Chelle


Hacia un ocaso radiante… Estudio crítico y analítico de la poesía de Antonio Machado III

Hacia un ocaso radiante… Estudio crítico y analítico de la poesía de Antonio Machado III. Tercer análisis literario, de una serie de seis, del gran poeta del tiempo.



Fernando Chelle


miércoles, 9 de octubre de 2024

Yo voy soñando caminos… Estudio crítico y analítico de la poesía de Antonio Machado II

Yo voy soñando caminos… Estudio crítico y analítico de la poesía de Antonio Machado II. Segundo análisis literario, de una serie de seis, del gran poeta del tiempo.



Fernando Chelle


lunes, 7 de octubre de 2024

"Fue una clara tarde...". Estudio crítico y analítico de la poesía de Antonio Machado I

"Fue una clara tarde...". Estudio crítico y analítico de la poesía de Antonio Machado I. Primer análisis literario, de una serie de seis, del gran poeta del tiempo.


Fernando Chelle



miércoles, 2 de octubre de 2024

Poética de Antonio Machado

Poética de Antonio Machado. Encuentro con el gran poeta de la generación del 98. Antonio Machado, el gran poeta del tiempo. Este segundo artículo, previo al estudio de varias de sus poesías más representativas, revisa algunas características de su poética.



Fernando Chelle


miércoles, 25 de septiembre de 2024

Palabra en el tiempo: Caminando hacia la poesía de Antonio Machado

Pasos previos al encuentro con el gran poeta de la generación del 98. Antonio Machado, el gran poeta del tiempo. En este primer artículo, comienzo de un camino que nos conducirá al estudio de algunas de sus poesías más representativas, se revisa el concepto de generación y también se repara en algunos aspectos fundamentales de la generación del 98.



Fernando Chelle


lunes, 10 de junio de 2019

ESTUDIO CRÍTICO Y ANALÍTICO DE LA POESÍA DE ANTONIO MACHADO VI


(Huye del triste amor…)

Sexto análisis literario, de una serie de seis, del gran poeta del tiempo.

Por Fernando Chelle  

Del libro de Antonio Machado Nuevas Canciones, obra publicada por la editorial Mundo Latino en la ciudad de Madrid en 1924, estudiaré, para finalizar con los análisis literarios del poeta del tiempo, el “Soneto V”, texto conocido, en general, por su primer verso “Huye del triste amor, amor pacato”.

Soneto V

sin peligro, sin venda ni aventura,
que espera del amor prenda segura,
porque en amor locura es lo sensato.

Ese que el pecho esquiva al niño ciego
y blasfemó del fuego de la vida,
de una brasa pensada, y no encendida,
quiere ceniza que le guarde el fuego.

cuando descubra el torpe desvarío
que pendía, sin flor, fruto en la rama.

de su tiempo abrirá. ¡Desierta cama,
y turbio espejo y corazón vacío!   

Este poema, cuyo tema central es la descripción característica de una postura amorosa (la del amor pacato), a su vez encierra una definición genuina de la índole del verdadero amor. Es una composición que caracteriza, define y a su vez advierte sobre la vivencia de este sentimiento arrollador. Es un texto experimental dentro de la obra de Antonio Machado. Si lo leyéramos sin saber nada del autor, ni del tiempo en el que fue compuesto, fácilmente podríamos pensar que estamos frente a una composición poética de uno de los grandes sonetistas del siglo de oro español, como Luis de Góngora, Francisco de Quevedo, o Pedro Calderón de la Barca, siendo que en realidad se trata de una obra trecientos años más cercana en el tiempo. También lo veo como un texto experimental, no sólo por su estructura y su temática, sino también por la forma de abordar esta última. Los poemas de tema amoroso que encontramos en la obra de Antonio Machado, anteriores a la publicación de Nuevas canciones, son básicamente los dedicados a su esposa Leonor Izquierdo. En ellos vemos la idealización de la pureza y la fragilidad, aspectos que acompañaron a esta mujer, casi niña, en su corta vida. También hay otros poemas donde al amor lo podemos asociar más con una ensoñación que con una relación concreta. Pero lo que no encontramos todavía en la obra, que sí lo veremos luego, de alguna manera, en los textos influidos por Guiomar, es el amor carnal, sensual, erótico, pasional, en definitiva, el amor como al que se defiende en este poema. En 1924, año en que se publicó el poemario, el poeta todavía no conocía a Pilar de Valderrama (Guiomar), e incluso, de este poema hay una versión manuscrita fechada en 1912, cuya autenticidad no he podido verificar (no está recogida en los famosos Cuadernos de literatura de los hermanos Machado, publicados por la Fundación Unicaja en 2005), extrañamente, el mismo año del fallecimiento de su esposa Leonor.  Pero bueno, dejaré de lado este tipo de consideraciones, que lo único que buscan es sustentar la tesis de que se trata de un texto experimental y comenzaré el comentario, como suelo hacerlo, primero, reparando en la parte formal. Se trata de un soneto, una composición poética compuesta de catorce versos endecasílabos, dividida en dos cuartetos y dos tercetos. En este caso la rima consonante es abrazada en los cuartetos, aunque está dispuesta de forma independiente, y alternada, o encadenada, en los tercetos. Internamente, a este poema lo podríamos dividir en dos momentos. El primero abarcaría los cuartetos, donde la voz lírica describe, define, da las características del amor pacato, esa clase de amor del que nos dice debemos huir, por no tratarse de un amor verdadero. El segundo momento comprendería los tercetos, donde la voz se encargará de desarrollar, no ya las características de este tipo de amor, sino las consecuencias de su vivencia, de su práctica.


Primera estrofa (primer cuarteto)

sin peligro, sin venda ni aventura,
que espera del amor prenda segura,
porque en amor locura es lo sensato.

En este poema, Antonio Machado, para expresar su concepción del amor pacato como algo opuesto al verdadero amor y su característica pasión, se sirve de la imagen mitológica de Cupido, dios del deseo amoroso, representado tradicionalmente como un niño alado, con los ojos vendados y armado de arco y flechas. La utilización de esta deidad mitológica para hacer referencia a las características de la pasión amorosa aparece ya casi desde el origen de la literatura española con Alfonso X en la época medieval, pero también la utilizó luego Miguel de Cervantes en el renacimiento, así como Pedro Calderón de la Barca en el barroco y tantos otros poetas posteriores. De manera que Machado en este poema se presenta como un heredero de la tradición literaria española, tanto desde lo formal como desde lo temático, independientemente de que el soneto no haya tenido un origen español, como así tampoco la figura mitológica de Cupido.
En el primer verso del poema el yo lírico se refiere al amor del que, sostiene, hay que apartarse. El amor pacato es lo opuesto al amor valeroso, al pasional, al que suele luchar contra las posibles dificultades con la intención de ser. Por eso, a esta clase de amor tímido, temeroso, parco, lo califica con un adjetivo antepuesto muy significativo, se refiere a él como “triste”. Este amor triste no es el del dios Cupido, porque no tiene los ojos vendados, no implica la pasión ni el peligro, es un amor que incluso puede llegar a especular sobre las posibles conveniencias a la hora de elegir en una relación. La caracterización que se hace de este tipo de amor en el segundo verso es, para la voz lírica, profundamente negativa, porque lo que se pretende desde el texto es exaltar al amor Cupido, al amor ciego, pasional, aventurero, no a ese que busca garantías, ese que espera “prenda segura”. Antes dije que esta era una composición que caracterizaba, definía y a su vez advertía sobre la vivencia del amor, bien, ahora digo que todo eso se encuentra concentrado en el verso final de esta primera estrofa: “porque en amor locura es lo sensato”. Esta es una paradoja que encierra la definición genuina de la índole del verdadero amor. En este sentimiento, lo prudente es lo irracional, el atrevimiento, la pasión. En la vida corriente, los términos “sensato” y “locura” suelen ser antitéticos, pero referidos al amor pasan a ser un verdadero oxímoron, siguen siendo dos términos contrarios, pero están íntimamente identificados. Lo único que corresponde en el amor, parece decirnos el yo lírico machadiano, es la locura. El adjetivo “sensato”, con el que se cierra el cuarto verso, cumple dentro de esta primera estrofa una doble función, por un lado, rimar con “pacato”, una palabra a la que casi está unido semánticamente y, por otro lado, unirse en el oxímoron con la palabra “locura”, un término que, como referí, sería completamente antitético en un contexto diferente al del amor.

Segunda estrofa (segundo cuarteto)

Ese que el pecho esquiva al niño ciego
y blasfemó del fuego de la vida,
de una brasa pensada, y no encendida,
quiere ceniza que le guarde el fuego.

En este cuarteto la voz lírica abandona la advertencia y pasa a tener un tono acusador. El amor pacato es ese que no se enfrenta a la pasión amorosa, el que quiere evitar los riesgos y por eso rehúsa la presencia de Cupido. Esquiva las flechas del niño ciego, porque sabe que estas le pueden llegar a generar dolor. Y esa es una actitud condenable frente al verdadero amor, incluso insultante, por eso el yo lírico habla de blasfemia, porque para él, la pasión amorosa, esa que llama metafóricamente “fuego de la vida”, es algo casi sagrado. Y lo paradójico de quien practica el amor pacato, de ese que esquiva la pasión, es que pretende tener el fuego de la vida, cuando en realidad no lo genera.  El tercer verso de este cuarteto, si se quiere es otro oxímoron, porque no existe tal cosa como una brasa pensada. Es algo inútil el amor pacato, algo absurdo, porque no pretende obtener cenizas que guarden el fuego de una brasa encendida, sino de una pensada, de algo que no existe. Si se pretende tener fuego, hay que encenderlo, o no esquivarlo, pero no pretenderlo de donde no lo hay.

Segundo momento


Y ceniza hallará, no de su llama,
cuando descubra el torpe desvarío
que pendía, sin flor, fruto en la rama.

Los tercetos se van a centrar en las consecuencias de la vivencia del amor pacato. El que siga este tipo de amor, va a obtener cenizas sí, pero no de esas que ayudan a conservar las brasas de la pasión encendida, sino de esas que son símbolo de la nada. Tarde o temprano, a este triste amante le llegará el momento en que tomará consciencia del torpe desvarío que cometió cuando pensaba estar actuando con sensatez. Para que exista el fruto en la rama, antes tuvo que existir la flor, y si hay fruto sin flor, como el fruto del amor pacato, es un fruto en camino a la nada. El que busca en el amor prenda segura nunca hallará la flor que devendrá en el dulce fruto, porque este sólo se encuentra enfrentando el riesgo y la pasión que suponen las peligrosas flechas del niño ciego.

Cuarta estrofa (segundo terceto)

Con negra llave el aposento frío
de su tiempo abrirá. ¡Desierta cama,
y turbio espejo y corazón vacío!   

El futuro será devastador para el practicante del amor pacato. Esa llave, calificada tan negativamente con el adjetivo antepuesto “negra”, es la que dará paso a la desolación del tiempo y el espacio de la vida venidera. Con el polisíndeton del final, el poeta enumera los elementos característicos de una existencia marcada por el fracaso. El espejo donde se mirará el amante pacato será turbio, no le dará una clara imagen de sí mismo, porque la presencia del otro es fundamental para la construcción del yo, y él estará solo. Muy inteligentemente, Machado decidió no anteponer el adjetivo calificativo en el final, tal como lo venía haciendo en la estrofa, para que la palabra “vacío” quede resonando en nuestra mente y en nuestros corazones, de lectores, y de posibles amantes.



jueves, 2 de mayo de 2019

ESTUDIO CRÍTICO Y ANALÍTICO DE LA POESÍA DE ANTONIO MACHADO V



Quinto análisis literario, de una serie de seis, del gran poeta del tiempo.

Por Fernando Chelle  

De Campos de Castilla (1912), tercer libro de poesía de Antonio Machado, estudiaré, continuando con los análisis literarios del poeta del tiempo, el poema CXXXIII, texto titulado “Llanto de las virtudes y coplas por la muerte de don Guido”.

CXXXIII
Llanto de las virtudes y coplas por la muerte de don Guido

mató a don Guido, y están
las campanas todo el día
doblando por él ¡din-dán!

de mozo muy jaranero,
muy galán y algo torero;
de viejo, gran rezador.

este señor de Sevilla;
que era diestro
en manejar el caballo,
y un maestro
en refrescar manzanilla.

era su monomanía
pensar que pensar debía
en asentar la cabeza.

de una manera española,
que fue casarse con una
doncella de gran fortuna;
y repintar sus blasones,
hablar de las tradiciones
de su casa,
a escándalos y amoríos
poner tasa,
sordina a su desvaríos.

se hizo hermano
de una santa cofradía;
el Jueves Santo salía,
llevando un cirio en la mano
— ¡aquel trueno!—,
vestido de nazareno.
Hoy nos dice la campana
que han de llevarse mañana
al buen don Guido, muy serio,
camino del cementerio.

y para siempre jamás...
Alguien dirá: ¿Qué dejaste?
Yo pregunto: ¿Qué llevaste
al mundo donde hoy estás?

¿Tu amor a los alamares
y a las sedas y a los oros,
y a la sangre de los toros
y al humo de los altares?

¡buen viaje!...

y el allá
caballero,
se ve en tu rostro marchito,
lo infinito:
cero, cero.

amarillas,
y los párpados de cera,
y la fina calavera
en la almohada del lecho!

La barba canosa y lacia
sobre el pecho;
metido en tosco sayal,
las yertas manos en cruz,
¡tan formal!,
el caballero andaluz.   

El poema, cuya temática central es la sátira de un tipo social español (el señorito andaluz), es a su vez una gran parodia de una de las elegías más famosas de la literatura española, las Coplas por la muerte de su padre, del poeta castellano Jorge Manrique. La parodia al género elegíaco y principalmente a la obra manriqueña, está presente desde el título en el poema de Antonio Machado porque, por supuesto, esa grandilocuencia y solemnidad con que se hace referencia a don Guido, no es más que una ironía. Miremos que aquí el llanto no es por la muerte del personaje, lo que sería lógico en una elegía tradicional, sino que lo que se llora son las virtudes. A lo largo del texto el tratamiento irónico se mantiene atrás de una voz respetuosa que no hace más que reparar en la moral de don Guido. En nuestro imaginario como lectores, conocedores del poema de Jorge Manrique, se establece de inmediato un contraste muy marcado entre las personalidades de don Rodrigo Manrique y la de don Guido, quedando este último muy mal parado en la comparación.
Desde el punto de vista formal, el texto está compuesto por sesenta y ocho versos, en su mayoría octosílabos combinados con algunos tetrasílabos, divididos en doce estrofas desiguales, con rima consonante a gusto del poeta. Al reparar en la estructura interna, encontramos tres momentos claramente diferenciables. El que comprende la primera estrofa, centrado en el pasado reciente, inmediato, que anuncia la muerte de don Guido; el que va desde el comienzo de la segunda estrofa hasta el verso treinta y cinco (mitad de la sexta estrofa), centrado en la caracterización de don Guido, donde se mira hacia el ayer o, si se quiere, hacia los ayeres, porque en esta síntesis de la existencia del personaje, el poeta repara en el don Guido de la juventud y en el de la edad madura; finalmente, el momento que va desde el verso treinta y seis al final, centrado en el presente de don Guido, en el hombre muerto.


Primera estrofa

Al fin, una pulmonía
mató a don Guido, y están
las campanas todo el día
doblando por él ¡din-dán!

Por si acaso nos quedaba alguna duda, la parodia al género elegíaco, presente desde ese título emblemático y grandilocuente, caracterizará al texto ya, desde sus primeras palabras. Una expresión como “al fin” sería impensable en una elegía verdadera, sería una irrespetuosidad. Una manifestación emocional de ese tipo podría llegar a ser usada frente a la muerte de un enemigo, o de un personaje nefasto, pero nunca ante la muerte de alguien a quien se quiere exaltar. De manera que ese “al fin” no es más que el comienzo del tratamiento irónico que se dará a la figura de don Guido a lo largo del poema. La mención a la enfermedad por la que murió también es otro elemento degradante. No se trata aquí de un personaje que haya muerto en un campo de batalla ni defendiendo altos ideales, sino de alguien que está a la altura de cualquier mortal, porque tiene una muerte común. Incluso, la degradación del personaje llega a tal punto que, si bien miramos, veremos que don Guido no es el sujeto del verbo, de manera que ni siquiera ese momento decisivo de la muerte ha sido protagonizado por él, fue la enfermedad la que lo mató. Las campanas doblan porque se trata de la muerte de un individuo de posición social importante, pero el hecho de que lo estén haciendo todo el día es una desproporción. Aquí hay una clara crítica social indirecta a una comunidad que valora tanto a individuos de la categoría de don Guido, y a su vez hay un tratamiento casi caricaturesco de la situación, por la enorme distancia de la voz lírica con el personaje fallecido. Esa onomatopeya “ding dang”, degrada algo que debería ser solemne, el sonido de las campanas. Hay un tono juguetón en este poema que definitivamente lo aparta de una elegía tradicional. Incluso podríamos sumar otro aspecto que le quita a este poema la seriedad necesaria que toda elegía debería tener, el ritmo. Machado eligió para el texto el verso corto, el octosílabo, que sumado al encabalgamiento hacen del discurso lírico algo muy ágil, poco solemne.

Segundo momento


de mozo muy jaranero,
muy galán y algo torero;
de viejo, gran rezador.

A partir del quinto verso comienza la caracterización del personaje, donde se hace una especie de síntesis y a su vez comparación entre lo que fue su existencia en la juventud y en la edad madura. Tres actitudes fueron las que caracterizaron su juventud. Fue “muy jaranero” por lo que podemos pensar que sus años mozos fueron una fiesta continua, también fue “muy galán” lo que sumaría a esas fiestas continuas, la parte de la seducción, y finalmente, la tercera actitud, fue ser “algo torero”. Son muy significativos en esta estrofa los adverbios, porque hay una clara diferencia entre el “muy” y el “algo”. El poema nos dice que en su juventud este fue un individuo “muy” entregado a las fiestas y a la seducción, pero no nos dice que haya sido torero, sino que fue “algo” torero. Aquí, en la única de las tres actitudes que hubiera implicado valor, hay una restricción, una atenuación en ese “algo”, que muestra que don Guido nunca fue un arriesgado y verdadero torero. Pero esta actitud mundana cambia radicalmente cuando el personaje llega a viejo. Se nos dice que se volvió “gran rezador", como si al acercarse a la muerte hubiera querido expiar las culpas de la juventud. Este es un cambio motivado por el tiempo, no por una toma de consciencia. Incluso es un cambio superficial, externo, no se trata de una transformación espiritual del individuo.

Tercera estrofa

este señor de Sevilla;
que era diestro
en manejar el caballo,
y un maestro
en refrescar manzanilla.

La tercera persona del plural, en presente del indicativo del verbo decir “dicen”, palabra con que se abre esta tercera estrofa, crea en torno a don Guido una leyenda de hombre mujeriego. Parece ser, porque si “dicen” también puede ser que no sea verdad, que este hombre era poseedor de un serrallo, que era el nombre del lugar donde vivían las mujeres en un harén y que luego por extensión pasó a significar harén, de manera que, palabras más o palabras menos, parece ser que este don Guido tenía un harén. Tener una gran cantidad de mujeres, para nada se condice con una actitud cristiana, sino más bien con la de un gran pecador. Esto es algo que deshumaniza a don Guido, porque incluso el verbo “tuvo” (pretérito perfecto simple) implica una posesión, como si en lugar de mujeres se tratara de objetos. Aquí no se habla de amor, ni hay nada que pueda traer connotaciones cristianas, hasta el propio término “serrallo” alude al mundo musulmán. Lo llama “señor de Sevilla”, como si don Guido fuera el dueño de Sevilla, por su estatus social, por su riqueza, una condición que le da poder y a su vez le permite tener esas mujeres del serrallo a su merced. En la estrofa anterior, dije que ese volverse gran rezador con la vejez había sido un cambio exterior, superficial, no profundo. Ahora lo recuerdo para reiterar que la conducta de don Guido está marcada por la pura exterioridad, porque esas dos habilidades que se le asignan aquí, manejar el caballo y refrescar manzanilla, no implican ningún tipo de valor moral.


era su monomanía
pensar que pensar debía
en asentar la cabeza.

En el verso octavo habíamos visto los cambios que estableció don Guido en su conducta cuando se volvió viejo. Aquí encontramos nuevamente un cambio que lo llevó a reflexionar. Esta vez no se trata de la pérdida de la juventud, sino de la merma de la riqueza. Este fue un cambio que se transformó en una obsesión para él, algo que lo llevó a presionarse a si mismo, a decirse que debía madurar, cambiar de actitud, al menos si quería seguir disfrutando de algo de todo aquello que había podido gozar en una vida de despilfarros.

Quinta estrofa

de una manera española,
que fue casarse con una
doncella de gran fortuna;
y repintar sus blasones,
hablar de las tradiciones
de su casa,
a escándalos y amoríos
poner tasa,
sordina a su desvaríos.

Si reparamos en la parte formal de esta estrofa no podemos dejar de recordar, en el uso del pie quebrado, a la elegía de Jorge Manrique. De manera que la parodia a ese texto manriqueño por parte de Machado no sólo se ve en la ironía con que maneja el material poético-narrativo, sino también en la parte estructural del poema.
Aquí continuamos viendo como los cambios de don Guido nunca responden a una transformación verdadera, moral o espiritual, sino que son cambios externos, superficiales. Para asentar la cabeza y poder vivir los últimos años de su vida con solvencia económica y prestigio social, lo que hizo fue casarse con una doncella de gran fortuna. No se nos dice que esta mujer haya sido noble, no hay en el texto ningún tipo de información, salvo que tenía una gran fortuna, que es en definitiva lo que le interesaba a don Guido, para seguir gozando de privilegios y a su vez seguir manteniendo el honor. Y, lógicamente, una vez que se casó apuntó a darle lustre a su apariencia, repintando los blasones para exaltar su linaje. El casamiento fue un acontecimiento que le permitió darle un nuevo esplendor a su vida nobiliaria, y claro, esto también trajo aparejado un cambio en sus costumbres. Con el nuevo estado civil, don Guido, pasó a representar otro papel en la sociedad y dejó en el pasado la imagen de jaranero. Pero para que esto fuera realmente así, no sólo debió reivindicar la riqueza adquirida hablando de las tradiciones de su casa, sino que también debió ponerle límites a los amoríos para conservar las apariencias. En ningún momento se habla de terminar con las conductas escandalosas y desordenadas, sino de atenuarlas “sordina a sus desvaríos”. Esto es algo a lo que estaba obligado, no tanto por el prestigio social, ya que a estos personajes la sociedad complaciente le permite ciertas libertades, sino porque en esa relación, no nos olvidemos, la de la plata era ella, de manera que cualquier desvarío le podría haber costado muy caro a este señorito.

Tercer momento

Sexta estrofa

se hizo hermano
de una santa cofradía;
el Jueves Santo salía,
llevando un cirio en la mano
— ¡aquel trueno!—,
vestido de nazareno.
Hoy nos dice la campana
que han de llevarse mañana
al buen don Guido, muy serio,
camino del cementerio.

No debe sorprendernos que se lo califique a don Guido de “Gran pagano”, porque este es un término que, más allá de aludir a una persona que no es cristiana, se asocia con aquellas personas que buscan satisfacer los placeres terrenales, sobre todo los relacionados con el cuerpo. Nosotros ya nos enteramos del pasado de este personaje mundano, de sus juergas, de sus galanteos, incluso, de esos comentarios que lo vinculaban con la posesión de un harén. Y hay aquí en la estrofa, una antítesis desde el punto de vista conceptual, porque alguien considerado como un “gran pagano” nunca podría llegar a formar parte de una santa cofradía. Pero, el tema radica en que todo lo que hace don Guido se trata de una mentira, de una apariencia. Los rezos, los blasones pintados y también la entrada en la cofradía tiene como única intención, aparentar. Ser miembro de una cofradía es algo que le permite adoptar una apariencia de hombre piadoso y a su vez poder figurar en las procesiones llevando ese símbolo de la fe, el cirio, como si realmente se tratase de un individuo imbuido de una profunda espiritualidad. Pero de nazareno, lo único que tenía don Guido, era la vestimenta, lo externo. Por eso el poeta lo califica metafóricamente de trueno, porque en realidad su vida, lejos de tener la humildad y la sencillez de la de un verdadero cristiano, era tormentosa, escandalosa.
Como indiqué en el comienzo del análisis literario de este poema, cuando me referí a su estructura interna, a partir del verso treinta y seis, la voz lírica dejará de referirse a acontecimientos pretéritos y se centrará en el presente, donde, de don Guido, lo que queda es el cadáver. El adverbio “Hoy”, con el que comienza el verso referido, nos acerca a los lectores a esos acontecimientos que se nos están contando. No parece haber un impacto en la sociedad por la muerte de don Guido, y si bien es cierto que en esta última parte del poema la voz lírica parece ponerse más seria para hablar de la muerte, no le atribuye a la campana un toque de dolor, sino que más bien interpreta ese sonido como algo meramente informativo. Y esto es porque en el fondo, esta voz lírica es una digna representante de una gran parte de la sociedad, la que no cae en la hipocresía y por supuesto no se conduele por la muerte de don Guido. Pero claro, más seria y todo, la voz poética no abandona la ironía y se refiere al personaje como “buen don Guido”. Nada de lo que se ha dicho en el poema amerita el calificativo de “buen” para referirse a este personaje, que ahora sí se vuelve serio realmente, “muy serio”, pero claro, ya está muerto.


Buen don Guido, ya eres ido
y para siempre jamás...
Alguien dirá: ¿Qué dejaste?
Yo pregunto: ¿Qué llevaste
al mundo donde hoy estás?

En esta estrofa la voz lírica recurre al apóstrofe, en lugar de continuar hablando del personaje, como lo ha venido haciendo, pasa a hablarle a él, claro que post mortem, pero, de todas maneras, don Guido deja de ser un él para convertirse en un tú.  En esta gran parodia a las Coplas por la muerte de su padre de Jorge Manrique, esta estrofa correspondería al ubi sunt del castellano. La voz lírica del poema que, como vimos en la estrofa anterior, no se conduele por la muerte de don Guido, pareciera querer expresar en ese “ya eres ido/ y para siempre jamás” no tanto la satisfacción por la muerte del personaje, sino por el entierro de un estereotipo social basado en la hipocresía, que es en definitiva lo que don Guido representa. Esos que forman parte de la clase social a la que representa don Guido, los que comulgan con la hipocresía y las apariencias mundanas, son los que le preguntarán “¿qué dejaste?, pero la voz lírica, que pertenece a los que saben que a don Guido lo único que le interesó en la vida fue tener y aparentar, le pregunta, más bien “¿Qué llevaste/ al mundo donde hoy estás?”

Estrofas octava y novena

y a las sedas y a los oros,
y a la sangre de los toros
y al humo de los altares?

Buen don Guido y equipaje,
¡buen viaje!...

Ese gusto por la elegancia, por los adornos, por lo decorativo, por las cosas sensuales y a su vez valiosas, se inscribe en esa tendencia continua a aparentar que caracterizó la vida de este personaje. En la segunda estrofa, recordemos, se nos había dicho que don Guido era “algo torero”, no un arriesgado lidiador ni nada que se le parezca. Ahora se nos dice que sentía amor por “la sangre de los toros”, por el aspecto más cruel de una corrida. No se nos dice en esta estrofa que haya tenido fe, ni que haya sentido amor por los valores cristianos, sino que lo que amó fue “el humo de los altares”, o sea lo exterior, lo ceremonial. Por eso es por lo que en la breve novena estrofa, el yo lírico lo despide hasta complacido, porque sabe que quien se va a ese viaje sin retorno, en su vida fue un hipócrita, un hombre vacío, alguien que finalmente desaparecerá para siempre jamás.


El acá
y el allá
caballero,
se ve en tu rostro marchito,
lo infinito:
cero, cero.

Lo marchito del rostro de don Guido muestra lo que fue en vida y lo que es ahora en la muerte. En vida fue un símbolo de lo marchito, de una sociedad que el poeta quiere despedir con gusto para siempre jamás. En el más allá, en la eternidad, también estará marchito, porque como vimos, él nunca tuvo una verdadera vida espiritual, sino que únicamente se aferró a las apariencias, a lo ornamental, por eso es por lo que de lo infinito en su rostro se ve “cero, cero”.


¡Oh las enjutas mejillas,
amarillas,
y los párpados de cera,
y la fina calavera
en la almohada del lecho!

Esta es una estrofa notablemente marcada por la ironía, porque lo que encontramos en ella es una descripción exclamativa del cadáver. Con este recurso, es como si se estuviera pronunciando un elogio, cuando en realidad de elogio esto no tiene nada, no hay en la imagen descrita más que un hombre muerto con sus características típicas.

Decimosegunda estrofa

¡Oh fin de una aristocracia!
La barba canosa y lacia
sobre el pecho;
metido en tosco sayal,
las yertas manos en cruz,
¡tan formal!,
el caballero andaluz.   

En estos últimos siete versos del poema, la voz lírica deja en claro algo que a lo largo del texto los lectores habíamos podido intuir, don Guido, más que un personaje puntual, es un representante de un tipo social español. Este caballero, este aristócrata andaluz, este señorito, que en su vida tormentosa y superficial sólo pensó en él mismo, finalmente encontró la formalidad, después de muerto. Es exquisita realmente la ironía de Machado, quien termina cerrando el poema con la presentación de un hombre serio, con una imagen cercana a la de la santidad, pero claro, eso solo es posible porque el hombre ya está muerto. 

CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DE SAN ANTONIO DEL TÁCHIRA

Miembro honorario del CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DE SAN ANTONIO DEL TÁCHIRA , San Antonio del Táchira, Venezuela (septiembre, 2026). Fer...