domingo, 12 de mayo de 2019

Presentación del libro "El olor de mis manos", de Gonzalo Alvarino (Bogotá, 1 de mayo de 2019)


Muy buenas tardes a todos, para mí es un gusto poder compartir esta instancia con ustedes y fundamentalmente con mi amigo, el poeta cartagenero Gonzalo Albarino, con el que tantas charlas literarias he tenido y tantas poesías he compartido en distintos lugares de la geografía de este país tan querido. No abordaré la presentación del libro “El olor de mis manos” de la forma tradicional, es decir, diciendo algunas palabras y luego leyendo una serie de textos con la pretensión de ilustrar lo dicho, sino que tomaré el camino contrario, primero leeré tres poemas y luego sí haré unas apreciaciones, muy breves, pero llenas de gratitud y de aprecio.

(Lectura de los poemas: Alba, Lucrecia y Elda)

“El olor de mis manos” no deja de ser una muestra mínima de la basta obra poética de Gonzalo Albarino. Cuando lo crucé hace un par de años en La Guajira recuerdo que cargaba un manojo de hojas grandísimo, anilladas, casi una resma, que contenía siete poemarios inéditos, así que, por ahí ahora, seguramente cuente con alguno más. Pero es una muestra mínima muy bien lograda, muy bien estructurada, donde existe una línea temática que atraviesa el conjunto de poemas. A medida que vamos avanzando en la obra comenzamos a reconocer una voz propia que nos irá contando en pequeños textos, dije contando si, escucharon bien, porque son poemas con un fuerte componente narrativo, nos ira contando el despertar sexual de un niño al que le tocó vivir en un contexto muy particular, en una casa de putas. Y aquí, en las páginas de “El olor de mis manos” respiran estas mujeres complejas, con sus alegrías algunas, pero, sobre todo, con sus dolores a cuestas, dolores, muchas veces disfrazados de alegrías. No se trata de estereotipos sino de verdaderos personajes, sí, escucharon bien, dije personajes, más de cincuenta mujeres con sus luces y sus sombras, con sus virtudes y sus miserias.
Gonzalo Albarino es el padre de unos versos que, aunque él no lo suponga, cada tanto repican en mi memoria, dicen algo así como “No pretendo llegar a ningún lado, solo sé que las piedras tienen mucho que decir y sin embargo guardan silencio”. Hoy me toca celebrar el hecho de que, Gonzalo, haya roto el silencio y haya llegado hasta aquí, hasta este recinto de Corferias, para regalarnos a los amigos que estamos reunidos el olor de sus manos de poeta. Muchas gracias.

Fernando Chelle

VII CERTAMEN LITERARIO (CASTELLANO-ITALIANO, 2019)

Segundo premio en el  VII CERTAMEN LITERARIO (CASTELLANO-ITALIANO, 2019), en la categoría poesía en italiano, organizado por el Rotary Club de Flores, Buenos Aires, Argentina (abril, 2019).


Fernando Chelle

sábado, 11 de mayo de 2019

Entrevista a Fernando Chelle en Poliradio

A continuación, les dejo el audio de la entrevista que me realizó POLIRADIO, medio de comunicación de la Institución Universitaria Politécnico Grancolombiano, el pasado jueves 2 de mayo, en el marco de la Feria del Libro de Bogotá



Fernando Chelle

jueves, 2 de mayo de 2019

ESTUDIO CRÍTICO Y ANALÍTICO DE LA POESÍA DE ANTONIO MACHADO V



Quinto análisis literario, de una serie de seis, del gran poeta del tiempo.

Por Fernando Chelle  

De Campos de Castilla (1912), tercer libro de poesía de Antonio Machado, estudiaré, continuando con los análisis literarios del poeta del tiempo, el poema CXXXIII, texto titulado “Llanto de las virtudes y coplas por la muerte de don Guido”.

CXXXIII
Llanto de las virtudes y coplas por la muerte de don Guido

mató a don Guido, y están
las campanas todo el día
doblando por él ¡din-dán!

de mozo muy jaranero,
muy galán y algo torero;
de viejo, gran rezador.

este señor de Sevilla;
que era diestro
en manejar el caballo,
y un maestro
en refrescar manzanilla.

era su monomanía
pensar que pensar debía
en asentar la cabeza.

de una manera española,
que fue casarse con una
doncella de gran fortuna;
y repintar sus blasones,
hablar de las tradiciones
de su casa,
a escándalos y amoríos
poner tasa,
sordina a su desvaríos.

se hizo hermano
de una santa cofradía;
el Jueves Santo salía,
llevando un cirio en la mano
— ¡aquel trueno!—,
vestido de nazareno.
Hoy nos dice la campana
que han de llevarse mañana
al buen don Guido, muy serio,
camino del cementerio.

y para siempre jamás...
Alguien dirá: ¿Qué dejaste?
Yo pregunto: ¿Qué llevaste
al mundo donde hoy estás?

¿Tu amor a los alamares
y a las sedas y a los oros,
y a la sangre de los toros
y al humo de los altares?

¡buen viaje!...

y el allá
caballero,
se ve en tu rostro marchito,
lo infinito:
cero, cero.

amarillas,
y los párpados de cera,
y la fina calavera
en la almohada del lecho!

La barba canosa y lacia
sobre el pecho;
metido en tosco sayal,
las yertas manos en cruz,
¡tan formal!,
el caballero andaluz.   

El poema, cuya temática central es la sátira de un tipo social español (el señorito andaluz), es a su vez una gran parodia de una de las elegías más famosas de la literatura española, las Coplas por la muerte de su padre, del poeta castellano Jorge Manrique. La parodia al género elegíaco y principalmente a la obra manriqueña, está presente desde el título en el poema de Antonio Machado porque, por supuesto, esa grandilocuencia y solemnidad con que se hace referencia a don Guido, no es más que una ironía. Miremos que aquí el llanto no es por la muerte del personaje, lo que sería lógico en una elegía tradicional, sino que lo que se llora son las virtudes. A lo largo del texto el tratamiento irónico se mantiene atrás de una voz respetuosa que no hace más que reparar en la moral de don Guido. En nuestro imaginario como lectores, conocedores del poema de Jorge Manrique, se establece de inmediato un contraste muy marcado entre las personalidades de don Rodrigo Manrique y la de don Guido, quedando este último muy mal parado en la comparación.
Desde el punto de vista formal, el texto está compuesto por sesenta y ocho versos, en su mayoría octosílabos combinados con algunos tetrasílabos, divididos en doce estrofas desiguales, con rima consonante a gusto del poeta. Al reparar en la estructura interna, encontramos tres momentos claramente diferenciables. El que comprende la primera estrofa, centrado en el pasado reciente, inmediato, que anuncia la muerte de don Guido; el que va desde el comienzo de la segunda estrofa hasta el verso treinta y cinco (mitad de la sexta estrofa), centrado en la caracterización de don Guido, donde se mira hacia el ayer o, si se quiere, hacia los ayeres, porque en esta síntesis de la existencia del personaje, el poeta repara en el don Guido de la juventud y en el de la edad madura; finalmente, el momento que va desde el verso treinta y seis al final, centrado en el presente de don Guido, en el hombre muerto.


Primera estrofa

Al fin, una pulmonía
mató a don Guido, y están
las campanas todo el día
doblando por él ¡din-dán!

Por si acaso nos quedaba alguna duda, la parodia al género elegíaco, presente desde ese título emblemático y grandilocuente, caracterizará al texto ya, desde sus primeras palabras. Una expresión como “al fin” sería impensable en una elegía verdadera, sería una irrespetuosidad. Una manifestación emocional de ese tipo podría llegar a ser usada frente a la muerte de un enemigo, o de un personaje nefasto, pero nunca ante la muerte de alguien a quien se quiere exaltar. De manera que ese “al fin” no es más que el comienzo del tratamiento irónico que se dará a la figura de don Guido a lo largo del poema. La mención a la enfermedad por la que murió también es otro elemento degradante. No se trata aquí de un personaje que haya muerto en un campo de batalla ni defendiendo altos ideales, sino de alguien que está a la altura de cualquier mortal, porque tiene una muerte común. Incluso, la degradación del personaje llega a tal punto que, si bien miramos, veremos que don Guido no es el sujeto del verbo, de manera que ni siquiera ese momento decisivo de la muerte ha sido protagonizado por él, fue la enfermedad la que lo mató. Las campanas doblan porque se trata de la muerte de un individuo de posición social importante, pero el hecho de que lo estén haciendo todo el día es una desproporción. Aquí hay una clara crítica social indirecta a una comunidad que valora tanto a individuos de la categoría de don Guido, y a su vez hay un tratamiento casi caricaturesco de la situación, por la enorme distancia de la voz lírica con el personaje fallecido. Esa onomatopeya “ding dang”, degrada algo que debería ser solemne, el sonido de las campanas. Hay un tono juguetón en este poema que definitivamente lo aparta de una elegía tradicional. Incluso podríamos sumar otro aspecto que le quita a este poema la seriedad necesaria que toda elegía debería tener, el ritmo. Machado eligió para el texto el verso corto, el octosílabo, que sumado al encabalgamiento hacen del discurso lírico algo muy ágil, poco solemne.

Segundo momento


de mozo muy jaranero,
muy galán y algo torero;
de viejo, gran rezador.

A partir del quinto verso comienza la caracterización del personaje, donde se hace una especie de síntesis y a su vez comparación entre lo que fue su existencia en la juventud y en la edad madura. Tres actitudes fueron las que caracterizaron su juventud. Fue “muy jaranero” por lo que podemos pensar que sus años mozos fueron una fiesta continua, también fue “muy galán” lo que sumaría a esas fiestas continuas, la parte de la seducción, y finalmente, la tercera actitud, fue ser “algo torero”. Son muy significativos en esta estrofa los adverbios, porque hay una clara diferencia entre el “muy” y el “algo”. El poema nos dice que en su juventud este fue un individuo “muy” entregado a las fiestas y a la seducción, pero no nos dice que haya sido torero, sino que fue “algo” torero. Aquí, en la única de las tres actitudes que hubiera implicado valor, hay una restricción, una atenuación en ese “algo”, que muestra que don Guido nunca fue un arriesgado y verdadero torero. Pero esta actitud mundana cambia radicalmente cuando el personaje llega a viejo. Se nos dice que se volvió “gran rezador", como si al acercarse a la muerte hubiera querido expiar las culpas de la juventud. Este es un cambio motivado por el tiempo, no por una toma de consciencia. Incluso es un cambio superficial, externo, no se trata de una transformación espiritual del individuo.

Tercera estrofa

este señor de Sevilla;
que era diestro
en manejar el caballo,
y un maestro
en refrescar manzanilla.

La tercera persona del plural, en presente del indicativo del verbo decir “dicen”, palabra con que se abre esta tercera estrofa, crea en torno a don Guido una leyenda de hombre mujeriego. Parece ser, porque si “dicen” también puede ser que no sea verdad, que este hombre era poseedor de un serrallo, que era el nombre del lugar donde vivían las mujeres en un harén y que luego por extensión pasó a significar harén, de manera que, palabras más o palabras menos, parece ser que este don Guido tenía un harén. Tener una gran cantidad de mujeres, para nada se condice con una actitud cristiana, sino más bien con la de un gran pecador. Esto es algo que deshumaniza a don Guido, porque incluso el verbo “tuvo” (pretérito perfecto simple) implica una posesión, como si en lugar de mujeres se tratara de objetos. Aquí no se habla de amor, ni hay nada que pueda traer connotaciones cristianas, hasta el propio término “serrallo” alude al mundo musulmán. Lo llama “señor de Sevilla”, como si don Guido fuera el dueño de Sevilla, por su estatus social, por su riqueza, una condición que le da poder y a su vez le permite tener esas mujeres del serrallo a su merced. En la estrofa anterior, dije que ese volverse gran rezador con la vejez había sido un cambio exterior, superficial, no profundo. Ahora lo recuerdo para reiterar que la conducta de don Guido está marcada por la pura exterioridad, porque esas dos habilidades que se le asignan aquí, manejar el caballo y refrescar manzanilla, no implican ningún tipo de valor moral.


era su monomanía
pensar que pensar debía
en asentar la cabeza.

En el verso octavo habíamos visto los cambios que estableció don Guido en su conducta cuando se volvió viejo. Aquí encontramos nuevamente un cambio que lo llevó a reflexionar. Esta vez no se trata de la pérdida de la juventud, sino de la merma de la riqueza. Este fue un cambio que se transformó en una obsesión para él, algo que lo llevó a presionarse a si mismo, a decirse que debía madurar, cambiar de actitud, al menos si quería seguir disfrutando de algo de todo aquello que había podido gozar en una vida de despilfarros.

Quinta estrofa

de una manera española,
que fue casarse con una
doncella de gran fortuna;
y repintar sus blasones,
hablar de las tradiciones
de su casa,
a escándalos y amoríos
poner tasa,
sordina a su desvaríos.

Si reparamos en la parte formal de esta estrofa no podemos dejar de recordar, en el uso del pie quebrado, a la elegía de Jorge Manrique. De manera que la parodia a ese texto manriqueño por parte de Machado no sólo se ve en la ironía con que maneja el material poético-narrativo, sino también en la parte estructural del poema.
Aquí continuamos viendo como los cambios de don Guido nunca responden a una transformación verdadera, moral o espiritual, sino que son cambios externos, superficiales. Para asentar la cabeza y poder vivir los últimos años de su vida con solvencia económica y prestigio social, lo que hizo fue casarse con una doncella de gran fortuna. No se nos dice que esta mujer haya sido noble, no hay en el texto ningún tipo de información, salvo que tenía una gran fortuna, que es en definitiva lo que le interesaba a don Guido, para seguir gozando de privilegios y a su vez seguir manteniendo el honor. Y, lógicamente, una vez que se casó apuntó a darle lustre a su apariencia, repintando los blasones para exaltar su linaje. El casamiento fue un acontecimiento que le permitió darle un nuevo esplendor a su vida nobiliaria, y claro, esto también trajo aparejado un cambio en sus costumbres. Con el nuevo estado civil, don Guido, pasó a representar otro papel en la sociedad y dejó en el pasado la imagen de jaranero. Pero para que esto fuera realmente así, no sólo debió reivindicar la riqueza adquirida hablando de las tradiciones de su casa, sino que también debió ponerle límites a los amoríos para conservar las apariencias. En ningún momento se habla de terminar con las conductas escandalosas y desordenadas, sino de atenuarlas “sordina a sus desvaríos”. Esto es algo a lo que estaba obligado, no tanto por el prestigio social, ya que a estos personajes la sociedad complaciente le permite ciertas libertades, sino porque en esa relación, no nos olvidemos, la de la plata era ella, de manera que cualquier desvarío le podría haber costado muy caro a este señorito.

Tercer momento

Sexta estrofa

se hizo hermano
de una santa cofradía;
el Jueves Santo salía,
llevando un cirio en la mano
— ¡aquel trueno!—,
vestido de nazareno.
Hoy nos dice la campana
que han de llevarse mañana
al buen don Guido, muy serio,
camino del cementerio.

No debe sorprendernos que se lo califique a don Guido de “Gran pagano”, porque este es un término que, más allá de aludir a una persona que no es cristiana, se asocia con aquellas personas que buscan satisfacer los placeres terrenales, sobre todo los relacionados con el cuerpo. Nosotros ya nos enteramos del pasado de este personaje mundano, de sus juergas, de sus galanteos, incluso, de esos comentarios que lo vinculaban con la posesión de un harén. Y hay aquí en la estrofa, una antítesis desde el punto de vista conceptual, porque alguien considerado como un “gran pagano” nunca podría llegar a formar parte de una santa cofradía. Pero, el tema radica en que todo lo que hace don Guido se trata de una mentira, de una apariencia. Los rezos, los blasones pintados y también la entrada en la cofradía tiene como única intención, aparentar. Ser miembro de una cofradía es algo que le permite adoptar una apariencia de hombre piadoso y a su vez poder figurar en las procesiones llevando ese símbolo de la fe, el cirio, como si realmente se tratase de un individuo imbuido de una profunda espiritualidad. Pero de nazareno, lo único que tenía don Guido, era la vestimenta, lo externo. Por eso el poeta lo califica metafóricamente de trueno, porque en realidad su vida, lejos de tener la humildad y la sencillez de la de un verdadero cristiano, era tormentosa, escandalosa.
Como indiqué en el comienzo del análisis literario de este poema, cuando me referí a su estructura interna, a partir del verso treinta y seis, la voz lírica dejará de referirse a acontecimientos pretéritos y se centrará en el presente, donde, de don Guido, lo que queda es el cadáver. El adverbio “Hoy”, con el que comienza el verso referido, nos acerca a los lectores a esos acontecimientos que se nos están contando. No parece haber un impacto en la sociedad por la muerte de don Guido, y si bien es cierto que en esta última parte del poema la voz lírica parece ponerse más seria para hablar de la muerte, no le atribuye a la campana un toque de dolor, sino que más bien interpreta ese sonido como algo meramente informativo. Y esto es porque en el fondo, esta voz lírica es una digna representante de una gran parte de la sociedad, la que no cae en la hipocresía y por supuesto no se conduele por la muerte de don Guido. Pero claro, más seria y todo, la voz poética no abandona la ironía y se refiere al personaje como “buen don Guido”. Nada de lo que se ha dicho en el poema amerita el calificativo de “buen” para referirse a este personaje, que ahora sí se vuelve serio realmente, “muy serio”, pero claro, ya está muerto.


Buen don Guido, ya eres ido
y para siempre jamás...
Alguien dirá: ¿Qué dejaste?
Yo pregunto: ¿Qué llevaste
al mundo donde hoy estás?

En esta estrofa la voz lírica recurre al apóstrofe, en lugar de continuar hablando del personaje, como lo ha venido haciendo, pasa a hablarle a él, claro que post mortem, pero, de todas maneras, don Guido deja de ser un él para convertirse en un tú.  En esta gran parodia a las Coplas por la muerte de su padre de Jorge Manrique, esta estrofa correspondería al ubi sunt del castellano. La voz lírica del poema que, como vimos en la estrofa anterior, no se conduele por la muerte de don Guido, pareciera querer expresar en ese “ya eres ido/ y para siempre jamás” no tanto la satisfacción por la muerte del personaje, sino por el entierro de un estereotipo social basado en la hipocresía, que es en definitiva lo que don Guido representa. Esos que forman parte de la clase social a la que representa don Guido, los que comulgan con la hipocresía y las apariencias mundanas, son los que le preguntarán “¿qué dejaste?, pero la voz lírica, que pertenece a los que saben que a don Guido lo único que le interesó en la vida fue tener y aparentar, le pregunta, más bien “¿Qué llevaste/ al mundo donde hoy estás?”

Estrofas octava y novena

y a las sedas y a los oros,
y a la sangre de los toros
y al humo de los altares?

Buen don Guido y equipaje,
¡buen viaje!...

Ese gusto por la elegancia, por los adornos, por lo decorativo, por las cosas sensuales y a su vez valiosas, se inscribe en esa tendencia continua a aparentar que caracterizó la vida de este personaje. En la segunda estrofa, recordemos, se nos había dicho que don Guido era “algo torero”, no un arriesgado lidiador ni nada que se le parezca. Ahora se nos dice que sentía amor por “la sangre de los toros”, por el aspecto más cruel de una corrida. No se nos dice en esta estrofa que haya tenido fe, ni que haya sentido amor por los valores cristianos, sino que lo que amó fue “el humo de los altares”, o sea lo exterior, lo ceremonial. Por eso es por lo que en la breve novena estrofa, el yo lírico lo despide hasta complacido, porque sabe que quien se va a ese viaje sin retorno, en su vida fue un hipócrita, un hombre vacío, alguien que finalmente desaparecerá para siempre jamás.


El acá
y el allá
caballero,
se ve en tu rostro marchito,
lo infinito:
cero, cero.

Lo marchito del rostro de don Guido muestra lo que fue en vida y lo que es ahora en la muerte. En vida fue un símbolo de lo marchito, de una sociedad que el poeta quiere despedir con gusto para siempre jamás. En el más allá, en la eternidad, también estará marchito, porque como vimos, él nunca tuvo una verdadera vida espiritual, sino que únicamente se aferró a las apariencias, a lo ornamental, por eso es por lo que de lo infinito en su rostro se ve “cero, cero”.


¡Oh las enjutas mejillas,
amarillas,
y los párpados de cera,
y la fina calavera
en la almohada del lecho!

Esta es una estrofa notablemente marcada por la ironía, porque lo que encontramos en ella es una descripción exclamativa del cadáver. Con este recurso, es como si se estuviera pronunciando un elogio, cuando en realidad de elogio esto no tiene nada, no hay en la imagen descrita más que un hombre muerto con sus características típicas.

Decimosegunda estrofa

¡Oh fin de una aristocracia!
La barba canosa y lacia
sobre el pecho;
metido en tosco sayal,
las yertas manos en cruz,
¡tan formal!,
el caballero andaluz.   

En estos últimos siete versos del poema, la voz lírica deja en claro algo que a lo largo del texto los lectores habíamos podido intuir, don Guido, más que un personaje puntual, es un representante de un tipo social español. Este caballero, este aristócrata andaluz, este señorito, que en su vida tormentosa y superficial sólo pensó en él mismo, finalmente encontró la formalidad, después de muerto. Es exquisita realmente la ironía de Machado, quien termina cerrando el poema con la presentación de un hombre serio, con una imagen cercana a la de la santidad, pero claro, eso solo es posible porque el hombre ya está muerto. 

martes, 16 de abril de 2019

Entrevista del diario Acción, de Mercedes, Uruguay (16 de abril de 2019)


DESDE SU MERCEDES NATAL AL PAÍS CAFETERO
Escritor Fernando Chelle: Pasión por la literatura


Acción en la REGIÓN. Con asiduidad publicamos colaboraciones del escritor mercedario FERNANDO CHELLE, quien reside en Cúcuta (Colombia). Debió ser lo primero, presentar de quién se trata. Hoy la tecnología nos permite un contacto directo con Fernando, él allá en tierras cafetera, nosotros en Mercedes, su solar natal.
- Contanos, Fernando, para comenzar, sobre tu vida en Mercedes antes de radicarte en Colombia.
Nací allí en Mercedes, el 14 de noviembre de 1976. El primer lugar donde viví fue en la calle Cerrito 260, que fue el primer domicilio que tuvieron mis padres después de casarse. Allí viví hasta los cinco años y luego me mudé, también dentro del Barrio Oeste, a la casa que está ubicada en De Castro y Careaga y 21 de septiembre, donde pasé gran parte de mi vida y donde viven mis padres hasta el día de hoy. Mi existencia en Mercedes transcurrió dentro de los parámetros de la normalidad. Como tantos niños mercedarios, comencé a socializarme con otros desde el jardín. Hoy en día hay una diversidad de instituciones que brindan esa formación prescolar, en la época de mi infancia creo que estaba únicamente el Jardín de Infantes N.º 109, y allí fue donde concurrí. En el transcurso de mi vida allí, hice un montón de actividades, que creo fueron y son comunes a muchos mercedarios contemporáneos y de diferentes épocas; jugué al futbol y al basquetbol en el Club Atlético Racing (los partidos de futbol eran todos los domingos en el Parque Don Bosco), practiqué judo en el Instituto Samurái,  jugué a la paleta en el Centro Pelotaris, fui a clases de guitarra, de dactilografía, de computación, fui a ver futbol a las distintas canchas, basquetbol, en alguna oportunidad fui al Velódromo Leonel Rocca, al SADAM a mirar alguna carrera, al Hipódromo Viera y Benavidez, al Mauá, a la Biblioteca Eusebio Giménez, paseé por la rambla, por el centro y por los distintos barrios, me bañé en las distintas playas, pesqué en diferentes escolleras, bailé en los distintos clubes y discotecas, fui al carnaval, en fin, actividades todas de nuestra idiosincrasia. La educación primaria la cursé en la Escuela N° 4, la secundaria en el Liceo N° 2 Luis Alberto Zanzi y luego viajé a Montevideo para cursar la educación terciaria en el Instituto de Profesores Artigas. El último lugar donde trabajé no fue precisamente en Mercedes, aunque sí en Soriano, esto fue en el año 2010, cuando trabajé en la ciudad de Dolores, en el Liceo Dr. Roberto Taruselli. Desde el año 1998, que cubrí una suplencia en el Liceo N° 3 Prof. Gregorio Cardozo, mi vida en Mercedes estuvo vinculada al dictado de las clases de literatura, aunque también en algún momento trabajé en el comercio de mis padres, en el Kiosco Bariloche. Trabajé, además de en esos lugares que referí; en el liceo José María Campos, en el liceo de la ciudad de Cardona y en el de José Enrique Rodó. También trabajé en otros liceos en Canelones y en Montevideo, como también estudié en otros lugares aquí en Colombia, pero bueno, ese ya sería otro tema, de forma muy resumida, lo más importante referente a mi vida en Mercedes, antes de venirme a Colombia, es lo referido a acción
- ¿Cómo se originó tu vínculo con Colombia?
Nunca existió, en mi vida en Uruguay, ningún vínculo con Colombia. Claro que conocía algunos escritores colombianos y estaba enterado, a grandes rasgos, de las principales características de la cultura colombiana, pero no existía nada que me uniera, ligara o conectara a este país. Esto fue así, hasta que conocí allá por el año 2010, a la que hoy en día es mi esposa. En abril de 2011, yo viajé a Bogotá, luego me trasladé a Cúcuta y aquí finalmente me casé y me terminé radicando”.  
- ¿Cómo fueron tus inicios en el mundo de la literatura? 
A la edad en que uno va abandonando la niñez y va entrando a la adolescencia yo comencé a leer ávidamente. No es algo muy común en los individuos verse seducidos por la lectura en esa etapa de la vida, pero en el caso mío fue así. En mi familia no hubo escritores, pero sí lectores y artistas. Antes de convertirme en lector y por supuesto en escritor, los libros ya me inquietaban. Mi bisabuela paterna, Ester Larrea, fue una gran lectora. Siendo niño, yo la veía leer, comprar libros, intercambiarlos con sus amigas, y me imaginaba que efectivamente algo atrapante tenía que haber en esas páginas para que formaran una parte tan importante de su vida. Ella fue la que me indujo a la lectura cuando yo ya comenzaba a abandonar el terreno de la niñez, primero con su ejemplo y luego con gran cantidad de préstamos y regalos literarios. Pero, antes de convertirme en escritor, o al menos antes de pretender una finalidad estética o artística con la palabra, no solo estuvo presente en mi vida la lectura, sino que también disfruté de la literatura a partir de la oralidad. Mi abuelo materno, Jorge Eusebio Pujolar, en su juventud fue murguista. Las letras de murga, que recordaba y me cantaba mi abuelo, fueron quizá el primer acercamiento que yo tuve al lenguaje con una finalidad artística. De manera que cuando me acerco a la literatura escrita, cuando comienzo a leer los libros de mi abuela, empiezo a reconocer en los textos ese tratamiento diferencial, no cotidiano, estético, que se le daba a la palabra en las canciones que me cantaba mi abuelo.  Y así fue, si bien es cierto que, en la escuela, uno conoce una gran cantidad de autores, sobre todo uruguayos, mi entrada de lleno al mundo literario se da a través de la lectura de los libros de mi bisabuela. En esa época, con poco más de doce años, comencé a leer autores como García Márquez, Dostoievski, Vargas Llosa, Quiroga, Cervantes y muchos más. De ahí en adelante, la pasión por la literatura no me abandonó.
Como escritor, mis primeros textos relativamente serios, donde yo sabía que estaba haciendo un trabajo literario, son del año 1994. De manera que por lo menos pasé seis años de ser un lector constante de mucha literatura, antes de incursionar en el terreno de la escritura. De ahí en más no he dejado de escribir, tampoco de leer, pero realmente tomé conciencia de mi función como escritor hace unos seis años, cuando finalmente me decidí a publicar. Antes, mi vínculo con la escritura era muy esporádico, ni siquiera pensaba en que mis textos iban a ser publicados y que la gente me iba a leer. A partir de la publicación del 2013, fue cuando comencé a escribir de forma más sistemática, cuando experimenté un cambio psicológico en lo que respecta a mi vínculo con la escritura”. 
- ¿Qué condiciones prefieres o necesitas para escribir?
Nada fuera de lo normal. Simplemente estar tranquilo y en lo posible no tener interrupciones. Suelo escribir bien temprano en la mañana y bien tarde en la noche, que son los momentos del día donde generalmente está todo más calmo y donde no estoy ocupado en otros compromisos laborales. Prefiero escribir en el patio de mi casa, en el corredor, ese es mi lugar preferido, porque aquí el clima es muy caluroso todo el año, y ese es un lugar fresco. Pero trato de no imponerme condicionamientos, si tengo que escribir a otras horas diferentes a las que referí, como también en otro sitio diferente al patio, lo hago sin dificultad.
- ¿Cuáles son los libros que has publicado?
Tengo nueve libros publicados, Poesía de los pájaros pintados (2013); Curso general de lectoescritura y corrección de estilo (2014); El cuento fantástico en el Río de la Plata (2015); Muelles de la palabra (2015); Las otras realidades de la ficción (2016); El cuento latinoamericano en el siglo XX (2016); SPAM (2017); Las flores del tiempo (2018) y Cadencias que el aire dilata en la sombra (2018).
- Fernando, tú escribes poesía, cuentos, ensayos y también te dedicas a la crítica literaria ¿Por qué tantos géneros diferentes?
Yo personalmente me considero un escritor, no un poeta, un narrador o un crítico literario. Un escritor, que ha escrito poesía, cuentos y también ensayos literarios. Alguien al que le gusta experimentar en los distintos terrenos de la literatura. Mi primer vínculo con la escritura fue con la poesía, después surgieron los cuentos y también los ensayos. Esos análisis y comentarios literarios, en un principio surgieron de mi pasión como lector, los escribía casi como una necesidad imperiosa de decir algo sobre lo leído, ahora los sigo escribiendo para difundirlos en diferentes medios y después los publico en forma de libro. La génesis de obras como El cuento fantástico en el Río de la Plata, Las otras realidades de la ficción, El cuento latinoamericano en el siglo XX y Cadencias que el aire dilata en la sombra, ha sido esa.  Todos son libros que contienen artículos, en principio difundidos en revistas y portales literarios de diferentes países.
- ¿Cómo crees que inciden las redes sociales en la literatura? ¿Juegan a favor o en contra?
Juegan, definitivamente, a favor. No pasa lo mismo con la escritura corriente, la escritura que tiene una finalidad meramente comunicativa. Porque allí lo que se ven son respuestas rápidas, prácticas, donde la parte estilística del lenguaje, la sintaxis e incluso la ortografía pasan a segundo plano. Los usuarios de las distintas redes sociales, pero sobre todo Facebook y Twitter, no se detienen a corregir lo escrito, y así es frecuente encontrar en los textos, todo tipo de anomalías, incluso en textos de personas con un nivel de alfabetización superior, que nunca se hubieran permitido escribir así en una carta manuscrita. En los chats, por ejemplo, es frecuente que las personas mantengan una comunicación con cuatro contactos a la vez, lo que exige leer rápido y contestar rápido, transgrediendo constantemente las normas básicas de la escritura. Esta rapidez exigida, también lleva a que el lenguaje se abrevie, o el escritor recurra a emoticones, que no son otra cosa que íconos que transmiten estados de ánimo sin tener la necesidad de escribir. Pero en lo que respecta a la literatura, las redes sociales inciden de forma positiva. Sirven como un medio de difusión valiosísimo, son muchos los autores que han aprovechado las redes sociales para promocionar sus libros. En mi caso, a esto lo he hecho desde mi página de autor, no tanto desde mi Facebook personal, porque no quiero resultar apabullante ante muchos contactos que no están vinculados al mundo literario. Pero es indudable que las redes sociales, son plataformas que permiten, no solo la promoción, sino también la interacción con los lectores de todos los rincones del mundo. Son sitios donde confluyen autores, lectores, críticos literarios y editores. Se comentan y critican las obras, se intercambian recomendaciones, lo que lleva a que se descubran nuevos títulos y autores y esto es positivo por donde se lo mire. No nos podemos olvidar del papel trascendental que juega en la actualidad la blogosfera, en lo que respecta a la difusión literaria. Un blog, es una herramienta digital formidable para los escritores. Es un espacio público y privado a la vez, donde se pueden difundir no solo materiales textuales, sino que se pueden incluir fotos, audios y videos. También la crítica literaria, en la actualidad ha encontrado un espacio cada vez mayor en la blogosfera, que se ha convertido en un espacio alternativo real a los suplementos y medios periodísticos tradicionales. Yo tengo mi propio blog, se llama PALABRA ESCRITA. Allí se encuentra todo mi trabajo.
- ¿Para qué sirve la poesía?
Si vinculamos el verbo servir, a lo meramente utilitario o práctico, seguramente tendría que responder que la poesía no sirve para nada. Pero en la vida no solo “sirve”, lo que tiene una finalidad práctica dentro de concepciones materialistas. Están aquellos aspectos que se vinculan con lo que verdaderamente mueve a los seres humanos: la expresión de las emociones, los sentimientos, el conocimiento o el deslumbramiento ante la belleza, el horror, lo maravilloso, en fin, una cantidad de aspectos con que la poesía trabaja, y que son el material fundamental de su contenido. Claro que esta expresión de aspectos, vinculados a la intimidad del hombre, no son solo propiedad de la poesía, se ven también en otras manifestaciones artísticas. Pero la poesía, creo yo, penetra en territorios de la intimidad del individuo como ninguna otra manifestación artística.  Desde esta perspectiva, la poesía, abre puertas al conocimiento e intensifica la conciencia, transitando por caminos artísticos, alternos a los de la racionalidad o la lógica. Creo que la poesía en ocasiones tiene aspectos casi mágicos, y expresa cosas que el poeta ni siquiera intuía. La poesía, si bien comparte con otras manifestaciones literarias el estar hecha de palabras, suele trascender las meras palabras. Esto ya es algo que se tiene que sentir, que no es fácil de explicar y que por supuesto hay gente que no lo siente. Esto último me lleva a decir que la poesía, no es un lenguaje que le “sirva”, para usar el verbo de la pregunta, a todas las personas, pero para algunas, entre las que me incluyo, suele ser como un bálsamo que nos ayuda a vivir y a tratar de ser mejores.
- Contanos sobre los premios y reconocimientos que has obtenido.
He tenido la dicha de recibir unos cuantos premios, ya van cerca de veinte, entre cuento, poesía y ensayo. Entre ellos podría destacar: el Premio Nacional de Ensayo Literario, recibido en Colombia en el 2017, del mismo año, el VIII Premio Internacional de Poesía Caños Dorados, que se otorga en Córdoba, España; el Premio Internacional a la Investigación, que recibí el año pasado en Argentina por un estudio sobre Julio Cortázar, el mismo que se publicó aquí en acción; el Premio a la Excelencia en Periodismo Cultural, recibido también el año pasado, en Colombia, y finalmente, el más reciente, el Premio Internacional Sacra Leal de Poesía 2018, que me lo otorgaron en Alicante, España, el 23 de febrero de este año.
- ¿Cuál es el mayor tesoro de tu biblioteca?
Tesoros como primeras ediciones de obras importantes, o algún libro firmado por un autor como Jorge Luis Borges, por ejemplo, no tengo ninguno. Mis tesoros literarios, están vinculados a lo puramente afectivo y no tienen un valor monetario. Tengo unos cuantos, pero si me tuviera que quedar solamente con uno, elegiría el Diario de viaje de Montevideo a Paysandú, de Dámaso Antonio Larrañaga. Es un libro que leí junto a mi abuelo y por esa razón tiene para mí un alto valor afectivo.
- ¿Estás trabajando en una nueva obra?
Sí, estoy trabajando en tres proyectos. En el segundo libro de cuentos, que va a ser muy diferente al primero, en lo que respecta a las temáticas y al estilo; el cuarto poemario, que de alguna manera va a ser una continuidad temática del anterior; y finalmente, estoy trabajando en mi quinto libro de ensayos, que creo que será el primero de estos tres proyectos en concretarse, una obra sobre la poesía de Antonio Machado que llevará por título Palabra en el tiempo.
- Muchas gracias, Fernando, por entender nuestra intención y comunicarte con acción a través de la distancia
El agradecido soy yo con acción, un medio de comunicación histórico, que ha sido un pilar en la información y en la comunicación de nuestra ciudad. Un diario en el cual, desde hace un tiempo, también, tengo la fortuna de participar como columnista. Saludos cordiales a la distancia.