jueves, 13 de diciembre de 2018

Poesía: Del mismo barro


(Poema tomado del libro Las flores del tiempo)



Del mismo barro

A la memoria del pintor Carlos Federico Sáez 1878 – 1901

Un 14 de noviembre,
noventaiocho años antes
de mi 14 de noviembre
naciste allí, igual que yo,
a orillas del Hum,
en la ciudad coqueta
del pequeño país.
Hoy estoy lejos de allí
como lo estuviste tú
y te recuerdo.
Las cosas de la vida, Federico,
tú pintando a la sombra del Coliseo
y yo escribiendo desde esta muralla centenaria,
otros tiempos y otros espacios
para dos llamas de diferentes tiempos
encendidas en el mismo espacio.
Qué lindo sería manipular estos conceptos
 y encontrarnos de pronto
en un fantástico bar de cualquier país,
porque nuestra conversación, nuestro diálogo,
nuestro vino compartido, sabría igual en cualquier lugar,
porque la geografía se reduciría a alguna mesa de madera. 
Vernos por ejemplo en 1950,
un año sin nosotros,
sin un hombre
que cincuentaisiete años antes
se retrató con una flor en el ojal
y sin un hombre
que sesentaicinco años después
escribió sobre una muralla
hecha a punta de dolor ajeno.
Hablar de mi futura poesía
y de tu pasada pintura
de tus escasos y nerviosos trazos
y de mis pequeños poemas surrealistas.
Quizá te sirva para pintar
tu “cabeza de viejo”
y yo te use para escribir
y crear,
“del mismo barro”
ese que es fruto
de la tierra antigua
y del Río Negro
que sin ser el mismo nunca,
siempre será nuestro.
Fernando Chelle


Editorial:
 CreateSpace Plataforma Independent Publishing; 1 edición (20 de febrero de 2018)
·         ISBN-10: 1985749335
·         ISBN-13: 978-1985749337

Las flores del tiempo (Colombia 2018). 
Edición en papel: adquirir  aquí
Edición Kindle: adquirir  
aquí
Leer otros poemas seleccionados del libro aquí 
Pintura: Autorretrato (1893), de Carlos Federico Sáez.


lunes, 10 de diciembre de 2018

CLARICE LISPECTOR Y EL CUENTO


El no-estilo del mundo interior


Escritora brasileña de origen judío nacida en Ucrania. Una de las narradoras más importantes del siglo XX en su país y en su lengua. Este artículo recorre su biografía, su obra, su cuentística, su estilo y analiza literariamente uno de sus cuentos más representativos: Felicidad Clandestina.

Por:
Fernando Chelle

I

Continuando con mi viaje literario por el cuento latinoamericano, le ha llegado el turno a Brasil. Este país no presenta las facilidades de Colombia a la hora de elegir un cuentista representativo. Son muchos los autores que podrían haber sido elegidos, pienso en Joaquim Machado de Assis, João Guimarães Rosa, Carlos Drummond de Andrade o el propio Jorge Amado, por nombrar solo algunos de los más representativos de este inmenso territorio. Al final, he decidido trabajar, con un cuento de la gran escritora brasileña, nacida en Ucrania, Clarice Lispector (Chechelnik, Ucrania, 10 de diciembre de 1920 ‑ Río de Janeiro, Brasil, 9 de diciembre de 1977). Elegí para comentar en el presente artículo, el cuento titulado Felicidad clandestina, relato con que se abre el libro homónimo, publicado en la ciudad de Río de Janeiro en el año 1971.

La autora
Clarice Lispector, quien nació con el nombre de Chaiuya Pinkhasovna Lispector el 10 de diciembre de 1920, en Chechelnik, Ucrania, fue una escritora de origen judío. Llegó a Brasil, a la ciudad de Recife, con pocos meses de edad, luego que sus padres emigraron de Ucrania. Cuando la niña contaba con apenas diez años, fallece su mamá. Su veta como escritora se dejó ver muy temprano en su vida. Comenzó enviando relatos al Diario de Pernambuco, pero se los rechazaron con la excusa de que eran una mera expresión de sensaciones y carecían de acción narrativa. Esta característica tan temprana de alguna manera siguió estando presente en su carrera literaria y es una de las particularidades principales de su narrativa. A los catorce años, se traslada junto a su familia a la ciudad de Río de Janeiro, donde estudia la carrera de Derecho y comienza a colaborar en algunas revistas y periódicos. En el año 1943, publica la novela Cerca del corazón salvaje, con la que obtiene el primer reconocimiento de su carrera, el premio Fundación Graça Aranha, al mejor libro del año. En ese mismo año se casa con un compañero de la universidad, el diplomático Maury Gurgel Valente, con quien vive en diferentes países (Italia, Inglaterra, Francia y finalmente Suiza, donde nace su primer hijo, Paulo). En 1946 publica su segunda novela, O lustre. Clarice, quien tiene una correspondencia casi cotidiana con el escritor Fernando Sabino, se siente infeliz en el extranjero y siente nostalgia de Brasil. Regresa a Río de Janeiro recién en el año 1949, donde retoma la actividad periodística firmando con el seudónimo de Tereza Quadros. El destino quiso que en el año 1952 tuviera que abandonar nuevamente Brasil y trasladarse a vivir, junto a su marido, a EE.UU., donde al año siguiente nació Pedro, su segundo hijo. Allí vivió siete años y cultivó gran amistad con el también escritor brasileño Érico Veríssimo. Nunca abandonó las publicaciones en medios brasileños, ni las correspondencias con autores como Otto Lara Resende. El reconocimiento literario comenzó a llegarle en el año 1954, con la traducción al francés de Cerca del corazón salvaje, este libro se publicó con una portada del pintor Henri Matisse.
En el año de 1959 se separa de su marido y regresa a Río de Janeiro, donde comienza una etapa productiva y exitosa. En 1960, publica con gran éxito Lazos de familia, su segundo libro de cuentos. De 1961 es la novela La manzana en la oscuridad y de 1963, la novela que se considera su obra maestra, La pasión según G.H.
En el mes de septiembre del año 1966 la escritora es rescatada de en medio de las llamas, cuando su dormitorio se incendió. Clarice se quedó dormida con un cigarrillo encendido y esto produjo el fuego. Pasó algunos meses en un hospital recuperándose de las quemaduras, pero le quedaron secuelas que la acompañarían hasta su muerte. Su cuerpo y también su obra van a quedar marcados por este hecho trágico. En el mes de diciembre de 1977, víctima de un cáncer de ovarios, muere en la ciudad de Río de Janeiro, a los 56 años, pocos meses después de la publicación de su última novela: La hora de la estrella.

Los cuentos
El primer libro de cuentos publicado por Clarice Lispector es una recopilación de seis relatos, donde se pueden apreciar las características por las que fue rechazada en su niñez por el Diario de Pernambuco. Son relatos donde la acción parece quedar de lado y donde se privilegian las sensaciones de los personajes. El libro fue publicado en el año 1952 y se titula: Algunos cuentos.
Como se dijo en el apartado anterior, en el año 1960 publica con gran éxito Lazos de familia, su segundo libro de cuentos. Aquí la autora se centra fundamentalmente en la vida familiar y su individualidad compleja. Su gran amigo en la etapa norteamericana, el escritor brasileño Érico Veríssimo, dijo que este libro es “la mejor colección de relatos desde Machado de Assís”. El siguiente libro de cuentos presenta trece relatos de temáticas variadas y fue publicado en el año 1964, bajo el título: La Legión Extranjera. El siguiente libro de cuentos publicado es de 1971, se titula Felicidad clandestina. Es un libro intimista, una de las obras más conocidas de Clarice. El cuento homónimo, con que se abre la obra, texto que analizaré en la segunda parte de este artículo, también es uno de los más representativos de la autora, por esta razón es que lo elegí.
En 1974 Clarice Lispector va a publicar, quizá, sus dos libros de cuentos más controvertidos: El vía crucis del cuerpo y ¿Dónde estuviste anoche?, donde se presentan fundamentalmente relatos de tono erótico y sexual. Finalmente, la obra cuentística de Clarice Lispector se va a completar con el libro titulado La bella y la bestia, una obra que recoge relatos de sus primeros y últimos años y que fue publicada por su hijo en el año 1979.

Características narrativas
Clarice Lispector alguna vez definió su estilo como un no-estilo. Fue una autora que siempre le dio más importancia al flujo de la conciencia de los personajes, a lo íntimo y psicológico, que a las acciones narrativas. Esto hizo que algunos críticos compararan su escritura con la de autores como Virginia Woolf o James Joyce. Sus cuentos nos muestran el interior de los personajes, los procesos mentales, las vivencias personales. Siempre, en sus historias, lo que sienten los personajes frente a los acontecimientos es más importante que los propios acontecimientos. La vida íntima, compuesta por miedos, secretos, deseos, es lo que interesa, los hechos van a importar solamente por lo que logran despertar en los personajes. Dentro de sus relatos encontramos distintos tonos, algunos son eróticos, otros tristes o divertidos, pero siempre transcurren en medio de atmosferas cotidianas, allí es donde vemos las impresiones y sensaciones. Son historias que por lo general transcurren en espacios domésticos, donde se encuentran los acontecimientos familiares, es allí donde los personajes, fundamentalmente mujeres, proyectan lo que tienen en su interior, donde experimentan las emociones. Ese interés por describir las sensaciones, la vida íntima, los anhelos, se ve claramente en Felicidad clandestina, el cuento elegido para el análisis. Es un relato que muestra de forma magistral la mirada infantil, los pensamientos, sentimientos y sensaciones de una niña. Un cuento que repara en la crueldad y el dolor, pero también en la alegría y la pasión.

II

 “Una mirada de mujer, quizá también una escritura de mujer. Clarice Lispector hincó en el mundo su mirada de mujer inteligente, capaz de captar las mínimas sensaciones, los mínimos detalles y de saber que nada, por pequeño o banal que parezca, carece de importancia. El mundo de lo cotidiano, de lo sin historia, que ha sido durante siglos el mundo de la mujer, puede proporcionar innumerables sorpresas, basta con saber mirar y entender esos signos de una realidad subyacente”.
                                                                                                                 Elena Losada Soler

Analizaré literariamente el cuento titulado Felicidad clandestina, relato con que se abre el libro homónimo, publicado en la ciudad de Río de Janeiro en el año 1971.
El tema central del cuento gira en torno a la maldad, el sufrimiento moral y la humillación que soporta una niña por parte de una compañera de colegio. La antagonista del relato, una niña gorda, baja, pecosa y de busto enorme, llevada por la envidia, no solo a la protagonista, sino a todas las otras niñas del colegio, emprende una especie de venganza sádica, mezquina y perversa, gracias a la posesión de un libro ansiado por la protagonista. Esta, a su vez, soporta la humillación y gracias a la constancia y la mediación de la madre de la antagonista, termina venciendo y tomando posesión del ansiado libro.
La estructura del cuento se inscribe dentro de lo que se podría denominar una forma clásica, a saber, comienzo, nudo y desenlace. En un primer momento, la narración se centra en la presentación de los dos personajes principales del cuento, en primer lugar la niña antagonista y luego la protagonista y narradora del relato. También en este primer momento, se adelanta lo que va a ser el centro de interés del segundo momento; el préstamo de libros y el sadismo que se va a ejercer a partir del deseo de la niña de disfrutar de un libro en particular. El segundo momento, el más extenso, se centra en lo que ella llama la “tortura china”, consistente en la búsqueda reiterada del ofrecido préstamo de la obra Las travesuras de Naricita, de Monteiro Lobato. La irrupción de la mamá de la dueña del libro en el relato y su actitud frente a la situación que se estaba viviendo, dará lugar al tercer momento y al desenlace de la acción. El momento final, se centrará en las experiencias vividas por parte de la protagonista, a partir de la posesión de la tan ansiada obra.

Una mirada al argumento y algunos comentarios
Es un cuento en el que se percibe un fuerte componente autobiográfico. Si bien es cierto que la ficción literaria goza de todas las libertades que los autores quieran darle, no hay duda que esa niña mona, delgada y alta es la propia Clarice Lispector cuando vivió en la ciudad de Recife. Este es un relato que muestra la infancia como una etapa de exploración y descubrimiento, de preparación para la vida. Refiere, por un lado, a la esperanza de la protagonista por obtener el libro, y por otro lado, a la envidia de la niña antagonista, quien humilla y mortifica a su compañera por el simple hecho de considerarla más bella. El comportamiento envidioso y perverso de la antagonista, hace que emprenda una especie de venganza contra ella, como representante de esas niñas estilizadas y bonitas tan diferentes a ella misma:
“Ella era gorda, baja, pecosa y de pelo excesivamente crespo, medio amarillento. Tenía un busto enorme, mientras que todas nosotras todavía éramos chatas (…) Pero qué talento tenía para la crueldad. Mientras haciendo barullo chupaba caramelos, toda ella era pura venganza. Cómo nos debía odiar esa niña a nosotras, que éramos imperdonablemente monas, altas, de cabello libre”.
La antagonista hija del librero, tiene a su favor el poseer un libro deseado por la narradora, quizá la propia Clarice, Las travesuras de Naricita de Monteiro Lobato, una obra clásica de la literatura infantil brasileña. Con la promesa de prestar el libro, ejercerá toda su maldad, mezquindad y sadismo con la única finalidad de generar humillación y sufrimiento moral. Comienza por decirle que pase por su casa que le prestará el libro, pero pasan días y días y siempre hay una excusa diferente para que el préstamo no se concrete. La perversidad de la hija del librero, radica en el goce que experimenta al humillar y mortificar a la otra niña.
“El plan secreto de la hija del dueño de la librería era sereno y diabólico (…) Y así seguimos. ¿Cuánto tiempo? Yo iba a su casa todos los días, sin faltar ni uno”.
Vemos como la protagonista, si bien es consciente de la tortura a la cual la están sometiendo, termina yendo con cierto entusiasmo en busca del libro una y otra vez, aunque lo único que recibe son respuestas negativas. El amor a la lectura la hace soportar la humillación, pero al final las circunstancias dan un giro positivo y se ve beneficiada. Un día, la madre de la niña antagonista, que ha visto reiteradamente la presencia de la otra en la puerta de su casa, después de pedir explicaciones, toma consciencia del juego perverso que estaba llevando adelante su hija. Para castigarla, y a la vez premiar a la otra, le entrega el libro, para que lo tenga todo el tiempo que quiera.
“el tiempo que quieras” es todo lo que una persona, grande o pequeña, puede tener la osadía de querer.”
Esto es algo espléndido para la víctima del chantaje, significa que no hay restricciones ni limitaciones de ningún tipo. Sin embargo, a diferencia de lo que todos seguramente pensábamos que la niña iba  a hacer, ponerse a leer de inmediato la obra, ella decide postergar la lectura y disfrutar simplemente de la posesión del libro como objeto. Prefiere jugar con las emociones que le despierta un manejo dilatado de la lectura, no tiene apuro, el libro lo tendrá todo el tiempo que quiera. El relato finaliza sin que la protagonista haya leído la obra, la lectura se transforma para ella en un placer secreto, en una felicidad clandestina. Por otra parte, este cuento, que muestra la infancia como una etapa de exploración y descubrimiento, de preparación para la vida, termina con un párrafo que muestra una especie de superación de la niñez, un tránsito hacia la madurez sexual de la niña protagonista:
“A veces me sentaba en la hamaca para balancearme con el libro abierto en el regazo, sin tocarlo, en un éxtasis purísimo. No era más una niña con un libro: era una mujer con su amante”.


Este artículo forma parte del libro El cuento latinoamericano en el siglo XX (Colombia, 2016)  

miércoles, 5 de diciembre de 2018

ESTUDIO CRÍTICO Y ANALÍTICO DE LA POESÍA DE ANTONIO MACHADO I


Fue una clara tarde…

Primer análisis literario, de una serie de seis, del gran poeta del tiempo.

Por Fernando Chelle  

Después de haber allanado el camino, primero con un artículo sobre la generación del 98 y luego con otro sobre las características de la poesía de Antonio Machado, hoy me enfrentaré, sin más rodeos, al análisis literario de uno de los textos más significativos del poeta sevillano. Fue una clara tarde…, el poema VI, perteneciente a Soledades (1903), primer poemario de Antonio Machado, será el primer texto, de una serie de seis, del que ofreceré una lectura particular. Porque los estudios críticos y analíticos de la literatura que suelo realizar no son otra cosa que eso, una lectura personal de los textos. En el artículo con el que inicié el estudio de este poeta, el titulado Caminando hacia la poesía de Antonio Machado, dije que me referiría a la Generación del 98 de forma muy breve, porque quizá los textos más representativos de este poeta responden más a una estética modernista que noventayochista. Este es el caso del poema Fue una clara tarde…, un texto del comienzo de la carrera poética del autor, donde podemos apreciar claramente el intimismo modernista, los símbolos poéticos, la evasión del entorno por parte del poeta hacia su mundo interior en busca de respuestas. 


VI

tarde de verano. La hiedra asomaba
al muro del parque, negra y polvorienta...
La fuente sonaba.

con agrio ruido abriose la puerta
de hierro mohoso y, al cerrarse, grave
golpeó el silencio de la tarde muerta.

copla borbollante del agua cantora
me guió a la fuente. La fuente vertía
sobre el blanco mármol su monotonía.

Fue una tarde lenta del lento verano.

Respondí a la fuente:
No recuerdo, hermana,
mas sé que tu copla presente es lejana.

    Fue esta misma tarde: mi cristal vertía
como hoy sobre el mármol su monotonía.
¿Recuerdas, hermano?... Los mirtos talares,
que ves, sombreaban los claros cantares
que escuchas. Del rubio color de la llama,
el fruto maduro pendía en la rama,
lo mismo que ahora. ¿Recuerdas, hermano?...
Fue esta misma lenta tarde de verano.

—No sé qué me dice tu copla riente
de ensueños lejanos, hermana la fuente.

    Yo sé que tu claro cristal de alegría
ya supo del árbol la fruta bermeja;
yo sé que es lejana la amargura mía
que sueña en la tarde de verano vieja.

    Yo sé que tus bellos espejos cantores
copiaron antiguos delirios de amores:
mas cuéntame, fuente de lengua encantada,

    —Yo no sé leyendas de antigua alegría,
sino historias viejas de melancolía.

    Fue una clara tarde del lento verano...
Tú venías solo con tu pena, hermano;
tus labios besaron mi linfa serena,
y en la clara tarde dijeron tu pena.


del parque dormido eterna cantora.
Adiós para siempre; tu monotonía,
fuente, es más amarga que la pena mía.

con agrio ruïdo abriose la puerta
de hierro mohoso y, al cerrarse, grave
sonó en el silencio de la tarde muerta.


El tema central del poema es la toma de consciencia de lo no vivido. Hay un yo lírico que intenta recuperar, mediante un diálogo con una fuente, la memoria de lo que ha perdido en el pasado. Es un texto atravesado por la melancolía, donde la fuente es la que posee la memoria e intenta que el poeta recuerde el pasado. La insistencia con que la fuente pregunta también es una muestra de la dificultad que encuentra el yo lírico para recordar. La fuente es uno de los símbolos que hacen referencia al tiempo, más utilizado por Antonio Machado. Por un lado, representa el fluir incesante de la vida, del tiempo, y a su vez sus aguas son un espejo de la memoria. En este poema funciona como la conciencia del tiempo que le habla al poeta. Este artificio perpetrado por Machado le permite un desdoblamiento del yo, donde el poeta le pide a la fuente que le cuente lo soñado, el pasado apócrifo, porque en realidad él no tiene recuerdos y toma consciencia de que no ha sido protagonista de lo vivido. Hay en el texto una preocupación existencial, porque la consciencia, representada en la fuente, es la que le hace ver al poeta que el tiempo ha transcurrido, aunque él no lo haya vivido. No tener memoria, sentir una sensación de vacío al recordar, cuando se sabe que el tiempo pasó, genera en el poeta el hastío, el tedio. Esta temática la podríamos dividir en tres momentos claramente delimitados. Desde el comienzo del poema hasta el verso 12 encontramos la llegada del poeta al parque, donde se encuentra la fuente. Desde el verso 13 hasta el 48 se desarrolla el diálogo entre el poeta y la fuente, que constituye la parte central y fundamental del poema. Finalmente, el tercer momento del texto, está constituido por los últimos cuatro versos, que muestran cuando el poeta se retira del parque. 
Ese regreso del poeta al parque donde alguna vez estuvo significa una búsqueda de sí mismo. El encuentro con el pasado es lo que le da al poema un clima melancólico, reforzado también por un ritmo lento como el proceso vital del visitante. Hasta el léxico utilizado “triste y soñolienta” contribuye a la creación de un clima melancólico. Es que lo que encontramos en este poema es un yo lírico que no puede salir de su pena. Esto lo vemos ya desde la creación subjetiva del ambiente, donde el yo lírico transporta su sentir y ve la tarde como su alma, porque las tardes no son tristes y soñolientas, ni tampoco están muertas, es el poeta el que siente esa tarde así.
En el poema encontramos dos planos temporales: uno presente, el del diálogo entre el yo lírico y la fuente y otro pasado, que es el que la fuente evoca. A su vez los dos planos temporales están vinculados por la sed vital del poeta. Una necesidad, una carencia pretérita, que la fuente se encarga de decir que sigue insatisfecha. Machado utiliza la fuente para objetivar sus sentimientos, para proyectarlos en ella. La fuente es un objeto que está en el parque y que constituye un símbolo dual, porque por un lado muestra la permanencia de las cosas, con su sola presencia, y por otro lado es un símbolo del paso del tiempo, de la fugacidad de los instantes, porque sus aguas nunca dejan de fluir. Entre el pasado y el presente las aguas de la fuente nunca han dejado de correr, sin embargo, para este yo lírico nada parece haber cambiado. Es como si estuvieran invertido los papeles, porque la que canta, la que parece tener vida es la fuente, el objeto inanimado, mientras al poeta siempre lo veremos apagado, gris. Más aún, cuando termina tomando consciencia de su situación existencial, porque finalmente el diálogo con la fuente no termina siendo operativo ni renovante para él. 

Es interesante la elección de una tarde de verano, porque se trata de una época del año que generalmente se vincula con la plenitud, cosa que no se adecua con la situación existencial de este yo lírico. En la creación de ese ambiente subjetivo, la tarde, que aparece en principio calificada como “clara”, enseguida se apaga, se enturbia, con los adjetivos “triste y soñolienta”. Estos dos adjetivos que cierran el primer verso parecen repetirse en el tercero, pues la hiedra es “negra y polvorienta”, hay una correspondencia de términos ubicados en la misma posición, reforzados además por la rima. De la tarde clara, al final del tercer verso ya casi no queda nada. Los dos versos pares muestran una imagen de vida y son más objetivos que los impares, que además de ser más subjetivos, también son más musicales. La primera estrofa plantea algo que se verá a lo largo del poema, la mezcla entre objetividad y subjetividad. En el yo lírico hay un deseo de asomar, como la hiedra.
La segunda estrofa se abre con un hipérbaton que parece mostrar que es la presencia del poeta la que está en discordia con el ambiente. El rechinar es un sonido desagradable, que incluso aquí se refuerza con la aliteración del segundo verso. La puerta es un pasaje de un presente a un pasado, pero también, el poeta al abrir esa puerta de hierro mohoso ingresará a una zona profunda de su ser, donde se enfrentará con su alma. El segundo verso de esta estrofa está encabalgado con el tercero, y hago esta apreciación porque muchas veces suele asociarse el encabalgamiento con la aceleración del discurso, pero aquí no nos da esa impresión, al contrario, todo parece lento, negativo. El silencio aparece materializado, es como si fuera un objeto contra el cual la puerta golpea creando un efecto perturbador. Ese silencio denso, es el fruto de lo no expresado.
En la tercera estrofa, si bien hay una permanencia de lo melancólico, hay un claro predominio de lo vital. La fascinación que lleva a este yo lírico a la fuente la podemos ver en la parte estructural del texto, en el uso que el poeta hace de los encabalgamientos. Hay un impulso continuo, dos encabalgamientos sucesivos que desembocan en la palabra fuente. Es el sonido del agua (sonora, borbollante, cantora) el que guía al poeta hasta la fuente. Pero esa vitalidad que parece sugerir el canto del agua se termina cuando el poeta se encuentra con la fuente. El sonido lo fascina y lo atrae, pero al encontrarse con esa presencia sólida, el alma del poeta siente la pesadez espiritual, porque la fuente le recuerda lo monótona que ha sido su vida.

Segundo momento
En este momento central encontramos la parte fundamental del poema, porque es en donde asistimos al extenso diálogo que se establece entre el poeta y la fuente del parque. El canto del objeto inanimado, producido por el líquido vital, que nunca ha dejado de correr, es lo primero que se señala. La fuente, que es la que abre el diálogo, trata al poeta de “hermano”, y esto es muy significativo porque, aunque planteará una realidad dolorosa, siempre tratará al poeta de forma fraternal. Las preguntas de la fuente tienen el fin de confrontar al poeta con su pasado y llevarlo a descubrir lo que ha sido la verdad de su vida. La distancia entre lo soñado por el poeta y la realidad que está viviendo en esa tarde, la podemos apreciar en un verso que parecería estar dividido en dos hemistiquios simétricos, el que culmina la primera pregunta: “un sueño lejano mi canto presente”. El yo vuelve a ese parque, sin duda esperando encontrar algo, pero resulta que se termina encontrando consigo mismo. Y las respuestas que él va a buscar, seguramente no se condicen con los planteos de la fuente. Las palabras de la fuente también contribuyen a la creación del clima lento y melancólico que caracteriza al texto, esto lo vemos en las repeticiones, “Fue una tarde lenta del lento verano”. En ese desdoblamiento del yo que supone el diálogo con la fuente, el poeta proyecta en el objeto sus sentimientos y a su vez la fuente, que referirá lo soñado, se proyecta en un verano pretérito, para poder referir el sentir del poeta en el tiempo. El poeta también tiene un tratamiento fraternal con la fuente, la tilda de “hermana”. El canto de la fuente es evocación de otro tiempo, por más que siga existiendo en el presente. Lo doloroso, desde el punto de vista existencial para el poeta, radica justamente en este aspecto, en la fusión de los tiempos. Porque evidentemente el tiempo ha transcurrido desde sus anteriores visitas al parque, pero todo parece ser igual, porque él es el mismo de otros días, el tiempo ha fluido como el agua de la fuente, pero él no ha hecho otra cosa más que repetir situaciones sin avanzar. Es muy contundente la afirmación de la fuente, cuando dice “Fue esta misma tarde”, porque si esa tarde pretérita a la que se refiere termina siendo esta misma, quiere decir, en definitiva, que en la vida de este poeta no ha pasado nada, que él no ha vivido, que sus sueños no se han realizado. La tarde es la misma porque aquél yo lírico es el mismo que este. Hay una especie de circularidad temporal, que a su vez se corresponde con una circularidad estructural y temática del poema, que muestra que el tiempo de este poeta ha estado vacío. La fuente interroga al poeta, le pregunta directamente si recuerda y si reconoce el entorno, con la intención de que este pueda ver cuál es su realidad. Allí todo sigue igual, porque el tiempo no se ha convertido en sustancia, no ha sido vivido. Pero también, por otro lado, el hecho de que no haya modificaciones, de que allí sigan las flores y los frutos en toda su plenitud, es una muestra de que la pérdida no ha sido definitiva y que poder llegar a vivir la vida y aprovechar positivamente el tiempo sigue dependiendo de él, porque las posibilidades están intactas. Esa insistente pregunta de la fuente es una exhortación y un llamado de atención, el poeta debe darse cuenta, tomar consciencia de que él tiene que ser el protagonista de su propia vida y no dejar que la vida lo viva a él. El yo lírico dice no saber, no entender, el lenguaje de la fuente. Quizás el hecho de que en esa vida todo haya sido igual es lo que dificulta el recuerdo. O quizá, directamente, el poeta no quiere recordar, porque esos ensueños lejanos están vinculados a la amargura, él mismo lo afirma cuando dice “yo sé que es lejana la amargura mía”. Es la amargura de esos “antiguos delirios de amores”, porque fueron amores que no se concretaron, no fueron disfrutados. Aquí la que sabe y reflejó ese fruto bermejo es la fuente, él sabe únicamente del dolor. Ese fruto bermejo no fue disfrutado por el poeta, ese amor no se materializó, fue tan solo un reflejo en la fuente, y es ahí precisamente donde radica el dolor que encierra este poema, porque los espejos cantores de la fuente, en definitiva, no reflejaron el amor, sino el delirio del poeta. Por esto el pedido que le hace a la fuente es un imposible, ella no le puede contar una “alegre leyenda olvidada”, simplemente porque esa alegría no existió. El poeta prefiere seguir soñando, a reparar en que las posibilidades, como ya expresé, siguen vigentes en el presente, porque esta tarde es la misma que la pretérita, como la fuente se encargó de señalarlo en su momento. Además, la fuente no puede contarle lo que ella no vio, por eso en lugar de referirse a la alegría alude a la melancolía. Le dice directamente que él venía solo con su pena, que es la misma pena y la misma melancolía que lo embarga en este nuevo encuentro porque, como hemos visto, este yo lírico siempre ha sido el mismo. Aunque, si bien miramos, hay un elemento diferenciador en la actitud del poeta, porque, aunque sea cierto que la sed de los labios sigue siendo la misma, y que las posibilidades de vivir están intactas, hay, por parte de él, una declinación existencial. Porque en el pasado había un contacto de los labios con el agua y ahora no. Esto lo podemos interpretar como que, en ese otro tiempo, el poeta tenía un amor intenso por la vida que definitivamente ha ido decayendo y el ardor de sus labios, el deseo, ha ido disminuyendo, se ha ido perdiendo, porque en este encuentro ni siquiera intenta beber de ese claro cristal de alegría. Es muy significativo que el poeta al despedirse repita “Adiós para siempre”, es como si en ese corte tajante del diálogo quisiera dejar en claro la imposibilidad de un futuro contacto. No encontró la “alegre leyenda olvidada”, simplemente, porque esta nunca existió. Encontró sí, o quizás mejor, se reencontró, con la amargura, la pena y la melancolía.

Tercer momento
El último momento del texto está constituido únicamente por la estrofa final que, salvo una palabra, es idéntica a la segunda. Al comienzo del poema, los versos aludían a la llegada del poeta al parque y ahora aluden, indudablemente, al momento en el que se retira del lugar. Todo queda igual y todo seguirá igual en esa tarde muerta, como el alma del poeta.   

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Poesía: Bogotá III


(Poema tomado del libro Las flores del tiempo)



Bogotá III

La poesía vive en mí
a veces, cuando no puedo más
o cuando las condiciones se dan
la escribo,
pero el himno gigante vive en mí,
lo descubrí hace tiempo,
hoy en una esquina de esta ciudad prosaica,
mientras esperaba el paso de los autos,
obtuve la certeza,
la poesía soy yo.
Fernando Chelle


Editorial:
 CreateSpace Plataforma Independent Publishing; 1 edición (20 de febrero de 2018)
·         ISBN-10: 1985749335
·         ISBN-13: 978-1985749337

Las flores del tiempo (Colombia 2018). 
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Pintura: Man in the Bowler Hat (1964), de Rene Magritte.