viernes, 6 de febrero de 2015

Curso general de lectoescritura y corrección de estilo, guía para formular escritos correctos



unidad
Clases de palabras

El sustantivo

El sustantivo es un tipo de palabra empleada para nombrar  algo o a alguien, de ahí que también se le denomine nombre; se caracteriza por admitir morfemas de género y número.


Clasificación




Tabla 2. Clasificación de los sustantivos.              


Nombres comunes y nombres propios

Los nombres comunes designan clases; así, la palabra anciano/a denota una clase de individuos caracterizados por poseer rasgos comunes (humanos, de edad avanzada...). Los nombres propios designan individuos y por lo tanto, carecen de significado léxico. Por ejemplo, no podemos definir el significado del nombre propio Carlos, ya que con este solo puede indicarse a qué individuo designamos con esta denominación (por ejemplo, a un hombre en concreto).
El hecho de que varios individuos compartan el mismo nombre propio (como sucede con los humanos) no los convierte en una clase.
El nombre propio constituye por sí mismo un grupo nominal que puede desempeñar cualquier función de este tipo de elementos en calidad de sujeto, complemento directo, etc.

El nombre común es el núcleo del grupo nominal y para que este último pueda ser sujeto, complemento directo, etc. requiere que el nombre común sea modificado por complementos.


El niño que vimos hoy es el hijo de mi amiga.

El nombre propio, normalmente, no admite complementos ni determinantes.
Cuando va modificado por ellos, se comporta como un nombre común, como sucede en los siguientes casos:

Cuando queremos distinguir un individuo entre otros que poseen el mismo nombre propio:

El Francisco del que yo te hablo no es amigo tuyo.

Cuando queremos distinguir etapas o facetas de un mismo individuo:

El Paris de La Ilustración.

Cuando convertimos el nombre propio que designa a un autor en un nombre común que sirve para referirse a sus obras:

Tiene dos picassos.

El nombre propio se escribe con mayúscula inicial ya que esta permite muchas veces identificar entre los nombres propios y comunes cuando coinciden formalmente:

Le regalé una rosa / Esta es mi amiga Rosa.

De igual forma, existen varias clases de nombres propios como se identifican a continuación:


Tabla 3. Clasificación de nombres propios.


Nombres contables y nombres no contables

Los nombres contables, también llamados discontinuos o discretos (cartera, cuadro, etc.), designan unidades indivisibles que se pueden contar sin dejar de ser lo que son. Por ejemplo, una parte de una mesa (una pata) no es una mesa.
Los nombres no contables, también llamados continuos o de materia (agua, arena, etc.), designan entidades que aunque se dividan conservan su naturaleza: una parte del agua sigue siendo agua. Estas unidades se pueden medir, pero no pueden numerarse.
Los nombres no contables sin determinante en singular pueden desempeñar las funciones de complemento directo, predicado nominal y complemento del verbo haber.

Quiero agua.

Los nombres contables, en singular deben precederse de un determinante para desempeñar estas mismas funciones:

Necesito un libro.

Los nombres contables cuantificados designan un número, preciso o no, de elementos: tres árboles; muchos niños. Los nombres no contables cuantificados designan el tamaño o la cantidad de una proporción de lo denotado por el sustantivo:

Poca tierra; mucha agua.

Los nombres no contables no admiten cuantificadores numerales mientras que los contables sí los admiten:

Tres libros; dos mesas.

Con cuantificadores como mucho, poco, bastante, demasiado, tanto, cuánto, más y menos, los nombres contables deben combinarse en plural:

Muchas sillas; pocas mesas.

Mientras que los no contables, deben escribirse en singular:

Mucha agua; poco aire.

Los cuantificadores cada, cualquier y todo (en singular sin artículo) solo se combinan con nombres contables:

Cada casa, cualquier persona.

Los nombres no contables, en singular y sin artículo, pueden aparecer en escrituras partitivas encabezadas por nombres de medida o de parte:

Un litro de vino; una rebanada de pan.

De igual manera con los indefinidos algo o poco

Algo de harina; un poco de agua.

Muchos sustantivos pueden ser contables o no contables, con diferencia de significado: a veces, el nombre contable designa clases o tipos de la materia denotada por el nombre no contable:

Me gusta el vino (no contable) / Me gustan los vinos de Mendoza
(contable).

Otras veces, el nombre contable designa objetos o medidas específicas de la materia denotada por el nombre no contable. Esto sucede muy a menudo con sustantivos que designan comidas y bebidas:

Tomaron café (no contable) / Ya le he pedido al mesero dos cafés
(contable).

Los nombres contables se comportan como no contables cuando aparecen en construcciones típicas de estos últimos:

Había sillones para todos (contable) / Aquí hay sillón para todos (no contable).


Nombres concretos y nombres abstractos

Los nombres concretos designan realidades materiales, como objetos o seres que pueden ser percibidos por los sentidos: perro, casa, árbol, etc., mientras que los nombres abstractos designan realidades inmateriales, que solo pueden ser percibidas por el intelecto como admiración, temor, etc.
La distinción entre estas dos clases de nombres tiene que ver con su significado y no se corresponde con unas propiedades gramaticales específicas que opongan unos sustantivos con otros.
Por ejemplo, entre los nombres abstractos, - al igual que entre los concretos
- unos son contables, como problema o virtud (varios problemas; sus muchas virtudes), y otros no contables, como paciencia o entusiasmo (mucha paciencia; poco entusiasmo).

Nombres individuales y nombres colectivos

Los nombres individuales designan, en singular, una sola unidad: árbol, pariente; los nombres colectivos en singular designan conjuntos homogéneos de entidades: arboleda, familia.
Los nombres colectivos se pueden dividir en dos clases:
- Nombres colectivos determinados: designan conjuntos de entidades con naturaleza conocida:

Cardumen (formado por peces), alameda (formada por álamos), etc.

- Nombres colectivos indeterminados: designan conjuntos, sin especificar su naturaleza. Pueden hacer referencia al número, como millar, docena, par, o simplemente designar agrupaciones de alguna clase: grupo, serie, etc.
Cuando un nombre colectivo determinado en singular es núcleo de un grupo nominal con función de sujeto, debe concordar con el verbo en singular:

Toda la familia estaba de acuerdo (y no: estaban de acuerdo).

Cuando el sujeto de una oración está formado por un nombre colectivo indeterminado en singular con un complemento en plural (un grupo de excursionistas, el verbo puede concordar en singular o en plural:

Un grupo de excursionistas se adelantó a los demás /
Un grupo de excursionistas se adelantaron a los demás.

Cuando el predicado contiene un adjetivo que debe concordar con el sujeto, y el género o el número del nombre colectivo indeterminado no coincide con el del complemento, el verbo y el adjetivo concuerdan con este último:

La mayoría de los soldados eran españoles (y no: era española).

Las principales diferencias entre nombres individuales y colectivos son las siguientes:
Los nombres colectivos en singular pueden ser término de la preposición entre:

Entre el público; entre el personal del teatro.

Los nombres individuales solo pueden ser término de esta preposición si están en plural:

Entre las plantas; entre los miembros del personal.

También pueden estar coordinados:

Entre Julia y Cristina; entre el álamo y el pino.

Los nombres colectivos en singular pueden ser sujeto o complemento de verbos como reunir, juntar, combinar, agrupar, etc.:

La familia se reunió ayer; El pastor juntó al rebaño

Los nombres individuales, para ser sujeto o complemento de estos mismos verbos, deben ir en plural o estar coordinados:

Los parientes se reunieron; El perro y las ovejas se juntaron al ver al lobo.

Solo los nombres colectivos pueden ser modificados por el adjetivo numeroso en singular:

Una numerosa familia; un numeroso grupo de estudiantes.



Fernando Chelle


  • Editorial: CreateSpace Plataforma Independent Publishing; 1 edición (24 de enero de 2014)
  • ISBN-10: 1495244679
  • ISBN-13: 978 a 1495244674

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miércoles, 4 de febrero de 2015

Estudio de "El Aleph", de Jorge Luis Borges

La multiplicidad infinita del universo



Un acercamiento al cuento paradigmático de la literatura de Jorge Luis Borges. Son muchos los críticos literarios que consideran este texto una de las mejores obras de ficción de todo el siglo XX.

 
Por Fernando Chelle


El texto elegido para comentar en este artículo literario pertenece al escritor argentino Jorge Luis Borges (Buenos Aires, Argentina, 24 de agosto de 1899 ‑ Ginebra, Suiza, 14 de junio de 1986). Se trata de un cuento titulado El Aleph, considerado por una parte de la crítica literaria mundial como una de las mejores ficciones del siglo XX. El texto fue publicado por vez primera en la revista Sur en el año 1945 y posteriormente formó parte del libro homónimo que publicó la Editorial Emecé de Buenos Aires en 1949.
Este cuento paradigmático de la literatura borgiana es el que cierra un libro que contiene diecisiete relatos, donde de alguna manera cada uno de ellos trata sobre algún conjunto en particular (sobre algún catálogo), y donde se encuentran los temas más recurrentes del autor argentino; el tiempo, la muerte, la inmortalidad, la búsqueda del conocimiento vinculada a la curiosidad, la cábala, los laberintos, las bibliotecas, la referencia a diferentes obras del canon universal, la incapacidad del ser humano de enfrentarse a la eternidad, el universo, la infinitud, los dioses, el azar, entre otros. La obra toma el nombre del símbolo matemático א (número álef) que señala el tamaño de conjuntos infinitos y que para las doctrinas místicas de la Cábala significa la multiplicidad infinita del universo. En esta primera letra del alfabeto hebreo los místicos judíos vieron la raíz espiritual de todas las letras, una letra que las contiene a todas y por ende contiene todos los elementos del lenguaje humano. Según esta tradición la letra (álef) es un símbolo del universo y de la voluntad divina, ya que fue la única letra que los mortales escucharon de la voz de Dios.
Este libro de Borges, donde confluye lo tradicional y lo metafísico, está escrito con una prosa, si bien profunda, sobria, fácil de leer; posee la virtud de abordar temas sumamente complejos en tramas sencillas, esto lo podemos ver claramente en el cuento elegido para el artículo, donde si bien se recrea una experiencia trascendental, la narración es simple, lineal.
El cuento está narrado en primera persona por un narrador protagonista, que curiosamente tiene el mismo apellido que el autor; esto no es más que un juego que utiliza el escritor de la narración que ayuda a que aparezcan desdibujados los parámetros que separan la realidad de la ficción y que se suma a otros elementos de carácter verosímil que aparecen en el texto y que forman parte de una realidad reconocible.
Esta obra tiene como principal tema la experiencia del enfrentamiento de un individuo, en este caso el narrador protagonista, al infinito, representado en un objeto llamado el Aleph, que no es otra cosa que un punto en el universo (microcosmos) que contiene a su vez todos los puntos del universo (macrocosmos). Borges-autor ha utilizado en este relato de características fantásticas un procedimiento consistente en ubicar un objeto de características simbólicas en un ámbito cotidiano y real como es un sótano en plena ciudad de Buenos Aires. Lo fantástico se caracteriza por incluir lo sobrenatural en lo cotidiano; en el caso de este cuento no solo se narran acontecimientos completamente realistas, sino que estos acontecimientos están anclados en una realidad perfectamente reconocible, verosímil. Allí está no solo la ciudad de Buenos Aires, sino también el barrio Constitución, los nombres de autores como Juan Crisóstomo Lafinur y Pedro Henríquez Ureña entre otras referencias del mundo real; esto le permite jugar con una realidad verosímil, ficcionalizarla y luego adentrarse en otra dimensión fantástica que es donde se encuentra el Aleph.
A la hora de describir la multiplicidad de las cosas del universo que refleja el Aleph, el narrador se enfrenta a la imposibilidad de hacerlo de forma completa mediante un instrumento tan limitado como el lenguaje humano y por esa razón acude a enumeraciones caóticas que de alguna manera lo acercan a una sucesión interminable. Pero si bien este es el tema central del relato, hay otros dos que también forman parte del eje narrativo del cuento. Ellos son: la relación de amor frustrado entre Borges‑protagonista y la desaparecida Beatriz Viterbo, y por otro lado la relación de carácter personal y literario que mantiene Borges‑protagonista con el primo de Beatriz, Carlos Argentino Daneri.
El relato se podría dividir en tres momentos: en primer lugar, los hechos que suceden en la vida del protagonista antes de la contemplación del Aleph, luego la contemplación propiamente dicha y por último las reflexiones que despierta en el personaje la contemplación del maravilloso objeto.
Luego de dos breves citas, una tomada de Shakespeare y otra del Leviathan, comienza el relato haciendo referencia a la muerte de Beatriz Viterbo, amiga del narrador protagonista. En la primera parte del relato, que se corresponde con los hechos que le suceden a Borges‑protagonista antes de la contemplación del Aleph, el personaje nos cuenta cómo se fue haciendo un visitante frecuente de la casa de su difunta amiga, lugar donde se encuentra con el padre de Beatriz y fundamentalmente con su primo, Carlos Argentino Daneri, autor de un poema titulado “La tierra”, con el que intenta mostrar toda la redondez del planeta. El personaje Borges, mantiene extensas charlas con Daneri que le sirven al Borges‑autor para dar sus puntos de vista sobre diferentes conceptos referentes al mundo literario. Satíricamente el autor ha creado un personaje como Daneri que es quien personifica dentro de la narración la imagen de un seudopoeta, consagrado por premios nacionales; es indudable la crítica implícita que se hace a la mala literatura por parte de Borges, ya que las estrofas transcritas del primo de Beatriz, y que este considera valiosas, no son más que torpes versificaciones extravagantes. En una ocasión, Daneri llama por teléfono a Borges para invitarlo a tomar la leche en el bar de Zunino y de Zungri, los propietarios de la casa de la calle Garay donde tradicionalmente había vivido. Allí le lee algunas estrofas del poema y Borges teme que Daneri termine pidiendo que le prologue el libro, cosa que no sucede ya que el pedido que le hace apunta a que Borges funcione como un intermediario con el escritor Álvaro Melián Lafinur, para que este último prologue la obra. En una primera instancia Borges acepta cumplir la función de intermediario y hablar con Lafinur, pero una vez que se despide de Carlos Argentino Daneri lo piensa mejor y decide no hacerlo y hacerse responsable de su decisión. Meses después Borges recibe otro llamado de un desesperado Daneri que le cuenta que Zunino y Zungri planeaban derrumbar la casa de la calle Garay, lugar donde, le cuenta a modo de confesión, hay en el sótano un Aleph, un espacio donde se confunden todos los espacios del orbe, que había descubierto siendo niño y ahora le era necesario para culminar una novela que estaba escribiendo. Ante estas palabras, Borges se siente tentado de ir inmediatamente a conocer el maravilloso objeto. Una vez en la casa, Daneri ofrece a Borges una copa de coñac, lo invita a bajar al sótano y le indica la posición que debe adoptar para poder contemplar el Aleph. Por un momento Borges sospecha que Daneri lo quiere matar y que su curiosidad lo ha hecho caer en la trampa, pero nada de eso sucede, sino que al cabo de seguir los pasos que Daneri le ha indicado para poder ver el objeto finalmente puede contemplar el universo en un punto preciso. Así es que el maravillado protagonista ve una esfera cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna; un objeto en que se refleja el Todo, sin límite de espacio, y donde el tiempo son todos los tiempos fusionados en una realidad simultánea; ve diversos sitios de diferentes lugares, ve el pasado, el presente y el futuro y accede en ese momento a los más recónditos secretos que guarda el universo. La fantástica contemplación hace sentir al protagonista infinita veneración e infinita lástima y solo atina a decirle a Daneri, que busca la complicidad de su invitado: “Formidable. Sí, formidable”. Borges opta por no hablar con su anfitrión de la magnífica visión y lo termina instando a que finalmente aproveche la demolición de la casa para alejarse definitivamente del Aleph. Nunca sabemos si son coincidentes las visiones que tienen ambos personajes acerca del Aleph, Borges opta por no contestar la pregunta que le hace Daneri: “-¿Lo viste todo bien, en colores?
El cuento finaliza con una posdata donde el protagonista informa que la casa fue finalmente demolida en 1943 y por ende el Aleph fue destruido. También hace referencia a la suerte que corrió Daneri como escritor y a dos circunstancias sobre la naturaleza del Aleph, una sobre su origen y otra sobre su posible falsedad. Estas reflexiones están basadas en citas de algunos textos de autores clásicos y de otros contemporáneos. A las distintas hipótesis sobre lo sucedido con el objeto, el protagonista suma la posibilidad de que lo haya visto pero lo haya olvidado.
Es innegable el paralelismo que se podría establecer en este relato con algunos pasajes de obras como “La Divina Comedia” de Dante Alighieri, donde Beatriz Viterbo sería comparable a Beatriz Portinari, porque es gracias a ella que Borges ‑al igual que Dante‑ puede llegar a la divinidad, en este caso representada en el Aleph. Algo similar sucedería con “La República” de Platón, donde se podría comparar el descenso al sótano con el mito de la caverna, donde los personajes están inmóviles y ven imágenes que vienen a sustituir la realidad. Pero tanto estos paralelismos como las numerosas posibles interpretaciones que podemos hacer del cuento desde distintos puntos de vista, que irían desde lo literario hasta lo filosófico y lo teológico, serían parte de un estudio que excede a este artículo, en que apenas se ha intentado un acercamiento a un texto imprescindible de la literatura del pasado siglo.
Artículo publicado en la revista digital Vadenuevo www.vadenuevo.com.uy. Febrero de 2015. Disponible aquí: http://www.vadenuevo.com.uy/index.php/the-news/3317-77vadenuevo12

jueves, 29 de enero de 2015

Curso general de lectoescritura y corrección de estilo, guía para formular escritos correctos



El acto comunicativo

Se constituye como un canal de transmisión de información entre dos o más contrapartes que interactúan comunicacionalmente.





Figura. Acto comunicativo. Detalle adaptado, cortesía de http://blog.powerscore.com.

Componente
Características

Emisor
Produce y emite un mensaje.
Receptor
Recibe el mensaje y lo interpreta.
Mensaje
Información que produce quien emite el mensaje (el emisor) que tiene como finalidad ser transmitida a quién la va a interpretar (el receptor). Esta transmisión se da  a través de diferentes signos seleccionados por el emisor.
Código
Sistema de signos común al emisor y al receptor, por ejemplo el idioma utilizado.
Canal
Medio utilizado para la transmisión del mensaje, puede ser la voz, el papel, un medio virtual, el teléfono, etc.
Referente
Circunstancias que también están presentes en la comunicación y que influyen en el acto comunicativo.

Tabla. Caracterización de los componentes de la comunicación.


Fernando Chelle


  • Editorial: CreateSpace Plataforma Independent Publishing; 1 edición (24 de enero de 2014)
  • ISBN-10: 1495244679
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jueves, 22 de enero de 2015

Curso general de lectoescritura y corrección de estilo, guía para formular escritos correctos






unidad
Estudio científico de la lengua

Esta unidad aborda el estudio de la lengua desde el punto de vista científico, para lo cual nos referiremos fundamentalmente al  trabajo de Ferdinand de Saussure “Curso de lingüística general” que nos servirá para entender algunos conceptos básicos del lenguaje.


Lenguaje, lengua y habla

Ferdinand de Saussure, considerado el padre de la lingüística del siglo XX, definió esta disciplina como una ciencia en sí misma.

Define al lenguaje como la totalidad absoluta de los fenómenos lingüísticos tales como la parte física (los sonidos), fisiológica (la articulación) y la psíquica (conceptos). Es un fenómeno individual que se caracteriza por ser pasajero, único e irrepetible y a su vez es social. Estas características llevan a que no pueda ser objeto de estudio.

La lengua, dice Saussure es un sistema que pertenece a la totalidad de una comunidad lingüística, se caracteriza por ser social, mental y no varía entre los individuos y de igual forma, es el objeto creado para describir los aspectos sistemáticos del lenguaje.

Por último el habla se caracteriza por ser el fenómeno que usa el sistema de la lengua, siempre es de dominio individual. Al igual que el lenguaje no es objeto de estudio de la lingüística ya que la ciencia puede estudiar los fenómenos generales mas no los individuales.

La conclusión de Ferdinand de Saussure es la siguiente: “…hay que colocarse desde el primer momento en el terreno de la lengua y tomarla como norma de todas las otras manifestaciones del lenguaje. (…) La lengua parece ser lo único susceptible de definición autónoma”.

Saussure establece dos distinciones importantes, a saber, la diferencia entre sincronía y diacronía y también la distinción entre lengua y habla.

La sincronía se ocupa del análisis descriptivo de la relación entre los fenómenos que coexisten en un momento determinado.

La diacronía se ocupa del análisis de la relación entre cierto fenómeno y lo que lo ha precedido o lo que lo sigue, es decir es un análisis histórico. 


La lengua es una abstracción, por lo tanto para su estudio no es importante ni el hablante ni el enunciado. Es un sistema que utiliza una determinada comunidad lingüística de manera que es una construcción social.

Por otra parte el habla es la realización del lenguaje, por parte de un hablante, en un instante determinado, es el enunciado auténtico e individual.


  
El signo lingüístico

Una vez incorporados los conceptos de lenguaje, lengua y habla estamos en condiciones de comenzar a hablar de otro concepto capital en la lingüística moderna denominado signo lingüístico. Veíamos como la lengua, manifestación del lenguaje, es una construcción social utilizada por una comunidad determinada, pues bien, debemos decir ahora que está compuesta por signos lingüísticos.


El signo lingüístico está compuesto de dos partes relacionadas entre sí, a saber, el concepto que el hablante toma de la realidad (significado) y el nombre que se le da a las cosas, el sonido o imagen acústica que se vincula al concepto que el hablante tiene de cada cosa (significante).
Por ejemplo, tenemos la  idea de árbol que se representa por la siguiente secuencia de sonidos:
a – r – b – o – l, esto sería el significante.
El significado, es la idea o concepto que nos sugiere, que nos evoca, la presencia del significante.
Una representación gráfica de la naturaleza del signo lingüístico podría ser la siguiente:




Los signos lingüísticos simbolizan conceptos, esto es, generalizaciones mentales.
Por fuera de estos componentes o facetas se encuentra el referente, que es la realidad a la cual sugiere o alude el signo lingüístico



De esta manera vemos como la palabra árbol es un símbolo del concepto que alude a los árboles de la realidad.

Particularidades del signo lingüístico

-       Arbitrariedad: La relación que se establece entre el significado y el significante en el signo lingüístico es completamente inmotivada (no se fundamenta en ningún motivo); se establece de forma convencional y cada lengua utiliza para un mismo significado un significante distinto.

-       Linealidad: Los componentes del signo lingüístico así como un signo respecto de otro se suceden en la línea del tiempo uno tras otro en extensión, a esto se lo conoce como (cadena hablada) y cuando la extensión es en el espacio se la llama (cadena escrita).

-       Mutabilidad e inmutabilidad: El hecho de que el signo establezca una relación inmotivada, arbitraria entre el significante y el significado, lleva a que este sea invariable. No puede ser modificado por ningún individuo en particular, es inmutable. No obstante esto, el lenguaje como todas las cosas que están expuestas al paso del tiempo termina cambiando, de manera que los signos son mutables a largo plazo.

-       Articulación: Otra característica que presenta el signo lingüístico es la doble articulación de forma que puede someterse a una doble división. El signo como tal, la unidad mayor, puede dividirse en partes más pequeñas.
La primera articulación comprende al propio signo lingüístico, haciendo referencia a la unidad compuesta por significado y significante como partes susceptibles de emplearse en contextos distintos. A estas unidades se las nombra monemas.
La segunda articulación se refiere a las unidades más pequeñas que componen el signo lingüístico pero que no son el signo como tal, es decir carecen de significante y significado como tales. Estas unidades son conocidas con el nombre de fonemas, que son distintivos en el interior del signo, de manera que si se cambian también lo hará el significado del signo.
La doble articulación posibilita que con pocos fonemas se puedan formar la totalidad de monemas de una lengua, a su vez estos últimos evitan tener que aprender un signo distinto para cada realidad. Esta última característica del signo lingüístico, el carácter articulado es propiedad únicamente del código lingüístico empleado por los seres humanos y se diferencia de los demás códigos de comunicación.



Fernando Chelle


  • Editorial: CreateSpace Plataforma Independent Publishing; 1 edición (24 de enero de 2014)
  • ISBN-10: 1495244679
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jueves, 15 de enero de 2015

Curso general de lectoescritura y corrección de estilo, guía para formular escritos correctos






unidad
Lectura crítica

Este apartado denominado Lectura Crítica tiene como intención responder a los requerimientos nacionales en lo que respecta a los lineamientos dados por el Ministerio de Educación Nacional de Colombia. Uno de los módulos específicos que ha establecido el Instituto Colombiano para el Fomento de la Educación Superior (ICFES) para sus pruebas denominadas
Saber Pro es precisamente el de lectura crítica.

Este módulo evalúa en el estudiante la capacidad que tiene como lector. El lector crítico deberá percibir las relaciones que se establecen en los distintos tipos de discursos como así también las condiciones socioculturales que se desprenden de ellos. Un lector crítico deberá tener la capacidad de reconstruir el sentido de un texto en la medida que podrá reconocer aspectos ideológicos
y sociales que se desprenden de los discursos textuales.
Para que un lector tenga esas características y se lo pueda denominar Lector Crítico, el Instituto Colombiano para el Fomento de la Educación Superior (ICFES), ha establecido cinco dimensiones que el lector debe manejar, estas son: 1) dimensión textual evidente; 2) dimensión relacional intertextual; 3) dimensión enunciativa; 4) dimensión valorativa; y, 5) dimensión sociocultural.

Dimensión textual evidente

Esta primera dimensión se refiere específicamente a la comprensión del contenido del texto. Es una aproximación a la comprensión literal del contenido textual y no pretende ahondar en el terreno interpretativo o analítico de la escritura. Esta dimensión es un primer paso que le permitirá al lector avanzar hacia una comprensión crítica del discurso.
Es importante que ya aquí, el lector pueda determinar el tema del texto leído, como así también ubicar la información dada sobre eventos, actores, circunstancias, escenarios. También en esta primera dimensión el lector deberá poder percibir la estructura del texto.

Dimensión relacional intertextual

Esta dimensión repara en el reconocimiento de las relaciones que pueden ser identificadas al interior del texto o entre dos textos, sean éstas de orden sintáctico o de orden semántico.
En el orden sintáctico, lo que se busca es determinar la disposición que tiene el lector para relacionar piezas o partes de la información. El lector deberá identificar los recursos que se han utilizado al interior del texto para dar cohesión a las ideas y relacionar párrafos, por ejemplo el uso de conectores, pronombres, marcas espaciales, conjunciones, paréntesis, guiones etc. 
En el orden semántico, lo que se busca es que el lector pueda reconocer las estrategias que se han utilizado para relacionar el texto y las informaciones que lo acompañan como títulos, epígrafes, notas, citas, cuadros, imágenes, y cómo estas mismas relaciones pueden identificarse entre dos textos o más.
En esta dimensión el lector reconocerá la relación entre las distintas partes de un texto, pasará de la lectura literal a leer entre líneas y relacionará el texto que le ocupa con otros textos de la cultura.

Dimensión enunciativa

Esta tercera dimensión se vincula a lo estrictamente comunicativo del texto.
Aquí el lector deberá detenerse en la intencionalidad del enunciador, en los propósitos que se persiguen con el texto, ya sean ideológicos, estéticos, culturales, entre otros. El lector podrá tomar consciencia de la audiencia, el público lector a quien va dirigido el texto. Esta es una dimensión, que al centrarse fundamentalmente en la actitud y el objetivo del enunciador, profundiza el sentido crítico de la lectura.

Dimensión valorativa

Esta dimensión exige del estudiante la capacidad para identificar los elementos ideológicos presentes en el texto.
El lector debe reparar en el punto de vista que el autor del texto quiere dar, en la visión del mundo que presenta, las condiciones sociales, históricas, culturales, políticas y académicas que se desprenden de la subjetividad del escrito y que se encuentran de manera implícita en el discurso.
Esta dimensión evalúa los contenidos valorativos e ideológicos y reconoce perspectivas y puntos de vista presentes en los textos.

Dimensión sociocultural

En esta dimensión el lector debe reconocer la intención y el propósito que guían la puesta en la escena social del texto que lee.
La escritura es una actividad que se inscribe en circunstancias históricas, sociales e ideológicas y que es realizada por sujetos sociales, portadores de saberes, intenciones, propósitos e intereses. El lector crítico deberá poder dilucidar la intención del discurso y el efecto que el autor ha querido dejar, desde el punto de vista social, en sus lectores. Deberá percibir, si es necesario, como determinados discursos refuerzan o cuestionan ciertas prácticas culturales.
En esta dimensión el lector crítico debe manejar tres aspectos fundamentales: la intención y el propósito que presenta el texto, aunque no sea textualmente evidente, en cuanto a lo que se espera del lector; las estrategias discursivas que el autor del texto ha utilizado para lograr sus propósitos; y finalmente, la forma como el discurso refuerza o cuestiona ciertas prácticas culturales.

Ejemplos de preguntas módulo de lectura crítica

La última novela de Saramago (Fragmento)
Por: Angélica Gallón Salazar (2012, marzo 1), El Espectador.

La entregó a una editorial en 1953 y se refundió hasta 1989. En vida, el nobel portugués no quiso publicarla y ahora su esposa y traductora la saca a la luz.
Fue una humillación. Se sintió pisoteado. Había dedicado muchas horas a esa novela que le resultaba fácil de leer, que, sin embargo, era compleja por la cantidad de personajes que se cruzaban sin refundirse.
José Saramago era joven y había puesto mucha vida ahí, en la escritura de su novela de barrio, Claraboya. Sin embargo, el silencio tajante que recibió de esa editorial a la que en 1953 entregó la que era su segunda novela terminada, ensombreció algo de esa juventud.
El castigo del silencio hizo hablar al portugués: “Si lo que tengo que decir no interesa a nadie, me callo”.
Luego, Saramago maduró y unas décadas después se dijo: ‘Quien ha estado en silencio tanto tiempo no puede morir sin decir todo’. “Ahí se puso a escribir como un condenado y lo hizo hasta pocos días antes de morir”, dice su esposa y traductora al español, Pilar del Río, recordando las palabras del difunto escritor.
Claraboya es una mirada desde el techo de cristal de un edificio en el que viven seis humildes familias cuyos miembros están siempre sobrellevando algún enredo.

1. El tema central del artículo es

A. el silencio al que se vio forzado José Saramago.
B. las distintas etapas de José Saramago como escritor.
C. el rechazo que recibió José Saramago por parte de las editoriales.
D. la novela Claraboya de José Saramago.
Dimensión: textual evidente

2. El título que lleva el artículo “La última novela de Saramago” hace referencia a

A. la última novela escrita por el autor.
B. una novela que Saramago no publicó en vida.
C. la primera novela escrita publicada después de su muerte.
D. la última novela publicada en vida del autor.
Dimensión: relacional intertextual

3. La decisión de José Saramago de no publicar el libro en vida se debió a que

A. se sintió humillado por el rechazo de la editorial.
B. era muy compleja por la cantidad de personajes.
C. su obra no había tenido interés para la editorial.
D. la consideraba una obra de barrio, de su juventud.
Dimensión: enunciativa

4. La intención de Saramago al escribir la novela fue

A. hacer una novela de barrio.
B. hacer una novela fácil de leer.
C. hacer una novela compleja con muchos personajes.
D. contar parte de su juventud.
Dimensión: valorativa

5. Puede inferirse que el papel que jugó la editorial en la publicación de Claraboya fue

A. nulo.
B. importante.
C. determinante.
D. insignificante.




Fernando Chelle


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  • ISBN-10: 1495244679
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