domingo, 17 de mayo de 2015

Curso general de lectoescritura y corrección de estilo, guía para formular escritos correctos




·         La presente es la última entrega de la selección temática del libro “Curso general de lectoescritura y corrección de estilo, guía para formular escritos correctos”. Fue un proyecto conjunto, de veintiuna publicaciones, que se llevó adelante entre el blog literario de autor PALABRA ESCRITA y el blog literario Experiencias Literarias. Quedaron sin publicar muchos temas presentes en el libro (se enumeran al final del post) porque nuestra idea desde un principio fue compartir una selección de temas y no la obra completa. Desde ambos blogs, deseamos que los distintos aportes teóricos compartidos, hayan sido beneficiosos para los lectores y escritores que nos acompañan en este camino de la literatura.
En lo personal, como responsable del blog PALABRA ESCRITA y como escritor de la obra, no me queda más que agradecer al Editor de Experiencias Literarias, el Sr. Luis del Moral Martínez por haberme acompañado en este proyecto.



Fases para una correcta redacción

Fase de pre- planificación (la estrella de ocho puntas)
  

Este es el momento en que usted como escritor decide qué es lo que va a escribir y cómo lo va a hacer.

Aquí usted debe ya tener en claro cuál será el tema del texto, como también la tipología textual que ha elegido utilizar. Para enfrentarse a esta fase es muy útil el apartado donde se desarrollaron las distintas tipologías. En caso de ser necesario repase las características específicas del tipo de texto que va a utilizar de manera de no tener contratiempos a la hora de la expresión escrita.

En esta fase de pre- escritura también usted contextualizará la información que desea transmitir por escrito. Le sería de mucha utilidad en esta fase recurrir a la técnica de la estrella de ocho puntas respondiendo a las siguientes preguntas: ¿quién escribe?, ¿qué escribe?, ¿dónde?, cómo? y ¿por qué?

A estas seis preguntas básicas los periodistas suelen agregarle dos más, ¿cuántos? y ¿para qué?, que usted podrá utilizar si lo cree necesario.

Las respuestas a estas preguntas lo ayudarán a tomar decisiones acerca del emisor que va a utilizar, del posible destinatario y de la finalidad que ha querido darle a su texto. También es conveniente que ya en esta fase usted vaya pensando la extensión y el nivel de profundidad que piensa darle al tema.

Ahora estará en condiciones de pasar a la siguiente fase y planificar su texto.





Fase de planificación textual (radiografía textual)


Ya como escritor usted reparó en los aspectos tipológicos de su texto y los aspectos que se refieren al contenido. Es hora de que se plantee que finalidad persigue con el texto que ha decidido escribir y qué pasos debe dar para lograr ese objetivo. En este momento de planificación usted debe pensar también en el posible destinatario de su escrito.

A esta fase podemos denominarla plan de escritura. Este plan implica una radiografía textual, es decir, una planificación estructural de lo que voy a exponer en el escrito.

Todos sabemos que los textos están formados por palabras, que a su vez forman frases, que a su vez forman oraciones y estas a su vez, forman párrafos.



También debemos saber que el párrafo es una unidad subtemática de un escrito, que se separa con punto y aparte y que en cada párrafo hay uno o varios minitemas los cuales son llamados oraciones. Pues bien, teniendo esto en claro es bueno que usted estructure en párrafos el material a exponer en un escrito. Pongamos por caso que usted quiera hablar del desorden en el tránsito vehicular en una ciudad determinada y no sabe cómo hacerlo, veamos este ejemplo:

-       Párrafo 1: Comenzará hablando de las normas de tránsito y de lo beneficiosas que son para una correcta movilidad vehicular en las ciudades y carreteras.

-       Párrafo 2: Ahora referirá algunas de las normas que indicó en el primer párrafo y que en la ciudad en cuestión no se cumplen, lo que da como resultado un desorden general en el tránsito vehicular.

-       Párrafo 3: Mostrará ejemplos de otras ciudades que tenían problemas similares y luego de tomar ciertas medidas los solucionaron.

-       Párrafo 4: Llegará a la conclusión de que si se aplican políticas responsables, lo que hoy en la ciudad en cuestión es un desorden se puede solucionar con facilidad como lo solucionaron otras ciudades que presentaban problemas similares con respecto al tránsito vehicular.

Este es un ejemplo entre muchos que podríamos dar, porque son numerosos los temas que se pueden tratar, pero que nos deja en claro como a partir de la planificación textual se logra el objetivo de expresar lo que se quiere.

Son numerosos los estudios que muestran que los textos planificados llegan a ser de mayor calidad y lamentablemente muchos escritores nóveles pasan por alto esta etapa.


Fase de producción (los dos momentos de la escritura)

Una vez realizada la fase de pre planificación, donde usted se pudo haber propuesto responder a algunas de las preguntas de la estrella de ocho puntas, y la planificación propiamente dicha, donde ya estableció la radiografía textual con la correspondiente división en párrafos, es hora de comenzar la producción del texto.

Para producir un texto de forma definitiva debe saber que la escritura tiene al menos dos etapas, una de expresión de todos los contenidos que se ha planteado en la planificación y otra posterior donde usted corregirá los posibles errores de redacción que puede haber tenido en la etapa de expresión.

La primera etapa es sumamente importante, se conoce como primer borrador y es en donde usted se expresará. Los artistas que suelen utilizar esta técnica de los dos momentos de escritura le dan el calificativo de creativa e esta primera etapa. Es necesario que usted se exprese incluso sin reparar en posibles errores, pues si se detiene constantemente a pensar cuál sería la forma correcta se podría bloquear corriendo el riesgo de no exponer el núcleo de su pensamiento, hágalo tranquilo ya vendrá el tiempo de corregir.

Para comenzar la etapa de corrección es bueno que deje pasar un tiempo prudencial, este será variable según el escritor, podría ser un par de horas como un día. Pasado este tiempo usted retomará su escrito y descubrirá que tal o cual adjetivo estaba de más, que una expresión determinada no era correcta, que tal fragmento podría eliminarse, que debe aclararse mejor cierto concepto. La corrección en frío es el mejor remedio contra las imperfecciones de estilo.

Es válido aclarar que si usted practica continuamente la escritura o es un escritor experimentado  seguramente la corrección la hace sobre la marcha y las dos etapas no serían sino solo una, pero no es el caso de la mayoría de estudiantes a la que va dirigido este libro, que ojalá llegue el día que se conviertan en escritores competentes.

Por último recordemos algo que debe estar presente desde la planificación, todo texto, cualquiera sea su tipo debe tener una unidad de sentido. Las temáticas que usted separó en párrafos deben estar correctamente relacionadas entre sí, deben estar jerarquizadas de manera que el texto final muestre una buena organización de la información que se ha querido transmitir.


Fase de reescritura (las diez preguntas)

Aun podemos agregar otra fase a las ya vistas en el proceso de redacción. Se trata de una revisión final de los contenidos y de una posible reescritura. Si bien es cierto, como vimos, que en la etapa de corrección uno ya repara en aquellos aspectos de la redacción que se deben mejorar, esta fase supone el momento donde reflexionamos sobre lo escrito, lo que nos puede llevar, no siempre es así, a reconsiderar lo expuesto.

De esta fase es la que se desprenderá el texto definitivo, de manera que no se transforma en una pérdida de tiempo ni mucho menos, es el aval que nosotros damos como escritores a una redacción antes de socializarla.

Le aconsejo que en primer lugar lea su texto con la finalidad de evaluarlo y manejando la posibilidad de mejorarlo. Trate de detectar todo lo que se le pueda haber escapado en la fase de corrección como irregularidades sintácticas, ambigüedades, repeticiones innecesarias, etc.

A continuación le propongo que lea con atención las siguientes diez preguntas y las aplique a sus redacciones, le serán de mucha utilidad:

1.     ¿Se reconoce con claridad el propósito de su texto?
2.     ¿Se reconoce con claridad el público hacia quien se dirige en su texto?
3.     ¿Cuál es la tipología textual que predomina en su redacción?
4.     ¿Están claramente expuestas las ideas primarias y se diferencian de las secundarias?
5.     ¿Están claramente fundamentados los argumentos que se plantean?
6.     ¿No existen contradicciones en lo que se expone?
7.     ¿Se encuentra correctamente estructurado el escrito?
8.     ¿Respetó la construcción sintáctica, sujeto- verbo- objeto?
9.     ¿El escrito está exento de faltas ortográficas?
10.  ¿Utilizó correctamente la puntuación?




Temas presentes en el libro “Curso general de lectoescritura y corrección de estilo, guía para formular escritos correctos” que no fueron publicados en el proyecto conjunto de Experiencias Literarias y PALABRA ESCRITA



                                                                                             
Concordancia                                                                                                             92       
El inciso                                                                                                                     93
Casos especiales de concordancia                                                                            
Blablismo y redundancia                                                                                             95       
Conectores                                                                                                               
Semántica                                                                                                                  97
Corrección de palabras
Homofonía
Homonimia
Paranomasia
Palabras multiformes                                                                                                 
Acentuación                                                                                                               99
Tilde diacrítica en monosílabas
Palabras con tilde y sin tilde por énfasis                                                                                
Anomalías Semánticas                                                                                                100
El comodín – el cosismo                                                                                            102
El mismismo                                                                                                              103
Expresión de identidad                                                                                                          
Expresión de intensidad                                                                                            
Expresión de semejanza o repetición                                                                                     
El queísmo                                                                                                                 104
Usos incorrectos frecuentes del que                                                                           
Que galicado
Abuso en el empleo del que
Que sustantivo
Que  verbal
Que adjetivo
Que preposición y que pronombre                                                                              
Oscuridad de sentido por uso de que                                                                         


9ª unidad
Tipologías textuales                                                                                                    117
Características particulares de los distintos tipos de textos                                                     
Estilo descriptivo                                                                                                                  
La descripción literaria                                                                                                117
La descripción técnica
-       Los textos científicos
-       Los textos técnicos
Los textos sociales                                                                                                                
Estilo narrativo                                                                                                           119
“Narrar es contar”
La historia
Procedimiento de condensación                                                                                 119
Procedimiento de expansión                                                                                                  
Orden de los acontecimientos                                                                                    
La estructura                                                                                                                         
El narrador y el punto de vista                                                                                     120
Narrador observador
-       Desde la primera persona
-       Desde la segunda persona
-       Desde la tercera persona
Los personajes                                                                                                                      121
El tiempo                                                                                                                   122
-       El tiempo externo o histórico
-       El tiempo interno
El espacio                                                                                                                            
El receptor                                                                                                                            
El estilo epistolar                                                                                                        123
Estilo instructivo                                                                                                         125
Estilo explicativo                                                                                                        126
Características enunciativas                                                                                                   
Rasgos lingüísticos que son propios de la explicación                                                 127
Estructura del texto explicativo                                                                                  
1.     Presentación / marco
2.     Planteo del problema (explícito o implícito)
3.     Respuesta del problema
4.     Evaluación conclusiva
Procedimientos facilitadores                                                                                                  
Definiciones                                                                                                                          
-       Definición explicativa
-       Definición metalingüística
Ejemplificación                                                                                                                     
Denominación
Resumen
Paráfrasis
Ejemplo
Comparaciones
Estilo argumentativo                                                                                                   128
Procedimientos organizativos                                                                                     129
-       La introducción                                                                                                               
-       El desarrollo                                                                                                              
Estructura monologada
Estructura dialogada
Modos de razonamiento                                                                                                  
La deducción
La inducción
Tipos de argumento                                                                                                        
Argumentos racionales
Argumentos de hecho
Argumentos de ejemplificación
Argumentos de autoridad
Argumentos que apelan a los sentimientos
-       La conclusión
Procedimientos discursivos                                                                                        130
-       La definición
-       La comparación (o analogía)
-       Las citas
-       La enumeración acumulativa
-       La ejemplificación
-       La interrogación
Procedimientos lingüísticos                                                                                                   
Estilo científico – técnico                                                                                            131
-       Temática
-       Género
-       Intencionalidad
-       Grado de especialización
Estilo predictivo                                                                                                                     132
Estilo retórico                                                                                                                       
La oratoria                                                                                                                  133
Textos persuasivos                                                                                                               
Otros tipos de textos                                                                                                            
-       Texto humanístico
-       Texto jurídico – administrativo                                                                               134
-       Texto publicitario
-       Texto periodístico

10ª unidad
Textos académicos                                                                                                    137
El Resumen                                                                                                                          
Pasos para la correcta redacción de un resumen                                                                    
Lo que no es un resumen                                                                                                       
El Informe                                                                                                                  138
Tipos de informes                                                                                                                 
-       El informe científico
-       El informe de investigación
Estructura del informe                                                                                                
-       El propósito
-       El procedimiento
-       Los hechos
-       El análisis y discusión
Características del informe                                                                                                     
La Reseña                                                                                                                  139
-       Reseña informativa
-       Reseña crítica
Título                                                                                                                                    
Introducción                                                                                                                          
Resumen de exposición                                                                                                        
Comentarios de análisis crítico - argumentativo                                                                       
Conclusiones                                                                                                                        
El Ensayo                                                                                                                  140

11ª unidad
En búsqueda de la perfección                                                                                     146
La precisión                                                                                                                          
Bibliografía


Fernando Chelle


  • Editorial: CreateSpace Plataforma Independent Publishing; 1 edición (24 de enero de 2014)
  • ISBN-10: 1495244679
  • ISBN-13: 978 a 1495244674

Curso general de lectoescritura y corrección de estilo
(Guía para formular escritos correctos)
(Colombia 2014). 
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viernes, 8 de mayo de 2015

Estudio de "El guardagujas", cuento de Juan José Arreola



Una inquietante espera
entre lo absurdo y lo fantástico

Desde una simple sátira sobre el sistema ferroviario mexicano, pasando por una clara crítica al mercantilismo deshumanizante, las vías de El guardagujas culminan en la estación alegórica del destino del hombre.


Por Fernando Chelle

El guardagujas es un cuento del escritor mexicano Juan José Arreola (Ciudad Guzmán, México, 21 de septiembre de 1918 ‑ Guadalajara, México, 3 de diciembre de 2001). Este texto, probablemente el mejor cuento de literatura fantástica escrito en México en el siglo XX, fue publicado por primera vez en el año 1952 y forma parte del volumen titulado Confabulario.
Definir el tema central del cuento no es una tarea fácil, porque el gran mérito de este texto es la multiplicidad de interpretaciones que podemos llegar a tener, algunas son más evidentes que otras, pero podríamos decir que en el relato conviven varias líneas interpretativas, si se quiere, todas válidas. Es indudable la sátira sobre el sistema ferroviario mexicano y la industrialización; la crítica al mercantilismo deshumanizante; la alegoría sobre el destino del hombre; la mirada absurda hacia ciertos sistemas políticos e instituciones sociales.
De forma resumida, podríamos decir que el argumento del cuento es el siguiente: un forastero llega agotado, cargando una valija, a una estación desierta. Es la hora exacta en que su tren debe partir. De pronto siente que alguien, que no había visto y que se presenta de forma inesperada, le da una suave palmada. Es un viejecillo de vago aspecto ferrocarrilero, provisto de una pequeña linterna roja, que lo mira con ansiedad. Inmediatamente se entabla un diálogo entre estos dos personajes, donde el forastero le pregunta al recién llegado si ya había salido el tren con destino a T, pero el viejecillo, en lugar de responder directamente a la pregunta que se le hace, comienza a aconsejar y advertir al forastero sobre distintos aspectos del extraño sistema ferroviario de aquel país. En el extenso diálogo, el viejecillo, que es el guardagujas, contará al forastero una historia inverosímil, fantástica, absurda, sobre las características del sistema ferroviario. Le cuenta que los trenes de aquel país no tienen un itinerario establecido y que pueden llegar a tomar los rumbos más diversos. En ocasiones los trenes son abandonados y los pasajeros una vez que se encuentran desamparados optan por formar nuevos pueblos. Dentro del absurdo, se mantienen las desigualdades sociales en los servicios, ya que si hay un solo riel y los pasajeros pueden llegar a sufrir lesiones, son los de primera clase los que se ubican del lado del riel. En esta realidad fantástica, en ocasiones, los pasajeros deben colaborar con la empresa prestadora del servicio e incluso realizar tareas inverosímiles, como por ejemplo desarmar un tren pieza por pieza y llevarlo de un lugar a otro para suplir la falta de un puente. La empresa todopoderosa instrumenta una realidad ficticia para darles tranquilidad a los pasajeros haciendo uso de muñecos en lugar de operarios y mostrando imágenes pintadas de paisajes que pasan por las ventanillas y que sirven para suplantar la realidad. La domesticación de los pasajeros por parte de la empresa es total, incluso se han establecido escuelas para que las personas aprendan a convivir armónicamente y puedan pasar la vida dentro de los trenes. A todo esto, el forastero no cuestiona ni pone en duda la realidad absurda y fantástica que se le describe, pero de alguna manera sigue atado a su realidad, la de querer llegar a T, es por eso que lo único que atina a responder insistentemente es que debe llegar al pueblo de T mañana mismo. En el final del relato, sorpresivamente, aparece el tren, el viejo guardagujas sale corriendo, dando saltos por la vía y le dice al forastero que ha tenido suerte y que mañana mismo llegará a su destino, pero cuando pregunta nuevamente el nombre del pueblo, el forastero ya no contesta T sino X. Finalmente, el guardagujas desaparece, solo queda de él el punto rojo de la linterna flotando en el aire, mientras la locomotora se acerca como un ruidoso advenimiento.
Como dije anteriormente, una de las posibles interpretaciones que podemos llegar a tener de este cuento es la sátira que en él se establece sobre el sistema ferroviario mexicano. En la caótica descripción que lleva adelante el guardagujas, desnuda un desorden brutal por parte de los encargados de llevar adelante esta empresa. Vinculado a esta sátira, se encuentra el tema de la industrialización que estaba sufriendo el país azteca a mediados del pasado siglo. Se podría decir también que el cuento implica una amplia reflexión acerca de las dificultades que conlleva la industrialización en una sociedad. La narración tiene lugar en una época histórica donde el desarrollo tecnológico, vinculado a los medios de transporte y la industria, había llegado para quedarse, y los hombres de la época veían estos avances como la promesa de un mundo de progreso y bienestar. Sin embargo, en la narración de Arreola ese advenimiento de la tecnología y las máquinas parece jugar un papel negativo y deshumanizante en la vida de los individuos. Los hombres son los que han creado las máquinas para beneficiarse de sus servicios, pero lo que se interpreta a partir de la narración es todo lo contrario, vemos como los hombres viven en un mundo estructurado para las máquinas y se tienen que adaptar para convivir bajo los parámetros que el nuevo tiempo histórico impuso. Esa adaptación y sometimiento a que se ve enfrentado el ser humano se ve claramente en las palabras del guardagujas, quien en ningún momento cuestiona las nuevas conductas sociales impuestas por la empresa de ferrocarriles, es más, se dedica a elogiar las iniciativas de carácter absurdo que lleva adelante la empresa para establecer el control de los pasajeros y poder imponer sus intereses.  Ese nuevo escenario histórico tampoco vino a terminar con las desigualdades sociales que imperaban en la sociedad, vemos como siguen existiendo los privilegios y las categorías en el mundo ferroviario.
La crítica al mercantilismo deshumanizante en el texto también es evidente, las relaciones sociales que se establecen en ese mundo y que tan detalladamente describe el guardagujas muestran como los pasajeros parecen estar de acuerdo con las normas impuestas por la empresa, aceptando de buena gana sus propios tormentos.
También señalé, como otra de las interpretaciones posibles de este cuento, la alegoría que se establece con el destino del hombre, donde el viaje en tren sería comparable al viaje que supone el transcurso por la vida misma, o los distintos viajes que un hombre suele tener por los caminos de la vida. Si seguimos esta lectura, el texto puede querer decir que el individuo deberá resignarse y aceptar las condiciones que se le presenten en la vida, así como el forastero del relato debe resignarse a los destinos inesperados adonde lo puede llevar el tren. Si bien el personaje del relato tiene un boleto con destino a T y por ende espera llegar a esa ciudad, no es para nada seguro que el viaje culmine en ese sitio. De igual manera, pueden llegar a suceder las cosas en la vida de los distintos individuos y la enseñanza que arroja el cuento, desde esta lectura, parece querer decir que lo importante es vivir, subir al tren, tratar de disfrutar el viaje y si llegamos al destino que buscamos bien y si no, tendremos que tratar de estar preparados para los posibles desvíos que se puedan llegar a dar en el camino. Los hombres suelen padecer frente a la vida las mismas incertidumbres que padece el forastero del cuento, la soledad, el desaliento, la inseguridad, el desconcierto, pero la vida, como el camino que va a emprender el tren, puede tener inciertos destinos. Siguiendo esta lectura, vemos como todos los hombres en algún momento deben tomar el tren, pero no podrán estar seguros de cuando el tren va a pasar, ni siquiera si va a pasar, aunque hayan tenido la precaución de comprar el boleto de antemano. Quizá a algunos de nosotros nos termine sucediendo lo que les sucedió a los pasajeros que terminaron fundando la aldea de F, cuando el tren perdió su rumbo, quizá otros lleguen a la estación que esperaban y sin mucho esfuerzo, pero eso nadie lo puede saber.
Otra lectura, muy próxima a la anterior, nos acercaría al concepto del absurdo, donde el viaje en tren, si bien lo podríamos interpretar como el viaje de la vida, sería también el viaje por la existencia de lo absurdo. No es lógico, ni racional, que el forastero después de haber escuchado las descripciones del guardagujas siga optando por querer abordar el tren y sin embargo no existe ningún tipo de cuestionamiento por parte de este viajero sobre el conjunto de disparates que escucha, él solo quiere llegar a T. Por otra parte, vemos como los demás pasajeros también aceptan las condiciones de la empresa, aceptan tomar trenes que quizá no los lleven a sus destinos, aceptan desarmar un tren y llevarlo de a pedazos a otro lado, aceptan poder morir y ser enterrados en los vagones cementerio, aceptan, en definitiva, el establecimiento del absurdo.
Me parece interesante, también, tocar el tema de lo fantástico en este relato, ver como un texto que en un principio se podría inscribir dentro de un contexto realista, poco a poco y a medida que el guardagujas comienza a tener la voz en la historia ese realismo se va perdiendo y le va dejando paso a lo fantástico. Hay en el relato dos discursos bien distintos, por un lado tenemos la historia inverosímil que cuenta el guardagujas, tratando de advertir al forastero sobre las características del sistema ferroviario del país, y por otro lado tenemos la historia de este último, que espera un tren con un destino concreto, la ciudad de T. En este sentido, el guardagujas representa lo fantástico, mientras que el forastero representa lo normal, lo verosímil. Al discurso de características fantásticas del guardagujas se opone, no solo lo que dice el forastero, sino la realidad que todos los lectores reconocemos como posible. Todos somos conscientes que el servicio que brindan los trenes responde a una lógica funcional, acordada de antemano e inmodificable, salvo que se informe a los pasajeros de algún cambio inesperado. Lo lógico, lo normal, lo preestablecido, es comprar un boleto y tomar un tren que se dirigirá a un determinado sitio, por vías dispuestas con anterioridad para que todo funcione como se ha proyectado. De manera que lo que cuenta el guardagujas, los lectores sabemos que no es posible, no se pueden modificar las vías ni el funcionamiento del circuito ferroviario porque esto es algo que ya está establecido y los pasajeros conocen. Sin embargo, la aceptación del forastero de todo lo que se le dice, el no cuestionamiento del discurso del viejo guardagujas, lleva a que el lector perciba que el relato va a transitar definitivamente por otro terreno y acepte la posibilidad del absurdo. Tanto es así, que este es el discurso que se va a imponer como la nueva verdad dentro del cuento; aunque allí está el forastero repitiendo una y otra vez que mañana debe llegar a T, los lectores ya estamos familiarizados con la lógica del absurdo que representa el viejo guardagujas. Es un cuento que comienza transitando los caminos de lo reconocible como real, luego claramente da un viraje hacia lo fantástico y sólo al final cae de nuevo en lo reconocible como real cuando se escucha el silbato que indica la llegada del tren. Lo extraño del final es que cuando el guardagujas pregunta al forastero sobre su destino, este en lugar de responder T, que se correspondería con el discurso realista que había tenido hasta el momento, responde X.
Para finalizar el artículo, me voy a referir brevemente a las claras influencias kafkianas que se pueden percibir en la lectura de este cuento del mexicano Juan José Arreola. En primer lugar, la espera e incertidumbre que tiene que pasar el forastero de “El guardagujas” es comparable a lo que le sucede al protagonista de la novela “El castillo” del escritor checo Franz Kafka. Allí vemos como el protagonista K se ve imposibilitado de entrar al castillo al cual se lo había convocado, a este personaje kafkiano le toca sufrir una espera interminable comparable a la que sufre el forastero de Arreola en la solitaria estación. En otro breve texto de Kafka, “Una confusión cotidiana”, también podemos ver como los negociantes A y B se citan pero nunca pueden encontrarse. Este tema de la espera o la postergación Kafka lo aborda también en otro texto breve titulado “Ante la ley”, donde un campesino espera toda su vida para que lo dejen cruzar una puerta. Otro rasgo propio de la literatura de Kafka, que se ve en Arreola, es la tendencia hacia lo infinito y lo caótico, esto el autor checo lo abordó en “La muralla china”, donde se refirió a ese proyecto interminable, y en “El escudo de la ciudad”, donde se refirió a la imposibilidad de la construcción de la Torre de Babel. En el cuento de Arreola, lo infinito y lo caótico está presente en las redes ferroviarias y en los innumerables inconvenientes que sufren los pasajeros. Por último, uno de los temas fundamentales de Kafka y que también se puede percibir en “El guardagujas” es el tema del poder indefinible. Este es un tema recurrente en la obra del autor checo, donde frecuentemente se describe la realidad de la burocracia y de las grandes compañías todopoderosas; en el cuento de Arreola la empresa centralista que dirige los ferrocarriles es la que detenta un poder ilimitado.


Artículo publicado en la revista digital Vadenuevo www.vadenuevo.com.uy . Mayo de 2015. Disponible aquí: http://www.vadenuevo.com.uy/index.php/the-news/3380-80-vadenuevo11  

Curso general de lectoescritura y corrección de estilo, guía para formular escritos correctos




unidad
Planificación textual

La planificación de un texto constituye la parte del proceso de elaboración donde nos planteamos y nos respondemos los objetivos que perseguimos al ponernos a escribir.   Debemos pensar en el emisor y en el receptor, en la selección y orden que queremos dar a nuestras ideas, también en el género en que vamos a escribir, entre otros aspectos fundamentales que estudiaremos en este capítulo.


Aprendiendo a escribir

Con respecto al ejercicio de la escritura, veamos lo que nos dice Graciela Reyes, en su libro “Cómo escribir bien en español”:

“El manido tópico de que el arte o la creación son algo que no puede ser enseñado ni aprendido pierde validez ante la realidad de la evidencia. Ni los grandes lingüistas son necesariamente buenos escritores, ni todos los escritores prestigiosos apoyan su arte sobre una formación de base academicista. Tampoco la facilidad para llenar páginas puede ser considerada una garantía de saber escribir bien… existe un método preciso y lógico para aprender a dominar el proceso de redacción, sea cual sea nuestro objetivo a la hora de escribir; cartas, cuentos, novelas, tesis, informes, guiones cinematográficos, poesía o una simple invitación… Aprender a escribir textos exige más que dominar algunas técnicas de redacción y algunas normas gramaticales. Aprender a escribir es, sobre todo, aprender a reflexionar sobre el lenguaje. Para escribir bien, debemos considerar el lenguaje como medio y como fin para cumplir determinada función; debemos sopesar críticamente nuestros recursos lingüísticos, calcular el espacio de comunicación que abrimos con nuestro escrito, meditar sobre el tema del que queremos hablar y sobre las personas a las que nos dirigimos. Escribir es examinar la realidad y examinar, simultáneamente, cómo la simbolizamos con palabras y cómo transmitimos sus contenidos. Escribiendo, elaboramos críticamente nuestras experiencias y ejercitamos nuestra capacidad de comunicarnos.” (Graciela Reyes (1998), Cómo escribir bien en español, Madrid: Arco/Libros, p. 11)

Este apartado del libro pretende dotar de los elementos, conceptos, ideas y reflexiones básicas para abordar con éxito la expresión oral y/o escrita en la mayor gama posible de contextos comunicativos.

En primer lugar y antes de abordar estos temas debemos acotar nuestro objetivo, estableciendo  qué es lo que entendemos por texto así como por escribir o expresarse por escrito.


¿Qué entendemos por texto?

Un texto es un conjunto de signos lingüísticos usados por una persona para construir un significado. La finalidad de un texto es comunicar algo a alguien.

De acuerdo con esta definición de texto, que nos resultaría difícil rebatir, no parece existir ninguna razón para distinguir entre "comunicaciones escritas" y "comunicaciones orales": en los dos casos usamos signos lingüísticos para construir un significado, esto es, crear un mensaje, que dirigimos a alguien. Así pues, coherentes con la descripción propuesta, debemos considerar que tanto los mensajes orales como los escritos constituyen textos.

Ahora bien, no podemos pasar por alto una diferencia esencial entre uno y otro tipo de textos. Nos referimos al hecho de que los textos orales, en general, constituyen comunicaciones "presenciales o virtuales”, esto es, el emisor y el receptor comparten el mismo espacio y el mismo tiempo (en el caso de las comunicaciones virtuales el espacio no suele ser el mismo); los textos escritos, en cambio, no.

Esta diferencia no niega que unos y otros sean textos, pero para compensar esta falta de coincidencia espacio-temporal entre emisor y receptor, la comunicación escrita está sujeta a reglas más elaboradas que los textos orales. No olvidemos que los principios y reglas de escritura existen para asegurar que el mensaje transmitido y la intención del autor se mantengan en el texto y se transmitan sin ambigüedades.

Tras esta pequeña introducción, veremos que estamos en disposición de aportar una definición de texto más acorde con nuestra experiencia:

Un texto es una transacción lingüística entre emisor (autor) y receptor (oyente o lector). Cada texto construye un diálogo entre autor y lector. La expresión de las intenciones del autor y las interpretaciones. 




Los textos en la sociedad

A lo largo de nuestra vida, estamos en contacto con una gran cantidad de textos de diferentes tipos: desde programaciones de televisión hasta novelas, pasando por artículos de revistas, correos electrónicos, multas, horarios, carteles, facturas, etc. Y lo que es más importante, ante cualquier mensaje, todos reconocemos de forma inmediata de qué tipo de texto se trata: nadie confunde una multa de tránsito o la factura del Teléfono con una carta de amor. Este hecho, que creemos innegable, supone lo siguiente:

-       Que, consciente o inconscientemente, todos estamos familiarizados con los distintos tipos de textos y
-       Que establecer los rasgos distintivos de los distintos tipos de textos existentes no sólo es posible sino que ser consciente de ellos constituye un conocimiento imprescindible para escribir textos con éxito, esto es, que alcancen el objetivo para el que fueron creados. En definitiva, para ser buenos escritores.

Es importante que tengamos en cuenta que clasificar un texto es esencial para interpretar el mensaje o, incluso, de las palabras que lo componen.

Por ejemplo, fuera de contexto, la referencia a un estudiante como "es un estudiante aplicado" es bastante positiva; no obstante, si se encuentra en una carta de recomendación, donde se deben exagerar las virtudes del "recomendado", se convierte en algo negativo, dado que lo interpretamos como que, a pesar del interés en entender las cosas y de las horas que dedica a ello, el estudiante no entiende fácilmente las cosas, es decir, no es muy inteligente.

Este ejemplo pone de manifiesto la importancia de las convenciones textuales a la hora de interpretar el mensaje de un texto.


La composición de un texto

Escribir en forma correcta y eficaz es una tarea nuestra, dependemos exclusivamente de nosotros, no de la ayuda de las musas u otros seres sobrenaturales. Es nuestra capacidad para elaborar un producto (el texto) lo que vamos a medir. Así como quien elabora un plato que le agrada, como quien cose un botón, como quien maneja el taladro para colgar un cuadro o quién se atreve a “montar” un mueble, tareas que implican el manejo de una técnica, así  es la escritura.

Y es que escribir bien es componer / elaborar por escrito textos correctos, adecuados, no ambiguos, que cumplan los objetivos para los que fueron pensados. La desventaja de esta idea es que, si no alcanzamos nuestro objetivo, no podemos pasar la culpa a nadie, si acaso a nuestra pereza; la ventaja, que escribir se convierte en una habilidad alcanzable por todos tras un periodo de formación de escritura y de práctica.


La práctica hace al maestro

No sólo todos podemos escribir, sino que podemos hacerlo bien. En este sentido, pretendemos que este apartado del libro sobre escritura o, lo que es lo mismo, sobre elaboración y composición de textos escritos constituya una ayuda para los interesados en convertirse en expertos en el manejo (interpretación y producción) de textos escritos.

Nos hemos propuesto exponer algunas ideas generales acerca del proceso de elaboración de escritos, de estrategias y mecanismos lingüísticos implicados en la composición de textos eficaces, esto es, “con éxito”, que alcanzan el objetivo por el que se diseñaron.


Proceso de composición de un texto

La página en blanco

El terror al papel en blanco constituye una de las experiencias que afecta tanto a escritores profesionales como a escritores esporádicos de cualquier tipo de texto. La experiencia universal que subyace a este tópico puede evitarse.

En las siguientes líneas, proponemos algunos mecanismos para evitar dicha experiencia y planteamos algunos principios que nos facilitaran las cosas como escritores.

Veamos estas tres técnicas:

Una forma clásica de empezar a escribir es la que se conoce como tormenta de ideas. Ésta consiste en poner por escrito todo lo que se nos ocurre, sin censurarnos, y, del resultado que obtengamos, rescataremos las ideas más interesantes. Escriba palabras o ideas que pasen por su mente y en una etapa posterior trabájelas adecuadamente.

Otra técnica efectiva para comenzar a escribir es la conocida como la estrella de ocho puntas. En el periodismo se aconseja que todo artículo, nota, reseña, etcétera, responda a las preguntas quién, qué, cuándo, dónde, cómo y por qué. La técnica de la estrella de ocho puntas toma esta estrategia y le agrega dos puntos más: cuántos y para qué. Trace una estrella de ocho puntas y busque la respuesta adecuada, haciendo esto ya tendrá un montón de ideas para superar el papel en blanco.

Existe otra técnica similar a la tormenta de ideas que se denomina escritura automática y es de gran utilidad para superar el miedo a la página en blanco. La técnica consiste simplemente en escribir, así es, la idea es escribir prácticamente sin pensar todo lo que se nos ocurre sobre el tema que hayamos elegido. No importa en una primera instancia la sintaxis ni la gramática pues se trata de escribir sin parar. Es lógico que muchas de las ideas que se escriban bajo esta técnica no se utilizarán en el texto definitivo pero algunas otras si, esto es lo positivo.

Una vez realizadas algunas de estas técnicas, o solamente una de ellas, ya que lo que buscamos es superar el estancamiento del comienzo  podemos plantearnos los pasos a seguir. 

El siguiente paso, una vez superada la página en blanco, es la planificación del texto.
Independientemente del texto que vayamos a escribir, ya sea  una simple  nota a un familiar,  una novela, o un escrito administrativo, una noticia, un artículo de opinión, un trabajo de clase o un examen, entre otros, hay que planificar.


La planificación de un texto

La planificación de un texto constituye la etapa del proceso que precede a la escritura. Dicha etapa del proceso de creación de un texto, sin duda, es la menos considerada, en la medida en que es la que los escritores noveles omiten de forma más habitual. Y probablemente ello es así porque se suele considerar una pérdida de tiempo. No obstante, nada más lejos de la verdad práctica que esta consideración tan generalizada.

Nuestro propósito es mostrar que la planificación constituye una parte esencial en la elaboración de cualquier texto. Gracias a ella, no sólo evitaremos el “terror al papel en blanco” sino que, además, sin lugar a dudas, constituye la mejor garantía de éxito en nuestra empresa: la creación de un texto eficaz, eficiente (esto es, que consiga su propósito).

En efecto, la planificación es el mejor recurso para evitar un texto desorganizado, en el que se exponen las ideas del escritor de acuerdo con el orden en el que le llegan a la mente; un texto que bloquea la transmisión fluida de ideas entre el autor y el receptor (oyente o lector) por desatenderse la necesaria presencia de éste; un texto que ofrece una imagen no deseada del autor, etc., etc.; en definitiva, un texto fracasado.


El éxito de un texto

De acuerdo con lo expuesto, parece claro que para que las cosas nos salgan bien es imprescindible tener en cuenta que un texto no existe en el vacío, sino que adquiere sentido en un contexto comunicativo. De acuerdo con ello, es imprescindible que antes de escribir nos planteemos las circunstancias comunicativas en las que se inserta nuestro texto. En otras palabras, componer un texto que se adecue a nuestros objetivos equivale a elaborar textos apropiados para la situación comunicativa en las que se insertan.

Un texto con éxito es aquél que alcanza el / los propósito (s) u objetivo (s) que se fija y ello sólo es posible si se planea (planifica) el escrito o, dicho de otra forma, si el autor escribe teniendo respuestas a la mayoría de cuestiones relacionadas con las circunstancias comunicativas que rodean el resultado final.


Fases de la planificación de un texto

De acuerdo con las ideas expuestas hasta aquí, la planificación constituye la parte del proceso de elaboración de un texto que dedicamos a plantearnos y respondernos cuestiones esenciales como las siguientes:

-       Objetivos de un texto.
-       Relación entre el emisor y el receptor.
-       Producción y organización de las ideas: documentación, selección y ordenación.
-       Género(s) y secuencias textuales apropiadas para la transmisión de las ideas.


La reflexión sobre estas cuatro cuestiones permite contar con respuestas tan esenciales para configurar el contexto comunicativo del texto como

-       ¿Para qué vamos a escribir el texto?, ¿qué objetivos debemos alcanzar con él?;

-       ¿A quién dirigimos el texto (destinatario real o imaginado)? ¿Sabemos algo del destinatario?, si es así, ¿con qué información sobre él / ellos contamos?, y si no, ¿qué previsiones podemos formularnos? Debemos establecer también ¿qué imagen queremos dar de nosotros como autores al receptor? o, en otros términos, ¿cómo queremos presentarnos en cuanto escritores?;

-       ¿Qué información(es) queremos transmitir al lector a través del texto? Y, sin olvidarnos de cómo vamos a organizar la mucha o poca información (ideas, datos, impresiones, etc.) con el fin de que la transmisión sea lo más fluida posible y, por lo tanto, lo más eficaz posible.

-       Debemos, además, decidir el formato textual y sus convenciones (género), y qué secuencias textuales básicas (esto es, qué partes específicas: argumentación, exposición, descripción, narración) será el mejor vehículo para elaborar el texto.

-       A continuación, nos proponemos plantear algunas ideas en relación con los cuatro puntos anteriores, con la esperanza de que sirvan de “pistas” para dar con la respuesta más adecuada a cada una de las fases de la planificación.


Objetivos de un texto

Sin duda, la respuesta espontánea a la cuestión acerca de qué pretendemos conseguir cuando escribimos un texto es, transmitir información. Ahora bien, dicha respuesta carece de precisión, probablemente a causa de la espontaneidad. En efecto, si pensamos en los textos (escritos u orales) que mantenemos a lo largo de un día, nos daríamos cuenta que con la mayoría de ellos no pretendemos transmitir información: pensemos por ejemplo en esas conversaciones vacías de encuentros casuales en un sitio de espera o esas palabras repetidas cuando llegamos al lugar de trabajo, imprescindibles para mantener las buenas relaciones sociales, pero no para transmitir  información.

Aclaremos este punto. Con un texto podemos perseguir diversas finalidades. Podemos, por ejemplo: Pedir algo al destinatario, advertir al lector de algo, felicitar al receptor del mensaje, invitar a alguien a algún sitio, etc., etc.

Ahora bien, no podemos perder de vista que incluso los textos cuyo objetivo es informar a sus lectores sobre algo también tienen otros intereses, es decir, se proponen algo más que simplemente informar. Por ejemplo: una noticia acerca de una reunión en Buenos Aires  de los gobiernos latinoamericanos, aparecida en cualquier medio de comunicación, transmite información acerca del día, el motivo, los asistentes, etc. a dicha reunión; a quien lo escribe, no obstante, no basta con que el lector tenga esta información, sino que, por cuestiones sin duda partidistas, puede pretender además exaltar  o descalificar la elección del sujeto elegido por el Gobierno de su país para representarlo en la reunión latinoamericana, o valorar negativamente su intervención, u opinar sobre el motivo de la reunión, o incluso, valorar la apuesta latinoamericana, etc.

Los textos del mundo real, incluso los que se marcan objetivos informativos, satisfacen diversas funciones comunicativas; es más, lo difícil es encontrar un texto puro, esto es, con un único objetivo.


Los textos científicos y sus objetivos

De acuerdo con lo expuesto hasta aquí, la mayoría de textos de la vida real se escriben marcados con el objetivo de alcanzar varias funciones comunicativas. No ocurre así, con los textos científicos, que reducen considerablemente el abanico de objetivos comunicativos posibles, sin que ello signifique que dichos textos persigan un solo objetivo monolítico, lo que sí parece claro es que un texto científico debe renunciar a "expresar los sentimientos" del escritor, a "provocar ciertos comportamientos en el lector" (como en los textos de instrucciones), a "provocar emociones estéticas", a "invitar al receptor", etc.

Los textos científicos se suelen fijar como primer objetivo exponer una información, mostrarla, enseñarla al lector. Es decir, el carácter de los textos científicos es eminentemente expositivo, dado que su objetivo es mostrar o enseñar al lector, información, datos, situaciones nuevas para éste. Ahora bien, en ocasiones, estos textos también intentan convencer al lector del punto de vista del autor en relación con el tema que presenta, lo que supone que también son argumentativos.

En definitiva, las funciones comunicativas eminentes de los textos científicos son Informar y convencer en este estricto orden.




Los textos académicos

Son textos que forman parte de la situación comunicativa directamente relacionada con la formación o educación. Informar y convencer, en este orden, constituyen también las dos características básicas de los textos académicos. En este sentido, los textos académicos se igualan con los científicos. Esta inicial igualdad se convierte, no obstante, en simple similitud cuando valoramos la situación comunicativa de los textos académicos, a lo cual dedicamos las líneas siguientes.

En cualquiera de los textos que se dan en una situación comunicativa académica (libros de texto básicos, artículos especializados, clases, apuntes, resúmenes, exámenes, libros de divulgación, etc., etc.) la información constituye el primer objetivo: presentar información fidedigna acerca de un tema determinado.

Ahora bien, estos textos, todos ellos académicos, divergen entre ellos respecto al efecto que quieren provocar sobre el lector: un libro de texto básico pretende que el lector entienda y aprenda información nueva; un artículo especializado, en muchas ocasiones, se fija como meta convencer al lector de lo acertado de su punto de vista en relación con el tema tratado; un examen no sólo consiste en presentar información, que se supone conocida por el lector (el profesor, en su faceta de evaluador), sino que se propone demostrar el alto nivel alcanzado, para aprobar; por último, en un libro o artículo de divulgación el objetivo fijado es interesar al lector.

Es importante tener en cuenta que las características de estilo y de estructura de un texto vienen determinadas por los objetivos para los que se componen: si bien es bueno que cualquier texto sea ameno, en algunos casos, como, por ejemplo, los artículos de divulgación, dicha característica es imprescindible para poder alcanzar la meta que lo caracteriza: interesar al lector. Siguiendo con esta idea, sin olvidar en la medida de lo posible la amenidad, la característica imprescindible de los artículos especializados radica en la exhaustividad y precisión de los datos presentados, rasgos que pueden ser contraproducentes en un texto de divulgación por la pesadez y la oscuridad que en ocasiones suponen dichos rasgos.


Perfil del lector

En la mayoría de los casos, el autor no conoce personalmente a los lectores. Ante ello, la necesidad de tener en cuenta el destinatario, lo que puede, y debe, hacer el escritor es imaginar cómo será el hipotético lector.

Imaginemos que vamos a componer el guion de un programa televisivo de entretenimiento: para ello, deberíamos plantearnos alguna hipótesis en relación con el público medio al que queremos apuntar, dado que el contenido de nuestro programa determinará los posibles televidentes.

De acuerdo con ello, por lo tanto, es necesario diseñar un retrato hipotético de los lectores potenciales del texto; este retrato debe plantearse cuestiones como cuáles son sus conocimientos en relación con el tema, qué franja de edad tienen, cuál es su ideología, sus intereses, su nivel cultural, su clase social, etc.

Si bien uno de los objetivos del escritor es "gustar" a sus lectores (de ahí la necesidad de valorar cómo es el posible lector), no podemos suponer que no tiene nada que decir. Debemos distinguir, no obstante, dos tipos de situaciones: aquellas en las que el escritor está "obligado" a gustar a los lectores, porque si no el editor de la publicación descarta la propuesta del autor, por ejemplo; y aquellas en las que el escritor elige el lector para el que escribe el texto (este sería el caso no sólo de los escritos personales, sino también de lectores "anónimos" de una publicación determinada). Una forma de seleccionar a los lectores es el uso de jergas, de lenguas especializadas, lenguajes en clave, etc.


Intereses del lector

Aparte de valorar qué información sobre el tema tiene el lector, es importante conocer (o imaginar) sus intereses, su “perfil psicológico”, lo que nos ayudará a escribir de forma que le demos motivos para acercarse al texto. Visto desde esta perspectiva, podemos pensar en la composición de un texto como un reclamo publicitario, en la medida en que el texto tiene que autovenderse, y, en consecuencia, la seducción constituye un calificativo importante para cualquier tipo de texto.

Cabe comentar que divertir no constituye el objetivo principal de la mayoría de los textos, pero es importante ser consciente de que constituye un objetivo secundario, que favorece la comunicación entre el autor y el receptor. Por otra parte, es necesario tener en cuenta que, en ningún caso, divertir puede convertirse en un objetivo que anule u oscurezca el objetivo de informar, argumentar, exponer, describir; en otros términos, la amenidad constituye una cualidad que, sólo para determinados textos, es el primer objetivo y, en los otros, es un rasgo aconsejable.

Por último, las estrategias (técnicas) que escojamos para conseguir “divertir” al lector o amenizar el texto deben estar acordes con el tipo de texto: no es lo mismo amenizar un texto de física con la finalidad de exponer la teoría del caos que amenizar un examen, un texto de opinión política o de opinión social.


La planificación de un texto

Como vimos en el apartado anterior, antes de comenzar a escribir un texto, cualquiera sea su tipo, debemos pensar que es lo que queremos transmitir, cual fue nuestro objetivo al ponernos a escribir. Si bien es cierto que hay textos que pueden tener más de un objetivo, debemos tener en claro cuál es el objetivo primario de lo que vamos a expresar.

Cada tipo de texto tiene una estructura que lo define y lo diferencia de otras tipologías textuales. Un texto argumentativo puede tener también una función descriptiva, si con la descripción quiere reforzar un argumento. En las manifestaciones literarias es común ver como se mezclan los distintos tipos de textos. Sería muy raro que en una novela por ejemplo existiera un solo tipo de texto, ya que lo que caracteriza a esta manifestación literaria es la mezcla, o la alternancia de pasajes narrativos, descriptivos, argumentativos, retóricos, etcétera.

Generalmente la estructura básica de gran cantidad de textos, es la que implica una presentación del tema a trabajar, el desarrollo de dicho tema y la conclusión a la que se llega.


Fernando Chelle


· Editorial: CreateSpace Plataforma Independent Publishing; 1 edición (24 de enero de 2014)
· ISBN-10: 1495244679
· ISBN-13: 978 a 1495244674

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