lunes, 31 de octubre de 2016

Cuando éramos felices


Retrato (pasaje, ficcionalizado, de un punto de nuestra biografía)

Por: Fernando Chelle

Carlos, querido Carlos, amigo tan cercano hoy tan lejos de aquí. Decidí escribirte estas líneas, porque tú compartiste conmigo los momentos de mi vida, cuando era feliz y aún no lo sabía. En aquel tiempo de docente itinerante, cuando escribí el poema de los liceos, nunca hubiera pensado que años más tarde estaría de regreso de esta guerra cruel, sucia, triste, profundamente triste como todas las guerras. Los caballos, los hermosos caballos que veíamos en Maroñas, un cruel destino los terminó cargando de hombres con fusiles, como aquellos de la maldición de Malinche, como aquellos que venían cubiertos de metal. Sí, Carlos, los años en que fuimos docentes, éramos tan felices y jóvenes, soñábamos con cambiar el mundo a través de la palabra, y ya vez, aquí estoy, curando las heridas recientes, en medio del silencio, del despojo, y de esta inercia en el vivir que ni siquiera es rabia. Tal vez trato al escribirte, de recuperar lo que fue, de darle vida. Me alivia transitoriamente este dolor que ha dejado el despojo, el saber que reíamos, que amanecíamos tomando vino, fumando, hablando de política y literatura. Llego a ensayar una leve sonrisa al recordar cuando tropezaste con la mesa de vinos en la exposición de Marito ¡Qué grande Marito!, y vos y Raúl y Silvia, en fin, aquel grupo tan unido del liceo 13. Nunca cobramos gran cosa, éramos conscientes de que el sueldo solo nos alcanzaba para lo indispensable. De lo que no éramos conscientes Carlos, querido Carlos, es que éramos felices.

# PUENTEMIAU
Narraciones breves del laboratorio literario debajo del puente
GATO MALTRECHO EDITORIAL




sábado, 29 de octubre de 2016

El camino hacia el sonido blando


(Ejercicio consistente en reparar en un sonido)

Por: Fernando Chelle

Después de todo, la tarde está fresca, pensó cuando escuchó “el cementerio” sitio elegido para la salida grupal. Las brisas del Pamplonita se hacían sentir ese miércoles de semifinales más que de costumbre, y eso devolvió a su espíritu algo de la tranquilidad trastocada en el momento que le informaron de las características de la actividad vespertina. Antes de emprender la caminata, sintió olor a café y volvió a pensar en las correspondencias de Baudelaire, lo había hecho cuando Miguel habló de los sonidos blandos, sin embargo al olor a café no lo asoció en el momento a algún aspecto característico de otro sentido, sino que imprimió en su espíritu otro tipo de mezcla, también extraña pero no por eso menos existente, lo llenó de melancolía y felicidad.
Había más tránsito de lo regular, tal vez por el partido, por lo demás, era un miércoles que se repetía en la esquina de la Avenida Quinta y la Calle 16, donde dobló para encaminarse a su destino. Mientras caminaba retrasado, sosteniendo con manos temblorosas el cáliz melancólico y feliz, fue dejando que algunos versos invadieran su mente. Los escribiría cuando llegara a su casa, aunque claro ya no serían los mismos, por más que Bécquer hubiera dicho “cuando siento no escribo”, él hubiera deseado escribirlos allí. Eran algo así como:

Allá arriba, al final del pueblo,
movidos por el viento,
se hamacan los altos pinos
de la postrera sombra.
Son los antiguos vivos
de esa cárcel de muertos,
de ese viejo campo
sembrado de cruces.
Allí terminarán, bajo una lápida gastada
mis cansados huesos,
no en un panteón
con su triste escultura de mármol,
en una tumba simple
como la de mi abuelo.
No sentiré la lluvia de ese día sombrío
ni escucharé los llantos
del mundo de los vivos
dormiré eternamente
solo será descanso
solo seré recuerdo.

Siempre le había llamado la atención como la gente de esta ciudad tomaba cerveza a horas intempestivas. Esto no era un cuestionamiento moral ni nada que se le parezca, simplemente le parecía raro que un martes a las once de la mañana o un miércoles a las tres de la tarde la gente en lugar de café eligiera “una pa la sed”. Pero bueno, era la tarde del partido, y la gente comenzaba a juntarse en las esquinas, en los bares y hasta en las tiendas para esperar el encuentro. Vio como  las camisetas amarillas miraban extrañadas al grupo de desconocidos, que al estilo de Nairo Quintana, trepaban la cuesta rumbo a su destino. Los perros ladraban a su paso, los chicos de audiovisuales cazaban las mejores imágenes mientras eran observados atentamente por un viejo gato parado en lo alto de un muro en medio de botellas partidas. Un cartel de una mujer voluptuosa con la camiseta de Colombia de pronto señaló hacia un montallantas. Leyó que decía “siga” y se confundió. Porque la muchacha del cartel seguramente quería que se detuviera, que pasara al montallantas, no que siguiera, en todo caso, pensó que seguramente lo que quería la muchacha de cartón era que él siguiera hacia adentro del montallantas, pero eso no estaba especificado, allí simplemente decía siga. De manera que optó por seguir, sobre todo porque en aquel momento no necesitaba los servicios de un montallantas.  Cuando pasó por la puerta del lugar, escuchó que una voz, la que supuso salía de la radio decía: “Estás escuchando Olímpica Stereo, la que te pone de todo”. Esto le recordó la tarea de los sonidos, le comenzó a preocupar el hecho de que había caminado una gran cantidad de cuadras sin verse sorprendido por sonidos, ni blandos, ni oscuros, ni dulces, se había olvidado de los sonidos que indudablemente le hablaban y a veces le gritaban desde todas las cosas.  Un cartel ofrecía los servicios de un mariachi junto a un terreno baldío, donde unas enormes flores blancas silvestres le ganaban el pulso a la civilización. Recordó un poema de León Felipe y su propio  poema sobre las piedras,  al ver una, que junto a otras tres sostenían una lámina de eternit. Pobre piedra se dijo y no pudo dejar de pensar en León Felipe, lo releería al llegar a su casa. El universo se lo había indicado con esa imagen, era algo indudable.
En los ángeles que se hallaban  a la entrada del cementerio con sus trompetas  tampoco encontró el sonido. No le sorprendió en lo más mínimo, sabía que ningún tipo de manifestación, relación o respuesta se puede esperar de un objeto. Pensó en el hecho de que hay gente que si lo espera… y en lugar de ponerse a reflexionar en eso, decidió que sería más productivo ir tras los sonidos blandos aludidos por Miguel. Se decía a sí mismo que si Miguel lo había dicho era porque seguramente esos sonidos existían. Lo encontró. Bajando por la entrada principal del cementerio, en medio de sepulturas, flores plásticas y cruces de hierro se oía el sonido blando. Siguió bajando hasta donde el camino se bifurca y allí estaba, tras una lápida con caracteres hebreos, un chorro de agua caía y llenaba un pote. En el momento en que lo vio, el pote estaba a medio llenar, de manera que el agua que salía de la llave caía sobre la que reposaba en el pote, caía blandamente y sonaba también fresca y blandamente. Sonrió y salió feliz hasta la puerta en busca de un café, había encontrado lo que había ido a buscar, había hallado el sonido blando. 

# PUENTEMIAU
Narraciones breves del laboratorio literario debajo del puente
GATO MALTRECHO EDITORIAL

jueves, 27 de octubre de 2016

Partido Comunista Colombiano: entrevista a Fernando Chelle

La entrevista que se reproduce a continuación ha sido realizada por el periodista Nelson Lombana Silva, para www.pacocol.org (página web oficial del Partido Comunista Colombiano), el jueves 29 de septiembre de 2016.

Aclaración: Al leer el texto, vi que algunas frases aparecen cortadas y que algunos términos y nombres no son los correctos. Pero soy consciente de que se trata de la transcripción de un audio y eso siempre implica algunas dificultades, de manera que, haciendo esta salvedad, presento el texto como aparece en la entrevista original (Fernando Chelle). 



Vibran la literatura y el arte en Ibagué en flor con la paz encarnada en la conciencia del pueblo



Por: Nelson Lombana Silva

Bajo la espectacular florescencia de los Ocobos, Cámbulos y Gualandayes, se realiza del 26 de septiembre al primero de octubre, el XI encuentro nacional de poesía y narrativa: “Ibagué en flor”. Un espectáculo maravilloso acompasado con la esperanza de paz en Colombia, a partir de la firma del acuerdo entre las Farc – Ep y el gobierno nacional.

Por estos días, la ciudad musical de Colombia con sus 600 mil habitantes, respira por todos sus poros literatura, poesía, arte y paz. Es un río corrientoso a lo largo y ancho de la ciudad durante las 24 horas. La palabra se toma la ciudad y la humanización brilla inmaculada bajo este firmamento espléndido acompañado por el calor con altísima temperatura.


Este evento cultural alcanza reconocimiento nacional ampliamente y se proyecta con fuerza en el ámbito internacional. Prueba de ello, es la presencia de escritores, poetas y cultores de otras latitudes del continente presentes en Ibagué por estos días.


Ayer hicieron presencia – por ejemplo – varios de ellos, en la institución educativa Juan Lozano y Lozano, colegio ubicado en el barrio Jordán II etapa: Alirio Quimbayo, de Girardot (Cundinamarca); Fernando Chelle, de la república de Uruguay; Juan Carlos Acevedo, Manizales (Caldas).


Un grupo importante de estudiantes de la jornada de la tarde asistió y atentamente escuchó las intervenciones. Al grupo se sumó el rector Germán Eliécer Chaves Chaves.


Pudimos hablar brevemente con el escritor uruguayo Fernando Chelle, quien destaca el valor de la literatura en el proceso de humanización, lo mismo el tránsito que vive Colombia de la guerra a la paz. Igualmente, entregamos volantes invitando a votar el plebiscito diciendo Sí.


La breve entrevista concedida a la página web: www.pacocol.org es la siguiente:  


-         Que significa para usted participar del XI encuentro nacional de poesía y narrativa “Ibagué en flor?


Para mí es un orgullo estar aquí, porque yo realmente me siento muy cómodo en Colombia. He tenido la oportunidad de estar en varios festivales y de este que ya me habían hablado.


Estoy muy a gusto con la ciudad, con lo que me ha ofrecido la naturaleza con esos Ocobos tan lindos, con la hospitalidad del ibaguereño, me han tratado tan bien, de la comida que es tan rica. Hasta ahora el balance es positivo por donde se le mire.


-         ¿Cuál es el valor de la literatura?


El valor de la literatura es indispensable. Cada vez se está construyendo más, en contra de lo que por ahí se dice. Sí hay otros medios de comunicación que por ahí atrapa más a los adolescentes, que se impone más a la sociedad, pero, paradójicamente, en lugar de leerse cada vez menos, se lee cada vez más y se escribe también cada vez más.


Ahora, lo que se tiene que ver es el valor de lo que se lee y lo que se escribe. Pero, para mí por ejemplo, ahora que estamos en un colegio (Juan Lozano y Lozano), para mí es importante de que los alumnos comiencen a leer, independientemente de lo que piensen. Ya llegará el momento de ellos vayan perfeccionando su lectura, que se vayan dando cuenta de qué libro por ahí tiene valor literario. Pero, solamente el hecho de que ellos tengan la práctica de la lectura eso ya es positivo.


-         Según su criterio, ¿Hay reglas claras para aprender a escribir?


Sí, sí, se aprende. Hay reglas gramaticales básicas. Yo no puedo decir la mesa marrón, tengo que colocar primero el artículo, el sustantivo después y el adjetivo marrón. Ese orden gramatical se debe respetar.


Y ese orden también se ve en lo sintáctico. Una redacción tiene que tener un orden, tiene que tener una coherencia, tener una cohesión y la literatura también.


Si uno va a escribir un cuento y va a hablar de que fue a mirar un partido de fútbol con su hijo, tiene que pasar algo en ese trayecto porque si no, no tendría una anécdota enriquecedora para contar. Eso es que se trata la literatura.


Entonces, la literatura se trata de tener un buen manejo del lenguaje, buen manejo de la dramática y de tener buena imaginación de contar historias que valgan la pena, porque si uno tiene un buen manejo del lenguaje, pero cuenta historias que no pasa nada, que son aburridas, los lectores lo desecharían.


-         ¿Sigue vigente el boom literario en América Latina?


A la altura del boom literario de Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Juan Carlos Cortázar, esa gente no. Yo creo que se está escribiendo cada vez más, como te decía, buena poesía, buena novela, pero no autores de la talla de ellos. Incluso, los que están vivos como el caso del Nobel, Mario Vargas Llosa. Sus últimas obras no están a la altura de las que lo caracterizaron en la época del boom. Básicamente eso.


-         Llega a Colombia en un momento histórico, momento de paz y reconciliación. ¿Cree usted que la literatura y el arte pueden ayudar a este nuevo proceso en este país?


Yo creo que ayuda y que tiene que ayudar en el futuro, sobre todo para la gente que cree que la paz es necesaria para vivir, que fundamenta el relacionamiento con las otras personas en la tolerancia, el respeto a la diferencia, la convivencia armónica con los hermanos.


Aquellos que aman la vida o aquellos que se lucran con la guerra no están de acuerdo, a ellos no les interesa las artes porque les interesa otras cosas. Pero, yo creo que si queremos crear, generar una sociedad más sana, tiene que ser una sociedad en paz.


-         ¿Cómo humanizar a la humanidad cosificada por el neoliberalismo?


Creo que pasa por la conciencia. El modelo se ha instalado en todo: En el mercado, en la educación, en hacerle ver a la gente que si no tiene determinadas cosas, si no consume determinadas cosas, no es feliz; si no compra el último teléfono que salió no es feliz.


Yo creo que pasa por la educación de hacerle ver a las personas, sobre todo a los jóvenes y a los niños, que son los dueños del futuro, hacerles ver que la cosa es importante de la vida no pasa por ahí, pasa por otro lado, darle valor a esas cosas y cimentar nuestras vidas en valorar esas cosas en vez de empobrecerlas.


-         ¿Cómo está la literatura y el arte en Uruguay, su país?


Bien, bien, bien. Uruguay es un país culturalmente muy importante, no porque yo sea uruguayo, pero es así. Siempre se le dio mucha importancia a las humanidades, escribe mucho.


Quizá, no existe los espacios, ni los incentivos que tendrían que existir, pero por parte de los creadores está creando y se está creando buenas cosas.


-         ¿Sabía usted que en Colombia se admira mucho al ex presidente Mujica?


Sí, sí, sí. Yo creo que en Latinoamérica, en general, ¿No? Bueno, algunos lo admirarán y otros no, eso es como todo.



Gráfica: Pie de foto.- Fernando Chelle, escritor uruguayo, vista parcial del conversatorio en el colegio Juan Lozano y Lozano.

sábado, 22 de octubre de 2016

isliada

A continuación, les dejo el enlace a “isliada” Literatura cubana contemporánea, donde encontrarán una selección poética de ocho textos.



Fernando Chelle


miércoles, 19 de octubre de 2016

PALABRA ESCRITA RADIO 4

A continuación, les dejo el enlace al cuarto programa de “Diáspora” (jueves 13 de octubre de 2016). Tema central: “Muebles: El Canario”, de Felisberto Hernández.


Fernando Chelle

jueves, 13 de octubre de 2016

“La metamorfosis”, de Franz Kafka

A continuación, les dejo el enlace a la lectura que realiza el profesor granadino, Franz Serrano Rodríguez, de un artículo sobre “La metamorfosis”, de Franz Kafka. El artículo fue publicado originalmente en la revista digital Vadenuevo www.vadenuevo.com.uy. Agosto de 2015.



Fernando Chelle

Correspondencias”, de Charles Baudelaire

A continuación, les dejo el enlace a la lectura que realiza el profesor granadino, Franz Serrano Rodríguez, del poema “Correspondencias”, de Charles Baudelaire. El artículo fue publicado originalmente en el periódico El Libertador N° 19 (Universidad Simón Bolívar, diciembre de 2012).


Fernando Chelle

miércoles, 12 de octubre de 2016

PALABRA ESCRITA RADIO 3

A continuación, les dejo el enlace al tercer programa de “Diáspora” (jueves 6 de octubre de 2016). Tema central: “El Aleph”, de Jorge Luis Borges.


Fernando Chelle

lunes, 10 de octubre de 2016

PALABRA ESCRITA RADIO 2

A continuación, les dejo el enlace al segundo programa de “Diáspora” (jueves 29 de septiembre de 2016). Tema central: “El almohadón de plumas”, de Horacio Quiroga.


Fernando Chelle



miércoles, 5 de octubre de 2016

UN HOMBRE MUERTO A PUNTAPIÉS, CUENTO DE PABLO PALACIO




Cuando la intolerancia hacia lo diferente se vuelve violencia

A partir de la lectura de una noticia en la crónica roja del Diario de la Tarde, un ciudadano, que dice interesarse por la justicia, emprenderá una investigación que lo llevará a obtener algunas respuestas. Desde la primera lectura en la prensa, hasta la reconstrucción final de los hechos basada en las especulaciones del ciudadano investigador, el relato irá mostrando diversos temas, por ejemplo, la manipulación mediática, el deseo, la vergüenza y los miedos de una sociedad intolerante y violenta con lo diferente.

Por Fernando Chelle


Un hombre muerto a puntapiés, es un cuento del escritor ecuatoriano Pablo Palacio (Loja, Ecuador, 25 de enero de 1906 - Guayaquil, Ecuador, 7 de enero de 1947). Este relato, que da nombre al libro publicado en el año 1927 por la imprenta de la Universidad Central en la ciudad de Quito, además de ser el texto más emblemático de Palacio, es uno de los cuentos más representativos de la literatura ecuatoriana del siglo XX.
Un hombre muerto a puntapiés (el libro), está compuesto de nueve relatos, la mayoría de ellos giran en torno a aspectos relacionados con el mundo jurídico. Esta primera obra del joven Pablo Palacio, que la escribe con apenas 20 años, después de graduarse de abogado, está muy influenciada por su formación académica. Son textos con los que Palacio, mediante un buen manejo del material narrativo, pretende provocar, a veces con cinismo, a veces con humor negro, las costumbres pacatas y provincianas de la sociedad de su época, dejando al desnudo las miserias de la cotidianeidad.
El relato que analizaré en profundidad tiene como tema central la agresión, las conductas violentas y las problemáticas sociales que derivaban de la intolerancia a la aceptación de opciones sexuales diferentes, en el Quito que le tocó vivir a Pablo Palacio. El cuento transcurre en una época histórica, donde en Ecuador, la homosexualidad estaba calificada como un delito, de este detalle se desprenden algunos otros temas secundarios presentes en el relato, como, por ejemplo, la vergüenza, el ocultamiento y lo tendencioso de los medios de comunicación.
En líneas generales el argumento es el siguiente: el personaje-narrador lee en el periódico que un hombre ha muerto a puntapiés. No hay detalles del incidente, sin embargo, la noticia hace referencia a que la víctima era “vicioso”. El narrador se obsesiona en investigar los hechos que llevaron al homicidio, pero solo contará para su investigación, con el dato de que el hombre era “vicioso” y con dos fotografías que le facilita el Comisario. La investigación comienza por establecer cuál era el vicio que llevó a Octavio Ramírez (el hombre muerto a puntapiés) a ese trágico fin. Al final, el narrador-personaje, después de considerar el método investigativo que utilizaría, especula y se deja llevar por la imaginación, concluyendo que Octavio Ramírez era homosexual y que el padre de un joven quiteño, lo había matado de esa manera, porque Ramírez había acosado a su hijo de 14 años.
Internamente, podríamos dividir el relato en ocho pequeños momentos, donde cada uno de ellos tiene un centro de interés específico del cual se ocupa.
1) Información de la crónica roja del Diario de la Tarde. 2) Decisión de investigar. 3)  Metodología a utilizar en la investigación. 4) El vicio. 5) Las fotografías. 6) El estudio investigativo. 7) Conclusiones a las que llega el personaje-narrador. 8) La reconstrucción de los hechos sucedidos.
El cuento comienza con la reproducción de una noticia periodística. El narrador-personaje nos muestra a los lectores la noticia tal cual él la leyó en la crónica roja del Diario de la Tarde, para que seamos testigos, del material sobre el cual investigará más adelante en el relato. Esto hace que este primer momento de la estructura interna, sea el único que esté narrado en tercera persona, porque la voz, es la reproducción de la del periódico, por ejemplo "Procuraremos tener a nuestros lectores al corriente de cuanto se sepa a propósito de este misterioso hecho”.
Los hechos contados en la noticia son anteriores al desarrollo de la acción del relato, ya que el narrador-personaje lee la noticia el día después. La crónica roja comienza con la palabra “anoche” y en el segundo párrafo, se dice “esta mañana”. El informe en concreto hace referencia a las declaraciones de Ramírez, quien dijo haber sido víctima de una golpiza por parte de unos individuos, después de haberles pedido un cigarrillo. El incidente tuvo lugar entre las calles Escobedo y García y luego se condujo al herido a la policía. En el segundo párrafo de este primer momento, donde ya se habla de un Ramírez difunto, se encuentra el enunciado más importante del relato, ya que de la lectura del mismo es que el personaje narrador comenzará la investigación: “Lo único que pudo saberse, por un dato accidental, es que el difunto era vicioso”.
El interés del narrador-personaje en esclarecer los hechos, se ve en el seguimiento que hace de la prensa en busca de información de la noticia. No decide comenzar la investigación inmediatamente, sino cuando ya han pasado diez días de los acontecimientos. A partir de este segundo momento, el tiempo de la acción del relato va a coincidir con el de la narración. Se pasa a utilizar definitivamente la primera persona del singular, quien toma la voz narrativa es el personaje-narrador, un narrador homodiegético (cuenta la historia desde dentro), y también autodiegético (es un personaje). Se propone averiguar, desde su casa, las razones que movieron a unos individuos a atacar a otro a puntapiés. El hecho de que ría a satisfacción y que le parezca graciosa la muerte de una persona en esas circunstancias, es muestra, que este personaje-narrador, presenta una complejidad psicológica bastante particular. Dice haber querido realizar un estudio experimental del hecho y luego haber descartado esa posibilidad, por parecerle más interesante estudiar las razones que llevaron a unos individuos a actuar de la manera que lo hicieron. Una vez resuelto ese punto, al mejor estilo Arthur Conan Doyle, encenderá su pipa, la que será un leitmotiv en la narración, y comenzará a investigar. Así pasamos al tercer momento de la estructura interna del relato, que se centrará en la metodología a utilizar en la investigación. El personaje-narrador se inclina por el método inductivo, que parte de lo menos conocido a lo más conocido, porque en realidad conoce poco del hecho a investigar, como para comenzar a deducir.
Decidido a investigar, incluso con la metodología elegida, el personaje-narrador se queda por un momento paralizado sin saber qué hacer. En la relectura del Diario de la Tarde, del día 13 de enero, reparará en el dato fundamental: “Lo único que pudo saberse, por un dato accidental, es que el difunto era vicioso”. La interpretación de este dato, que al final de este cuarto momento el personaje investigador ya parece haber resuelto de forma intuitiva, es la que desencadenará las acciones siguientes de la narración.
El quinto momento de la estructura interna está centrado en la búsqueda de la verdad y es aquí donde aparecen las dos fotografías, que serán, junto al dato de que Ramírez era vicioso, los únicos elementos con que contará el personaje-narrador para llevar adelante la investigación. Hay un cambio de escenario, la acción transcurre en la Comisaría 6ª, pero el comisario, aparte de facilitar las fotos, no ayuda demasiado con la investigación, porque no da respuestas concretas sobre las características del difunto.
En el sexto momento asistimos a un nuevo cambio de escenario, la acción regresa a la casa del personaje-narrador. Allí, este se encerrará en el estudio, volverá a encender la pipa y se centrará en el análisis de las fotografías. A partir del repaso reiterado de las dos imágenes, realiza un dibujo del difunto Ramírez que tiene características femeninas, y es a partir de ahí, que confirma cual era el vicio de Ramírez. Esto lo lleva a ensañarse con el difunto, lo que vuelve a mostrar la complejidad psicológica de este personaje. Este momento se cierra con las palabras del protagonista, repitiendo la interrogante central de la investigación: Yo trataba... trataba de saber por qué lo mataron; sí, por qué lo mataron...”.
Inmediatamente después de que el personaje-narrador se repita esa interrogante, el relato da un viraje un tanto radical y asistimos a las conclusiones a las que llega, que serán, el centro de interés del séptimo momento. Está convencido de que Ramírez mintió, porque es ilógico que a alguien lo agredan de esa forma por el simple hecho de pedir un cigarrillo. Ramírez seguramente había mentido porque no podía decir la verdad y esto seguramente estaba relacionado con su vicio. A partir de esa certeza, el personaje-narrador se irá planteando y desechando diferentes suposiciones. Luego, a partir de algunos elementos verdaderos y otros posibles, va a reconstruir la personalidad de Ramírez.
En el octavo y último momento de la estructura interna, que se centra en la reconstrucción de los hechos sucedidos, se retoma nuevamente el tono periodístico del comienzo de la narración, con la diferencia de que los datos que se manejan en este momento son supuestos. El personaje-narrador hace referencia al lugar donde vivía Ramírez, luego nos lo muestra deseoso, necesitado, alterado por sus pasiones, hasta que llega al lugar donde sucederá el ataque. Ramírez, víctima de esa necesidad, después de coquetear con algunos hombres con los que se cruza fortuitamente, busca satisfacer sus deseos con un joven de 14 años. Este, al sentirse tomado por Ramírez, grita buscando la ayuda de su padre, y es cuando vuelve a aparecer un obrero de grandes dimensiones, que el narrador-personaje se había tomado el trabajo de describir, haciendo notar, los tacos anchos de sus zapatos. Después de interrogar con un insulto a Ramírez, el obrero le propina los tres puntapiés que terminarán resultando fatales. La psicología compleja del personaje-narrador, que cuando leyó la noticia le pareció graciosa, que se ensañó con Ramírez cuando descubrió cuál era su vicio, se pone en este último momento del lado del agresor y disfruta del cruel ataque, que a la postre, lleva a la muerte de Octavio Ramírez.

A modo de conclusión
En sucesivos pasajes del relato hice referencia a la complejidad psicológica del personaje-narrador, complejidad que podríamos vincular con la de una personalidad enfermiza. El resultado al que llega este personaje, que dice interesarse por la justicia, es uno de los tantos posibles, ya que su investigación estuvo basada fundamentalmente en conjeturas, especulaciones y suposiciones. La noticia en sí, reproducida en el primer momento de la estructura interna, no es clara, deja lugar a la especulación, y de eso se sirvió el personaje-narrador, poniendo como motor de su investigación debelar el “vicio” de Ramírez.
La genialidad de Pablo Palacio en este relato, además de crear ese personaje-narrador tan complejo y particular, radica en que supo transmitirnos los deseos, las pasiones y los tormentos de Ramírez, el temor del muchacho de 14 años y la rabia de su padre, el obrero quiteño.
Para terminar, y como conclusión, creo que la lectura, hoy, de “Un hombre muerto a puntapiés”, un relato que está próximo a cumplir 90 años, nos debería llevar al menos a la siguiente pregunta:
¿hemos avanzado como humanidad en la integración social de personas con opciones sexuales diferentes?
Evidentemente que desde la fecha de publicación del relato al día de hoy se ha avanzado mucho, pero aún falta, para que personas como Ramírez no vivan la tragedia de ser condenados por aquellos que, por sus prejuicios, temen, marginan o rechazan, todo lo que resulta diferente a lo socialmente aceptado como válido.


Artículo publicado en la revista digital Vadenuevo www.vadenuevo.com.uy. Octubre de 2016. Disponible: aquí  





martes, 4 de octubre de 2016

PALABRA ESCRITA RADIO 1

A continuación, les dejo el enlace al primer programa de “Diáspora” (jueves 22 de septiembre de 2016).


Fernando Chelle